
- ¿Qué está fallando en el acueducto?
- Acámbaro: gobernadora bajo resguardo
- Defensores: el descuido de Romero Hicks
1.- Dudas de Claudia, vacíos de Libia
Nadie puede dudar de la consistencia discursiva de Libia Dennise García. Sus mensajes a lo largo del año pasado han sido todos en el mismo sentido: el acueducto Solís-León va para adelante. Frente a protestas locales, frente a las primeras inquietudes federales, la gobernadora no ha cedido un milímetro.
Sin embargo, la realidad no se modifica con discursos y, mientras la gobernadora aparecía a ocho columnas en los periódicos de línea oficialista hablando de la obra hidráulica, los opositores hicieron cosas: cambiaron las directivas de al menos dos módulos de riego claves en el proyecto: Acámbaro y Salvatierra; obligaron al retiro de la maquinaria que empezaba un tímido avance junto a la cortina de la presa; tejieron alianzas con otras organizaciones de productores y mandaron la señal al gobierno federal de que se aprestaban a una larga lucha.
La parte política del acueducto no le tocaba al gobierno de Claudia Sheinbaum. La presidenta acogió con entusiasmo el proyecto que le presentó la entonces gobernadora electa como una obra emblemática, lo envolvió en su plan hídrico nacional y dispuso la financiación de la mitad del costo, más de 7 mil millones de pesos. Sin embargo, la negociación y los consensos le tocaban al gobierno local, quizá incluso la presidenta suponía que eso estaba ya atendido.
El crecimiento paulatino de la oposición, que se manifestó por primera vez en el otoño de 2025 con reuniones de campesinos, autoridades ejidales, ciudadanos acambarenses y herederos de quienes sufrieron la expropiación de los terrenos de la presa Solís en los años 40 del siglo pasado y nunca fueron debidamente indemnizados, quizá tomó por sorpresa a los funcionarios estatales, pero un año después ya no puede ser ese el pretexto.
La discusión se ha radicalizado en los medios de comunicación y las redes sociales, pero no se ha atendido en mesas que debieran ser exhaustivas con los diferentes sectores involucrados en la resistencia. Mientras el gobierno ha manejado campañas publicitarias en los medios que reproducen el discurso de que la oposición obedece a “desinformación”, incluso a “chismes”, los grupos organizados contra el acueducto se centran en el “no pasarán” y la demanda de cancelación del proyecto.
No ha existido hasta ahora la construcción de escenarios alternativos. Esa no es la obligación de los opositores, pero sí la del gobierno y hasta ahora no se han visto esfuerzos fructíferos en ese sentido.
La visión que fracasó en el caso del Zapotillo, la de que León merece agua y nadie tiene derecho a oponerse aunque para ello haya que abatir mantos, inundar pueblos o vaciar presas, volverá a fracasar si no se modifica y se empieza por respetar los derechos de otras comunidades.
Eso es lo que no se ha entendido aún y por ello no ha cambiado la mentalidad de los funcionarios estatales y tampoco la de la gobernadora Libia García. Resulta paradójico que una política que apela tanto a la sensibilidad, a los mensajes de cercanía, a empatizar con sus gobernados, al menos en las redes sociales, no logre cambiar la mentalidad para avanzar sobre el empantanamiento que amenaza con frenar otro proyecto de distribución de recursos hídricos para Guanajuato.
2.- Una celebración encapsulada
Finalmente, tras más de un año sin visitar Acámbaro, municipio cuna de la protesta social contra el acueducto Solís-León, la gobernadora Libia García llegó este sábado 19 de septiembre a participar en la celebración de los 500 años de fundación de la ciudad, ocurrida durante la etapa de la conquista española, la primera en el territorio que hoy es Guanajuato.
No fue una visita triunfal. La logística de los eventos se modificó para evitar la presencia de contingentes opositores, los tiempos se adelantaron y se recortó el programa. De todas formas, los activos críticos del proyecto lograron concentrarse con algunas decenas de manifestantes y sus videos interpelando los discursos oficiales, lanzando consignas y correteando a la comitiva oficial, lograron el objetivo de hacerse virales.
La pregunta es si no hubiera valido la pena un esfuerzo serio de negociación, que hubiera permitido a la gobernadora presidir con tranquilidad el festejo de alto simbolismo no solo para Acámbaro, sino también para Guanajuato.
Sobre la marcha, la propia Libia se acercó a quienes se manifestaban a las afueras de una plaza que fue cerrada con vallas y rodeada con personal de las fuerzas de seguridad del Estado, les ofreció la posibilidad de una reunión con una comisión al final de la Sesión Solemne de Cabildo, la cual no ocurrió por lo que aconteció a continuación.
Por instrucciones de la alcaldesa Claudia Silva, llegada al cargo por el PAN pero de origen perredista, la sesión de ayuntamiento se cerró a los ciudadanos y a los medios de comunicación. Parece un mal mensaje que los 500 años de la comunidad más antigua de Guanajuato se celebren por su cabildo encerrados a piedra y lodo y alejados de los habitantes de la ciudad.
Probablemente la decisión fue avalada por el equipo de logística de la mandataria estatal, para evitar nuevas fricciones y la interrupción de la ceremonia solemne, pero eso no hace más que sabotear la buena decisión de Libia de acudir al evento aun a riesgo de afrontar hostilidades.
Sometido a presión y sin mostrar grandes habilidades negociadoras, el coordinador de asesores de la Secretaría de Gobierno, el exdirigente perredista Baltazar Zamudio, fue incapaz de armar la mesa ofrecida por la gobernadora y cayó en el juego de los manifestantes que se negaban a formar una comisión, pidiendo estar todos.
La consecuencia fue que la comitiva debió salir apresuradamente de la parroquia acambarense donde se celebró la sesión solemne del Ayuntamiento, abordar las camionetas y dejar la ciudad, dejando una sensación de huida.
Aunque en el entorno de la gobernadora y en los chats del gabinete se realizaron grandes elogios a la “contención”, lo cierto es que, fuera de la cápsula en la que cada vez parece vivir más esta administración, la experiencia deja mucho que desear.
La celebración del medio milenio de Acámbaro pasó a segundo término, la presencia de la gobernadora fue apresurada y contenida dentro de un operativo. El diálogo no se pudo dar, ni siquiera de forma incipiente, y las protestas tampoco se evitaron. ¿Quién puede creer que esto fue un éxito?
3.- JCR: la costumbre de mandar
Corría el domingo de la “encuesta” a militantes dentro del proceso para elegir a los defensores de la patria y anexas del Partido Acción Nacional. El ejercicio terminó convertido en una elección en todo el sentido de la palabra, con la participación de centenares de militantes en cada una de las sedes de los 9 municipios donde se practicó el ejercicio.
Desde días antes, el aspirante por la capital del estado, Juan Carlos Romero Hicks, diputado local, exgobernador, exsenador y exdiputado federal, no dejaba de llamar por teléfono a los integrantes de la nueva directiva del PAN y de la Comisión Política del proceso para pedir su intervención a fin de evitar el acarreo de votantes.
La nostalgia democrática en el panismo despertó acompañada de los viejos vicios que habían erradicado el voto abierto: la inducción al voto por los dueños de los padrones o por los funcionarios con mando en las estructuras estatales y municipales.
Retador de la pareja que ha controlado el gobierno capitalino y el partido blanquiazul, Romero Hicks quizá temía que tanto Alejandro Navarro como Samantha Smith, ausentes formalmente del proceso, impulsaran el voto a favor de José Carlos Domínguez, el regidor que sembraron en la carrera.
La inquietud tenía razón de ser, solo que hubo una circunstancia que vulneró el activismo del exmandatario para frenar la manipulación de la “encuesta-elección”: Romero Hicks no acudió a votar por encontrarse de viaje en los Estados Unidos desde días atrás, por lo que sus llamadas, ahora sí que de larga distancia, finalmente no surtieron efecto.
Este martes se conocerán los resultados del proceso, donde la asistencia a votar de forma electrónica en la jornada del domingo pasado solo contará en un 15 por ciento en la decisión. De cualquier manera, para Romero no será grato saber que el joven panista escasamente conocido logró un 50 por ciento de los votos, por un 40 por ciento de uno de los militantes más emblemáticos del partido.
