Arnoldo Cuellar

El PAN y la cultura: divorcio a la italiana

In Botepronto, Zona Franca on junio 4, 2018 at 4:06 am

No solo en la seguridad, también en el terreno de la cultura el nuevo gobierno de Guanajuato va a necesitar un golpe de timón, tras el desprestigio en que han sumido esa actividad personajes como Juan Alcocer y Arturo Joel Padilla.

La cultura no ha sido el fuerte de los gobiernos panistas. Quizá el gobernador con un poco más de idea al respecto fue el universitario Juan Carlos Romero Hicks, pero aún así debió echar mano de un funcionario con orígenes en gobiernos priistas para resolver el tema: Jorge Labarthe.

El desastre, sin embargo, llegó de la mano Miguel Márquez Márquez quien solo atinó a ratificar al mismo funcionario que había designado Juan Manuel Oliva no por otra cosa que por méritos partidistas, además dudosos, pues Juan Alcocer Flores había sido el presidente de la Comisión de Elecciones de la campaña interna panista, por lo que beneficiarlo con un cargo público no dejaba de prestarse a suspicacia.

Sin embargo, nada como lo que acontece en este desastrado fin de sexenio, donde no solo el Instituto Estatal de la Cultura languidece por el escaso presupuesto, la alta burocracia y la nula imaginación, sino también por actitudes atrabiliarias como las que echaron por la borda el programa de orquestas juveniles que había sido una instrucción directa del propio Miguel Márquez.

Juan Alcocer y la directora del Centro de las Artes de Salamanca, Karina Juárez, idearon una conspiración para responsabilizar de la pérdida de instrumentos musicales y de otros materiales del acervo de este programa a varios de los maestros y a los propios responsables del programa, sin mayores elementos de prueba.

Los acusados fueron despedidos sin posibilidad de defensa alguna, sin la cobertura de sus prestaciones de ley y vejados públicamente. Además al director del programa de orquestas, el maestro Felipe Carvajal, y a una de las profesoras, Mónica Olivia Soto, se les fincaron acusaciones ante la autoridad penal.

A la vuelta de dos años y tras sufrir un verdadero acoso institucional soportado con recursos públicos, como si sobrara el dinero, los inculpados probaron ante un juez su inocencia y fueron exonerados de cualquier responsabilidad.

En el camino quedó gravemente comprometido el programa de orquestas juveniles, muy lejos de las metas que le trazó Miguel Márquez a Alcocer Flores. Ese programa se había pensado como una estrategia de reforzamiento del tejido social, término de moda entre los políticos que se llenan la boca al enunciarlo pero que no suele tocar fondo.

Y es justo ahora, cuando Guanajuato vive los peores niveles de amenaza a su convivencia, que ha quedado en claro que la responsabilidad del fracaso de ese proyecto se debe enteramente a decisiones equivocadas y probablemente dolosas del titular del IEC y de los incondicionales a su alrededor.

No es la única muestra de la quiebra de las políticas culturales en Guanajuato. Esta semana se pudo conocer un boletín de prensa donde el director general del Forum Cultural Guanajuato, Arturo Joel Padilla, ofrecía una disculpa pública al ex director del Teatro del Bicentenario, Alonso Escalante Mendiola, despedido un año antes en los peores términos y bajo un esquema de vejaciones pública, atendiendo a una recomendación de la Procuraduría Estatal de los Derechos Humanos.

Más allá de la injusticia cometida por Joel Padilla en un verdadero ataque de celos provenientes de su flagrante incompetencia, injusticia por cierto avalada de forma subrepticia por Miguel Márquez Márquez a través del intrigante secretario particular Ricardo Narváez, lo cierto es que el despido de Escalante a quien vio a perjudicar fue al público de León pues la baja de la calidad en la programación del teatro ha sido catastrófica.

Así una infraestructura multimillonaria construida por una confluencia de factores políticas y sociales muy difícil de repetir, fue saboteada por quien debería ser el responsable de volverla funcional de manera eficiente. En lugar de elevar el Forum y otros recintos como el Museo de Arte e Historia al nivel del Teatro del Bicentenario, este se vio atrapado en la mediocridad rampante en los otros espacios.

Ni las estatuas dedicadas al empresario Roberto Plascencia, ni la entrega de réplicas de la misma a Márquez, ocultan lo que es un secreto a voces: el fracaso y la ramplonería de la actividad cultural impulsada por el gobierno de Guanajuato, justo cuando más urge que la cultura pudiera convertirse en un bastión frente a la barbarie que nos amenaza.

Y aunque en el ambiente hay muchos barruntos de continuidad entre el gobierno desfalleciente de Miguel Márquez y el de su más probable sucesor, Diego S. Rodríguez, sería una verdadera afrenta social que alguno de estos personajes tuviera la más remota posibilidad de permanecer en su cargo o incluso en cualquier otro relacionado con el tema.

Personajes como Juan Alcocer Flores y Arturo Joel Padilla solos se han sentenciado a la muerte civil pues si de algo han dejado constancia es ya no de su incompetencia, sobradamente probada, sino de su absoluta lejanía con el espíritu de civilidad y mesura que debe esperarse del trabajo cultural.

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