Arnoldo Cuellar

AMLO y Diego: tan distantes, tan iguales

In Análisis Político, La Noticia al Punto on abril 22, 2019 at 3:56 am
Tan lejos, tan cerca. Foto: Así Sucede.

Al presidente Andrés Manuel López Obrador le está complicando la gobernabilidad su constante presencia en los medios y su reacción a botepronto en contra de sus críticos, mientras calla sobre asuntos mayores o se escuda en “su versión” de las cosas.

Al gobernador Diego Sinhue Rodríguez Vallejo sus largos silencios y constantes evasiones sobre la complicada realidad del estado, le impiden convertirse en el líder que quisieran sus seguidores y que se imagina él mismo.

En ambos casos, a la complejidad de llevar un gobierno en los tiempos que corren se añade un costo adicional por el errático manejo de la comunicación con los gobernados.

López Obrador debe saber que la opinión pública mejor informada, esa que dio batallas memorables contra el autoritarismo priista, la frivolidad foxista el carácter pendenciero del calderonismo y el autismo de Peña Nieto, no se va arredrar por sus críticas ni por los ataques desde las redes sociales de los seguidores reales y ficticios del presidente.

Que se trata de una opinión elitista, se dice.  Seguramente sí, y ello como producto del fracaso educativo y de la endeble construcción de ciudadanía que ha propiciado el populismo de todos los colores y que amenaza con repetir la 4T.

Sin embargo, esos círculos de opinión informada en los que se incluyen muchos de los partidarios del presidente, son el suelo nutricio del principal debate público del país, mientras no logremos extenderlo con esfuerzos que seguramente no darán resultado a corto plazo.

Ahí están muchos de “los conservadores” que quisiera regresar a épocas de privilegio, al presidencialismo dorado y al partido prácticamente único. Pero también estan otros, que nunca dejaron de combatir el anacronismo autoritario del PRI, los excesos de la presidencia imperial y que quieren ir hacia adelante, a un país de auténtica división de poderes donde el enjuiciamiento de un político corrupto no dependa de pactos de impunidad ni de perdones presidenciales.

López Obrador sufrirá un desgaste acelerado si decide que es más importante combatir a sus críticos que combatir la corrupción, la que hasta ahora no ha sufrido una sola derrota significativa, contra lo que postula el protagonista de las conferencias mañaneras.

En Guanajuato también hace aire, por razones que pueden parecer distintas, pero que en realidad son similares: una equivocada política de comunicación.

Contrario a la sobreexposición de López Obrador y su ánimo contestatario e incluso rijoso, Rodríguez Vallejo se muestra inseguro de la exposición abierta ante los medios y la limita lo más posible. El mandatario guanajuatense no quiere dar pasos en falso que puedan dar lugar a una ridiculización como les ha ocurrido a otros políticos de la entidad, por ello se ha refugiado en la utilización de una vocería en los asuntos de seguridad y se limita para sí lo que pudieran ser los anuncios de “buenas noticias”.

El experimento no está funcionando. La coordinación de estrategia para la seguridad ciudadana en manos de la comunicóloga Sophia Huett no sirve ni para la estrategia ni para la conducción de mensajes, pues la han aislado del flujo de información los mismos de siempre: el procurador Carlos Zamarripa y el secretario de Seguridad, Alvar Cabeza de Vaca.

En realidad, eso ya había ocurrido con el secretario de Gobierno, Luis Ernesto Ayala, el primero a quien se le confió esa misión y que arrojó la toalla a las primeras de cambio. Tampoco funcionó el secretario del Sistema de Seguridad, Marco Antonio Sánchez Aparicio, un burócrata federal fichado por Cabeza de Vaca que no conoce el estado.

Entonces, en materia de seguridad lo que hay es un gran vació, mientras corren en redes sociales y en medios de comunicación las versiones casi instantáneas de los actos criminales que flagelas y lastiman nuestra cotidianidad.

Esa situación, lo que produce es una enorme zona de incongruencia cuando el gobernador, siguiendo la línea argumental que han trazado sus estrategas, asoma en Twitter a promover el turismo y el auge productivo de Guanajuato, casi al mismo tiempo que el espacio digital está zumbando con el último atentado, la más reciente balacera y los autos incendiados en las carreteras por las que se llega a los pueblos mágicos y las zonas arqueológicas que presumimos.

Así que, aunque parezcan tácticas distintas, los resultados están siendo los mismos: la obsesión de AMLO por controlar el manejo informativo y la de Sinhue por ausentarse del mismo producen, al final, un alejamiento de la opinión pública más informada e impiden que se produzca un diálogo social productivo.

A ambos, al presidente de la República y al gobernador de Guanajuato, les quedan sus huestes políticas, el manejo que hacen de los programas sociales y la red política construida con la nómina pública. Con esas herramientas tratarán de prevalecer, de enfrentarse entre sí cuando lleguen los momentos de definiciones electorales y de sobreponerse a sus críticos.

En ambos casos, no están gobernando con racionalidad ni construyendo puentes con la sociedad, sino solo utilizando el poder y manipulado clientelas. Son una muestra de lo que debemos dejar atrás para modernizar este país.

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