Arnoldo Cuellar

Márquez en la recta final

In Botepronto, Zona Franca on noviembre 22, 2016 at 3:44 am

A las dificultades de cerrrar una administración se le agregan complicaciones del entorno y de la política local; si a ello sumamos que el gobierno estatal va a esa cita con lastres y limitaciones, no parece el mejor escenario.

Las cosas se están complicando en el fin de sexenio de Miguel Márquez, más allá de los curvas naturales de despegue y aterrizaje de los gobiernos en nuestro país. Las dificultades tienen factores externos, pero también se originan en la dinámica impuesta por el propio mandatario a su administración.

El gobernador Márquez ha elegido administrar el gobierno con unos cuantos de sus secretarios y con un staff que se mueve en su entorno. Más de la mitad del gabinete va por la libre, a su leal saber y entender. Algunos hacen su chamba, otros están pegados a la pared.

Los resultados de la administración están centrados en unas cuantas áreas. La más lucidora, atracción de inversiones, funciona bajo la poderosa inercia de los años pasados, pero su titular ni siquiera le da audiencia a sus subsecretarios. Seguridad y Procuraduría de Justicia hacen agua pero sin posibilidad de que se hagan los menores cambios. Agricultura y Desarrollo Social están destinadas a hacer trabajo electoral, lo que sesga completamente sus objetivos.

Turismo funciona, pero no a los niveles que pretende su titular y vende su imagen. En Obra Pública persiste la corrupción y la ineficacia: las obras cuestan el doble y nunca están a tiempo. Salud es una zona de desastre: entre medicinas caras, falta de políticas públicas, saturación del seguro popular y un titular distraído al que se hizo necesario apuntalar antes que sustituirlo, las cosas no están nada bien.

Finanzas es el capataz del gobierno, hace el trabajo al que nadie se anima de controlar a los funcionarios, pero bajo el esquema de la sequía de recursos y los malos modos. La Secretaría de Gobierno es un costoso adorno, pero los subsecretarios activan cada uno por su cuenta y bajo diferentes patrocinios.

Transparencia es la mejor garantía de que la corrupción se irá impune en este gobierno, pues su principal enfoque es hacer concursos escolares. La nueva Secretaría de Innovación no tendrá tiempo de cuajar en este gobierno.

La cauda de entidades paraestatales y descentralizadas es la más grande colección de becarios con dinero público, con sus distinguidas excepciones. Sin embargo, ahí es donde más inquietud se vive por los cambios y las precampañas, pues de eso depende que puedan seguir los titulares y sus equipos en las generosas nóminas oficiales.

Con ese equipo lastrado, obeso e infuncional, el gobernador Márquez, y con él Guanajuato entero, afrontarán el enorme reto del cambio en las circunstancias de la relación con los Estados Unidos.

Hasta ahora las cosas han ido en calma porque la inercia favorecía una sensación de normalidad y resultados positivos, salvo en el área de seguridad, donde la realidad del resto del país nos alcanzó desde el año pasado. Sin embargo, ese movimiento inercial se ve enfrentado a un cambio radical en el entorno, sobre todo el internacional.

Remesas y exportaciones, los principales rubros del boom guanajuatense son precisamente los campos de mayor riesgo si se ponen en práctica las ideas proteccionistas y xenofóbicas del nuevo gobierno estadounidense.

Más complicado se ve que las radicales medidas migratorias contra los mexicanos pudieran aplicarse en el corto plazo, pero gravar las remesas o las importaciones de productos manufacturados en el extranjero, puede ser una simple medida administrativa que un Congreso sin contrapesos podría respaldar.

Mucho habría qué hacer para que el cambio en las favorables condiciones vividas hasta ahora por nuestra economía pudiera ser contenido, para ello se requerirá sobre todo de un gobierno rápido para tomar decisiones y eficaz para llevarlas a la práctica, lo que hoy, lamentablemente, no se observa.

Si a ello se le agrega que el gobernador Márquez se ha embarcado de lleno en la peligrosa aventura de dirigir su propia sucesión conforme a sus intereses, los factores de riesgo aumentan exponencialmente.

Habrá quienes digan que todo esto es simple catastrofismo y ganas de ver el vaso medio vacío. Ojalá sea así, pero nada perdemos si nos preparamos para el peor de los escenarios.

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