Arnoldo Cuellar

Cambalache: políticos en un mismo lodo

In Botepronto, Zona Franca on abril 22, 2016 at 3:33 am

En la política que padecemos, como dice el genial tango de Santos Discépolo: “Hoy resulta que es lo mismo/ser derecho que traidor/Ignorante sabio o chorro/generoso o estafador”.

Quizá el síntoma más grave de la enfermedad que aqueja a nuestra clase política, trátese de empedernidos dinosaurios que han saltado de cargo en cargo o de recién llegados a las mieles del poder, es la ceguera para entender que están parados sobre una bomba de tiempo: la cada vez mayor incredulidad y desconfianza de los ciudadanos de a pie en sus capacidades y en sus intenciones.

La alternancia democrática en los Poderes Ejecutivo y Legislativo, a nivel federal y en varias entidades del país entre ellas Guanajuato, en la década de los noventa y a fines de la misma, se logró en buena medida por lo que podemos llamar, parafraseando a Ernest Bloch, el Principio Esperanza.

El cansancio producido por el cinismo del gobierno priista y su sistema de partido único, detonó en un favorecimiento al PAN y a la naciente izquierda unificada, dependiendo de idiosincrasias regionales, sobre todo a causa de la esperanza utópica de que un cambio de siglas trajese consigo una purga de las malas y pésimas prácticas de gobierno.

La inclinación a la oposición no se produjo por una militancia en los principios ideológicos de cada partido, no obstante estar contenidos en textos impecables, sobre todo a causa de que no somos un país de lectores en ningún sentido.

La oposición fue favorecida por hartazgo con el PRI, por sentimiento de aventura y por empatía emocional. Sobre todo, por esperanza de cambio, como si cruzar un círculo en una boleta fuese un acto de taumaturgia con el que se solucionaría todo aquello que no gustaba de la política mexicana, sobre todo a la clase media más informada.

Ese es el principio que ha sido traicionado por las nuevas ramas de la clase política a la izquierda y a la derecha del PRI, que hoy compiten en una acelerada carrera por exhibir las mañas aprendidas de quienes hoy se revelan como sus mentores: los priistas cínicos y corruptos que les heredaron el poder y una cultura para ejercerlo de forma antidemocrática y atrabiliaria.

Hoy que vemos a los diputados de Guanajuato edificando una ostentosa nueva sede, que por cierto recuerda una pirámide, edificada a lo largo de 4 legislaturas a un costo que casi cuadruplica el presupuesto original, pero que además sabemos que no obstante ser de los mejor pagados del país todavía se aumentan el sueldo pretextando una homologación salarial general, uno entiende que definitivamente no saben lo mucho que son cuestionados desde la sociedad.

O cuando vemos a los integrantes ciudadanos del Ayuntamiento de León, recién llegados a cargos de representación, que no tienen empacho en justificar la contratación de familiares por la administración municipal, “porque ya eran proveedores” o porque “a eso se dedican”, definitivamente perdemos la fe en que las malas prácticas puedan cambiar en las instituciones con la llegada de representantes conspicuos de la sociedad.

Como en los tiempos de Porfirio Díaz, otro que no se dio cuenta de dónde estaba parado, los nuevos y los viejos representantes de la clase política mexicana y guanajuatense, sean panistas, perredistas o priistas, no quieren que les den, sino que “los pongan donde hay”.

Como en esos mismos tiempos, el consejo a quien quiere hacer un capital en el sector público, es el mismo: “haga obra, compadre, haga obra”.

En asunto de partidos y de política en estos días la reflexión más vigente parece ser la de Enrique Santos Discépolo en el tango Cambalache:

Que el mundo fue y será una porquería

ya lo se

En el quinientos seis

y en el dos mil también

 

Que siempre ha habido chorros

maquiavelos y estafaos

contentos y amargaos

valores y duble

 

Pero que el siglo veinte

es un despliegue

de maldad insolente

ya no hay quien lo niegue

 

Vivimos revolcaos

en un merengue

y en un mismo lodo

todos manoseados

 

Hoy resulta que es lo mismo

ser derecho que traidor

Ignorante sabio o chorro

generoso o estafador

 

Todo es igual

nada es mejor

lo mismo un burro

que un gran profesor

 

No hay aplazaos

ni escalafón

los inmorales

nos han igualao

 

Si uno vive en la impostura

y otro roba en su ambición

da lo mismo que sea cura

colchonero rey de bastos

caradura o polizón

 

Qué falta de respeto

Qué atropello a la razón

cualquiera es un señor

cualquiera es un ladrón

 

Mezclao con Stavisky va Don Bosco

y “La Mignon”

Don Chicho y Napoleón

Carnera y San Martín

 

Igual que en la vidriera

irrespetuosa

de los cambalaches

se ha mezclao la vida

 

Y herida por un sable

sin remaches

ves llorar la Biblia

junto a un calefón

 

Siglo veinte cambalache

problemático y febril

el que no llora no mama

y el que no afana es un gil

 

Dale nomás

dale que va

que allá en el horno

nos vamos a encontrar

 

No pienses mas

sentate a un lao

que a nadie importa

si naciste honrao

 

Es lo mismo el que labura

noche y día como un buey

que el que vive de los otros

que el que mata que el que cura

o está fuera de la ley

 

Vivimos revolcaos

en un merengue

y en un mismo lodo

todos manoseados.

 

 ¿Alguien quiere un texto más vigente? Por lo pronto disfrútelo aquí, cantado por Adriana Varela y no lo tome a mal. Es viernes y todo se vale.

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