Guanajuato ha venido presumiendo a lo largo de la última década su crecimiento por encima de la media nacional. Los tigres del Bajío han llegado a llamarse a sí mismos los estados del centro de México, beneficiarios de la industrialización con capital extranjero derivada del primer Tratado de Libre Comercio de América del Norte.
En el gobierno de
Juan Manuel Oliva, coetáneo de la presidencia de Felipe Calderón, la entidad
recibió participaciones extraordinarias derivadas del bono petrolero, el
recurso no previsto en el presupuesto anual derivado de los altos precios del
petróleo.
Ese dinero sirvió
para adquirir terrenos que se regalaron a las empresas atraídas, Honda y Mazda,
entre las principales, además de numerosas plantas de la cadena de proveedores.
La guerra entre
el gobierno federal y el del estado se ha vuelto encarnizada, ya no disimulan. El
comedimiento entre AMLO y Diego Sinhue solo es diplomático y superficial. Debajo
de ellos, sus subordinados se tiran a matar.
Mauricio Hernández
no aparece mucho en la palestra pública, pero su tarea es formar un ejército
que tiene todos los visos de ser más electoral que de atención a los rezagos en
la entidad.
El gobernador de Guanajuato, en conjunto con sus similares de Querétaro y Jalisco, con quienes conforma una alianza de entidades del centro del país que buscan equilibrar al gobierno federal morenista, ha decidido reciclar uno de los proyectos más viejos del panismo gobernante: el tren ligero de Guanajuato.
Esa obra, que había
pasado a la historia como el “tren llamado deseo”, según la afortunada frase de
un diputado priista opositor al gobierno foxista, el penjamense Rubén García
Farías, ha sufrido varias resurrecciones todas a costa del dinero de los
guanajuatenses y todas fallidas.
Largo abandono. Foto: A. M.
El primer fracaso
para esta idea de movilidad que parecía revolucionaria en los años 90, se lo
propinó una enredada historia donde se involucraban financieros chinos y jeques
árabes, importados a Guanajuato por Carlos Abugaber amigo cercano del
gobernador Carlos Medina Plascencia, que acudirían a soportar económicamente el
proyecto, en una aventura que solo fue un espejismo que le hizo perder a
Guanajuato cuatro años de planeación y gestiones.
El surgimiento de una legión de cuentas falsas en las redes sociales de Guanajuato, sobre todo en Twitter, que encuentran su fin principal en darle marcaje personal a periodistas y activistas de diversas causas, es un fenómeno que merece ser analizado, en el marco del gobierno que recién inicia en el estado.
Diseño: @PincheEinnar
La crítica nunca
ha sido cómoda para los gobernantes, quienes en su fuero íntimo anhelan el elogio,
el reconocimiento social, el amor de sus gobernados. Las voces disidentes son
incómodas, las críticas, argumentadas o viscerales, siempre se identifican con
el “adversario”, con el “enemigo” y no con la simple pluralidad, con las
visiones diferentes desde conciencias diferentes.
Al presidente Andrés Manuel López Obrador le está complicando la gobernabilidad su constante presencia en los medios y su reacción a botepronto en contra de sus críticos, mientras calla sobre asuntos mayores o se escuda en “su versión” de las cosas.
Al gobernador Diego
Sinhue Rodríguez Vallejo sus largos silencios y constantes evasiones sobre la
complicada realidad del estado, le impiden convertirse en el líder que
quisieran sus seguidores y que se imagina él mismo.
En ambos casos, a
la complejidad de llevar un gobierno en los tiempos que corren se añade un
costo adicional por el errático manejo de la comunicación con los gobernados.
El gobernador, rodeado de asesores cuyo fuerte es “la imagen”, pretende obviar la delicada situación que vive la entidad y dedicarse solo a las cosas agradables.
Como el padre de familia que no quiere darse cuenta de las disfuncionalidades en su casa y pretende superarlas celebrando rumbosamente una fiesta de 15 años para su primogénita, así el gobernador de Guanajuato, rodeado de un grupo de asesores cuyo fuerte es “la imagen”, pretende pasar por encima de la delicada situación que vive la entidad, dedicándose solo a las cosas positivas.
Al día de hoy no queda claro si la acción policial para ingresar a Santa Rosa de Lima y perseguir al líder de una banda huachicolera, elevada al nivel de cártel en videos de YouTube y narcomantas, fue iniciada por el gobierno federal o por el del estado, con apoyo del primero.
Mientras Andrés Manuel López Obrador es enfático en declarar que se actúa en apoyo al gobierno de Guanajuato, el mandatario local Diego Sinhue Rodríguez Vallejo insiste en agradecer la acción del gobierno federal.
Un día después de que Enrique Alfaro, gobernador de Jalisco, endureciera su postura frente al gobierno federal de Andrés Manuel López Obrador por el desabasto de gasolina, hizo lo propio el guanajuatense Diego Sinhue Rodríguez Vallejo, poniendo en evidencia que su toma decisiones sigue gobernada más por las circunstancias que por algún plan.
Desde los primeros momentos de la crisis del combustible, Sinhue quiso verse proactivo y eludió confrontarse con López, quizá consciente de que la justificación de la escasez venía de la atención a un viejo reclamo de los gobiernos panistas de Guanajuato: el combate al robo de combustibles, las mafias que lo aprovechan y las complicidades al interior de Pemex, todo lo cual ha sido planteado como la principal explicación sobre el auge de la violencia criminal en la entidad.
Ocupar el despacho, pero también gobernar. Foto: Twitter.