Arnoldo Cuellar

Torres Origel o la convicción

In Botepronto, Zona Franca on abril 25, 2016 at 3:05 am

El legislador fallecido este domingo era enemigo de la comodidad, daba batallas y prefería equivocarse que refugiarse en la inacción, hará falta.

Ricardo nunca pasaba desapercibido en los cargos que ocupaba, tampoco era monedita de oro, pero se coincidiera o se polemizara con él, se sabía siempre que había hombría de bien y transparencia en su interlocución.

Hizo una carrera política principalmente parlamentaria, lo que no excluyó experiencias a nivel municipal y estatal e incluso la que fue una de sus mayores aventuras, a la postre fallida: la búsqueda de la candidatura a gobernador por el PAN en 2012.

Torres Origel era un político incómodo, sobre todo porque siempre manifestaba sus desacuerdos. Lo hacía con sus colaboradores, con sus correligionarios, con sus oponentes y con los periodistas también. No era inusual que llegara a reclamar cualquier comentario en alguna columna de opinión y lo hacía siempre de frente, con una adustez que no se resistía a la distensión de una broma para salir del apuro.

Sin embargo, tampoco era difícil construir acuerdos con él, si se coincidía en los términos o se allanaban los diferendos. Se lo reconocieron sus contrapartes en la Cámara local y en las federales, así como sus adversarios en el PAN.

Sin un grupo definido en ese partido, no obstante que siempre se le identificó genéricamente con las corrientes conservadoras en Guanajuato, logró avanzar con tenacidad personal en la búsqueda de posiciones sin el apoyo del aparato. Así obtuvo su senaduría plurinominal en el 2006, así fue su actual regreso al Congreso local.

Recuerdo una de sus batallas más recientes, cuando desde la administración municipal encabezada por Bárbara Botello le obstaculizaron al máximo las autorizaciones para construir un edificio con fines educativo, otra de sus pasiones, en la colonia Andrade.

En esos días lo invité a Zona Franca para hacerle una entrevista sobre su confrontación con el municipio gobernado por la coalición PRI – PVEM, pensando para mis adentros que se daría una buena polémica.

Me equivoqué de palmo a palmo, Torres Origel aceptó ir a la Revista de la una, programa de televisión por Internet, pero para tocar otros temas. Me dijo que el litigio con el municipio prefería mantenerlo en el aspecto legal, porque estaba seguro de ser objeto de una arbitrariedad que iba a revertir con argumentos jurídicos.

La semana pasada desayuné con él, después de mucho tiempo. Lo encontré con una nueva vitalidad, apasionado de los temas que venían en el Congreso, sobre todo en la Comisión de Gobernación.

Me habló particularmente de la inquietud social por los presuntos criminales que abandonan las cárceles por falta de denuncia no obstante ser detenidos en flagrancia. Celebró que los titulares del Ejecutivo y el Judicial ya se hubiesen pronunciado con preocupación sobre el tema.

Le intrigaba particularmente el papel de Acción Nacional como fuerza mayoritaria en el Congreso, subrayó que eso no debería convertirlos en los amanuenses del gobernador, sino que debían ir más allá.

Fue reveladora una de sus frases, hablando de sus compañeros diputados: “entiendo que estén preocupados por la continuación de sus carreras políticas, pero yo ya no lo estoy, este es mi último cargo público”, manifestó, sin que ambos supiéramos que el destino se lo iba a cumplir de forma sumaria y prematura pocos días después.

Ricardo Torres Origel acometía sus encomiendas con vehemencia, lo que lo hacía incurrir en errores garrafales o tener sonados aciertos. Lo imposible era pedirle que se pegara a la pared, que nadara de muertito, que dejara pasar las cosas, como lo mostró renunciando a la representación en México del actual gobierno estatal, cuando vio que solo lo tenían ahí de adorno.

Habrá otros que puedan hacer la valoración pormenorizada de sus aportes a la vida pública de Guanajuato y el país, o quienes incluso solo quieran recordar sus malos momentos.

Yo lo que quiero recuperar es la importancia de la decisión de ser y la voluntad de hacer en la política, incluso a riesgo de equivocarse. De eso tenemos hoy un enorme déficit.

Creo que Ricardo Torres Origel descansa en paz: vivió como se lo había propuesto y murió haciendo algo que amaba, ¿qué más se puede pedir?

  1. “fragancia” ?????

  2. Ahora resulta que Torres Origel era un pan de Dios…esa escuela en la Andrade nadie de los colonos la quiere xq rompe la paz que debe tener cualquier zona RESIDENCIAL. Pan ha abusado de su poder autorizando y autorizándose permisos de negocios en zonas residenciales… Destrozando la tranquilidad de las colonias.

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