- Espadas adelanta, como haiga sido
- Smith – Navarro, el otro reto del PAN
- Morena se envuelve en la bandera

1.- Libia en busca del tiempo perdido
Conforme avanzan las semanas, va quedando claro que el mecanismo de elección de defensores de la patria, la familia y la libertad se convirtió, de genuina alternativa para una apertura del PAN a la sociedad, a simplemente un mecanismo usado por la gobernadora Libia Dennise García para ganar tiempo, ante la complicación de tomar decisiones políticas y asumir sus costos.
Cuando se definió la nueva estrategia preelectoral por parte de Jorge Romero, dirigente nacional panista, se percibían serias intenciones de incorporar liderazgos sociales a las candidaturas panistas, aunque también se pretendía evitar que Morena monopolizara el debate con sus precampañas disfrazadas de elección de defensores de la transformación.
Sin embargo, al tropicalizar ese protocolo en Guanajuato, el consultor de campañas Fernando Macías cambió la intención. En plazas como León o Guanajuato capital, el tema ni siquiera es anticiparse a Morena, partido que luce dividido y sin aspirantes reconocidos. La designación de los “defensores” panistas se convirtió en una forma de justificar y disfrazar decisiones políticas unilaterales, como los dedazos a los que fue proclive el exgobernador Diego Sinhue Rodríguez.
Pero las cosas no están saliendo del todo bien en las plazas mencionadas. En León, los tres aspirantes se encuentran muy cercanos en las encuestas, sin diferencias abismales en conocimiento y preferencia, lo que sobre todo habla de que el habilidoso legislador Jorge Espadas hizo bien su tarea de adelantar tiempos y burlar la ley con sus espectaculares, su reparto de tinacos, su activismo callejero y sus alianzas con operadores políticos.
En pocos meses, Espadas igualó el conocimiento de nombre de un veterano como Luis Ernesto Ayala, hijo de exfundador del PAN, exalcalde dos veces -una como interino-, exdirigente municipal, excandidato a gobernador, funcionario estatal en al menos 3 gobiernos distintos. De igual manera, alcanzó a Alan Márquez, quien, a su visible trayectoria de cinco años en la vocería de Diego Sinhue, sumó programas televisivos semanales durante la pandemia y dejó excelentes relaciones con los medios.
La pregunta es si un outsider de la élite panista como Espadas, quien siempre ha sido un operador talachero, va a aceptar tranquilamente frenar su activismo y esperar las decisiones de los comités técnico y político (es decir, de la gobernadora), para sumar su trabajo a otro aspirante.
Parece difícil, las señales lo dicen: el coordinador parlamentario, juguetón y dicharachero, llevó casi el triple de firmas que se solicitaron en la convocatoria y además maniobró para sumar a una de las aspirantes a defensora a su causa. Espadas parece dispuesto a seguir avanzando en el terreno mientras se lo permitan y también cuando no. Recuerda mucho a aquel Juan Manuel Oliva que corrió sin rienda en la elección de 2006 para vencer a los candidatos del presidente Fox, Javier Usabiaga; y del gobernador Romero, precisamente Luis Ernesto Ayala.
El problema de Alan Márquez es que está esperando a que Libia lo unja con un dedazo al estilo Diego. Y no es que la gobernadora no quisiera hacer eso, es que probablemente no pueda si las cosas siguen avanzando sin cauce como hasta ahora. En cambio, el problema de Ayala es que vive en la nostalgia de pensar que una foto con empresarios jubilados le puede abonar a una causa que se extravió hace años.
Quienes podían haber frenado el activismo desaforado de Espadas, que inició en cuanto tomó posesión de su cargo de diputado hace dos años, nunca tuvieron idea de cómo hacerlo: Aldo Márquez y Jorge Jiménez Lona, ambos enredados con sus propios intereses en la cuestión leonesa.
Sin operadores, la gobernadora Libia se convirtió solo en un testigo de la carrera por León. La intervención para relevar a Aldo fue tardía y dejó a la nueva lideresa, Juana de la Cruz Martínez, sin margen de maniobra para un trabajo político que requería malicia y mano izquierda, pero, sobre todo, tiempo.
Jiménez Lona se entretuvo meses en un juego perverso de señales dobles: no quería ser candidato, pero si se lo pedían, podría acceder; no se movía, pero dejaba que sus seguidores lo promovieran. Ese “no, pero sí” le quitó la posibilidad de ser un factor de conducción del proceso político.
Para todos los efectos, al interior del PAN, hoy Espadas es el candidato a vencer y sería toda una sorpresa que no fuese el ganador de la pasarela por la defensa de ta ta ta. Sin embargo, también para todos los efectos, Jorge Espadas es el candidato con mayor hándicap para la elección constitucional, lo que ya muestran varias encuestas. Vaya paradoja.
2.- Navarro en la ruta de la rebelión
Otro municipio clave en el que hace agua la maniobra preelectoral panista es el de la capital del estado, donde Juan Carlos Romero Hicks corre casi en solitario para convertirse en defensor de ya saben qué, mientras que la verdadera batalla por la candidatura a la alcaldía le espera varios meses adelante.
El exalcalde Alejandro Navarro y la alcaldesa Samantha Smith anunciaron con toda intención, momentos después de que cerrara el registro para los aspirantes a defensores, que no participarán en el proceso, pero que consideraban a salvo sus derechos, por separado, para aspirar a la candidatura por la alcaldía de Guanajuato.
La maniobra exhibe la contradicción del proceso panista: a los aspirantes a defensores se les hizo firmar una carta en la que aceptan la no vinculación del proceso en el que se han inscrito, con la definición de candidaturas para el proceso electoral del año próximo.
Smith y Navarro sencillamente aplicaron lógica elemental: si ser defensor no implica ser candidato, ni siquiera precandidato, ¿entonces para qué tanto brinco? Ambos esperarán sentados a Romero Hicks, el muy probable ganador de la defensoría, para contender por la candidatura a la alcaldía, en los términos que definan los órganos de dirección del PAN.
Y la lógica sigue: si el matrimonio Smith-Navarro ya decidió desairar el método validado por la gobernadora Libia García para encubrir precampañas abiertas y construir candidaturas eludiendo la ley, entonces se puede pensar que están dispuestos a ir más allá, incluso al grado de romper con el PAN y buscar la candidatura por otros partidos, ofreciendo un aparato político que supera a cualquier otro en ese municipio.
En estos días, Romero Hicks ha tomado partido en un pleito legal que mantiene entretenidos a los capitalinos, respaldando al priista Francisco Arroyo en contra de Alejandro Navarro. Al respecto ha dicho: “no podemos permitir que nadie sea el dueño de esta ciudad”, refiriéndose al muy comentado cacicazgo sobre Guanajuato del que se acusa a Navarro desde hace años.
Llama la atención que el exgobernador se pronuncie con énfasis sobre este tema ahora que busca la candidatura a la alcaldía de ese municipio, cuando el predominio de la familia Navarro Smith sobre el PAN capitalino y sobre la política local está en su octavo año y se ha consolidado en buena medida por el silencio y el abandono de otros liderazgos de ese partido.
Sin embargo, también queda claro que, por su trayectoria y su arraigo en Guanajuato, el exgobernador es el único que puede enfrentar una candidatura de Alejandro Navarro por otro partido, siempre y cuando cuente con un respaldo incondicional de la gobernadora Libia García.
Por lo pronto, el reto del tándem Smith-Navarro se convierte en otro de los pasivos heredados a Juanita de la Cruz Martínez por varios de sus antecesores.
3.- Morena Guanajuato bajo la inercia
En los momentos en que el PAN se confronta internamente, trata de inventar nuevas formas de relacionarse con su electorado para superar su desgaste, sufre el trasvase de militantes y muestra el desgaste de la corrupción galopante del sexenio pasado; la segunda fuerza política elige desaprovechar la coyuntura.
No solo se trata de las fracturas que parecen ser parte de su ADN, sino que ahora, al sumarse a la agenda nacional de su partido, Morena Guanajuato sacrificará buena parte de su credibilidad en batallas que de poco sirven allá, pero mucho dañan acá.
Y puede entenderse que salir a defender a Andrés Manuel López Beltrán, Andy, es una obligación sacada del libro de reglas del movimiento, pero está claro que en el conservador Guanajuato ese es un factor que desalienta a votantes cuyo hartazgo con el PAN no encuentra cauces.
Para que fenómenos como la fractura del PAN en León y el fortalecimiento de Movimiento Ciudadano pudieran favorecer a Morena, este partido tendría que hacer la tarea. Encerrarse en la disciplina monástica de defender al clan lopezobradorista o justificar las confrontaciones con periodistas críticos y mezclarlos con la oposición más radical contra el régimen, no son las posiciones que podrán ganar votos en Guanajuato.
Tampoco aparece en el panorama la posibilidad de una catástrofe. La posición de segunda fuerza no se ve amenazada, pero el tema no es ese, sino el del estancamiento y la frustración.
Sin embargo, eludir la línea es difícil en cualquier partido y este domingo Morena se enfunda en la bandera nacional para realizar un mitin en Guanajuato capital cuya consigna es “defender la soberanía nacional”, cualquier cosa que eso signifique.
Es de dudarse que recuperen la visa de Andy, pero seguramente sí estarán en el tránsito de poner en riesgo parte de lo ganado en Guanajuato.
