Hubiera bastado un silla y un escritorio, algún fondo alusivo, mucha sobriedad y una gran empatía. Hubiera sido mejor por la noche, cuando las familias suelen reunirse en torno al televisor, hubiera sido genial un discurso ordenado y con claras separaciones en los temas: COVID-19, solidaridad con quienes están amenazados o ya afectados, planteamientos concretos de apoyo, un mensaje de esperanza.
Foto: @Marthax
No fue así y el hubiera no existe. Los consejeros de Diego Sinhue Rodríguez, el gobernador de Guanajuato que no acaba de convencerse de que lo es, lo encaramaron de nuevo en un foro rutilante digno de un programa de concursos: televisión a la última moda, política a la antigua.
Un grupo de más de 40 trabajadores del Hospital General de Irapuato se tomaron en serio los constantes mensajes de aliento, reconocimiento y motivación que les son enviados en la propaganda del gobierno del estado y se animaron a plantear una carta de peticiones a Diego Sinhue Rodríguez Vallejo. En el pecado llevaron la penitencia.
La carta, civilizada, propositiva, planteaba la disposición a participar en la mejora de procedimientos y protocolos del nosocomio a fin de mejorar la seguridad del personal sanitario y de los pacientes.
Ni el presidente de la República ni el gobernador del estado le están dando la importancia que merece a la grave situación que viven alrededor de un millón de personas en la región Laja Bajío de Guanajuato, hoy tristemente conocida como el «triángulo del huachicol.»
En una semana grupos del crimen organizado derrochan poder de fuego sobre una comisaría; hacen estallar un coche bomba frente a los cuarteles de la guardia nacional; cercan la ciudad con bloqueos en las principales vías de acceso, secuestrando vehículos e incendiándolos; y esta noche lanzan un ataque mortal contra un alto mando de la policía municipal, al parecer un colaborador cercano al nuevo secretario de seguridad.