Arnoldo Cuellar

La eliminación posiciona a Gerardo Mosqueda

In Análisis Político on diciembre 16, 2011 at 3:19 am

¿Tiene sentido eliminar al contendiente con menos posibilidades de triunfo en la contienda interna del PAN, por una formalidad jurídica que se prestará al debate?

Sólo los jerarcas panistas lo saben.

Lo cierto es que Gerardo Mosqueda podía representar una fuerte cuña en el zapato para Miguel Márquez, por haber sido su compañero de gabinete y por haber estado en las decisiones más importantes de la administración de Juan Manuel Oliva hasta fines del 2010.

El argumento de la eliminación parece pueril y lo es. Las firmas que constituyen el prerrequisito para el registro no deben repetirse en el expediente de ninguno de los aspirantes. Como los panistas no suelen tener inconveniente para otorgarle su firma a todos los que la pidan, suelen repetirse respaldos que solo cuenta para el primer registrado.

Hasta allí todo en orden. Sin embargo, en el momento en que el presidente de la Comisión Estatal de Elecciones, Juan Alcocer Flores, convocó a un registro conjunto de los cuatro aspirantes como “muestra de unidad del partido”, el tema de la prelación de registros pareció quedar superado.

Ahora resulta que no fue así. Aunque acudieron todos los candidatos a la misma hora: el sábado 11 de diciembre, a las once de la mañana. Sin embargo, el registro no fue simultáneo, sino que se dio con diferencia de minutos una vez que pasaron los temas protocolarios.

Así, Mosqueda quedó registrado después de José Ángel Córdova y Miguel Márquez Márquez y antes que Ricardo Torres Origel. Ese orden, originó que las firmas que se repetían en los expedientes se fuesen eliminando, si es que se repetían, de los listados revisados en segundo, tercer y cuarto lugar.

De ese modo, a Mosqueda sólo le quedaron como válidas 537 firmas de las mil 46 que presentó formalmente. Con una visión estrictamente legalista, el argumento parece impecable. Lo que no se entiende es que se haya propiciado un registro “conjunto”, que sólo lo fue en la forma como se ve ahora, para mandar una señal de unidad que quedaría en entredicho a los pocos días.

El ex secretario de Gobierno está dispuesto a llevar la fiesta en paz y caminar por el sendero de las apelaciones legales, primero en la instancia nacional de elecciones del propio PAN y después, de continuar el litigio, en el Tribunal Federal Electoral. Esto hace que, de entrada, el proceso de elección panista se judicialize.

No parece un buen precedente formal para un proceso que muestra tantas aristas de inconformidad, tantas acusaciones de falta de equidad, tanto encono desde las vísperas.

Y, de entrada, son admisibles dos hipótesis: la primera, la más inocente, podría aceptar que no hay ninguna línea y que Juan Alcocer está decidiendo en base a un criterio rígido, sin ningún tipo de consideración interpretativa: el marco legal aplicado con ortodoxia. Sin embargo, Alcocer, que es médico, sabe necesariamente que para ser buen cirujano hay que saber improvisar ante los imponderables.

En este caso, la lección del candidato a gobernador por el PAN podría entrar en caminos de riesgo innecesarios, como cuando un árbitro demasiado rigorista empieza a disparar tarjetas a diestra y siniestra, lo que le hace llegar fatalmente a las expulsiones, sencillamente por las dobles amonestaciones, y acabar con el espectáculo. Ni en la política ni en el deporte la legalidad a ultranza es sinónimo de eficiencia y de buenos finales.

La otra hipótesis es más delicada. La de que el garante de la legalidad en el proceso interno pudiera estar aceptando sugerencias provenientes de cualquiera, o de ambos, polos de poder en los que se ha dividido el panismo guanajuatense: Juan Manuel Oliva o Fernando Torres Graciano, quienes pueden tener muchas diferencias, pero que siguen unidos en sus sentimientos con respecto a Mosqueda.

Así, con un pretexto legal sustentad, aunque con gran incredulidad política, los poderes fácticos del panismo guanajuatense podrán tener fuera del escaparate que será la campaña interna y, más importante, de los posibles foros o debates, a quien pudiese ser el más peligroso para ese statu quo: el que fuera el más poderoso de los funcionarios de la administración olivista.

La apuesta es alta. Mosqueda se mantendrá vigente mientras dure su litigio y será atractivo para los medios de comunicación. Su batalla puede ser de utilidad para José Ángel Córdova a quien podrá sumarse al final de su caso legal y juntos serán los mayores adversarios no sólo de Miguel Márquez, sino también de la corriente olivista

El escenario, más allá de que hayan avanzado los aspectos formales del proceso, sigue abriendo una ventana de oportunidad a la intervención del CEN, un expediente con el que han soñado y por el que rezan todos los días los estrategas de Córdova.

Las cosas, pues, pueden ponerse emocionantes, más allá del script que preveía un triunfo de Márquez casi sin despeinarse. Habrá que permanecer atentos.

Botepronto

Con el mayor de los desparpajos, que sobre todo habla del concepto en el que tiene a los priistas de Guanajuato, el vendedor de cuentas de vidrio en que se ha convertido el diputado defeño Guillermo Ruiz de Teresa se ha gastado más recursos en difundir su “informe” que en cualquier gestión beneficiosa para Guanajuato.

Además de los espectaculares y la prensa, la renta del teatro Cervantes y el acarreo de jóvenes del sector popular, el legislador hará una twitcam, que todo mundo espera que dure más que los 3 minutos que aguantó Enrique Peña Nieto en su estreno en las redes sociales.

Todo ese gasto, muy probablemente, ni siquiera servirá para tener respuesta a una pregunta simple: la de si Ruiz de Teresa considera que fue una forma honorable de llegar al Congreso la que utilizó, burlando normas de equidad  de género al arribar como suplente de una mujer renunciante a la titularidad de la curul.

El ex colaborador de Francisco Labastida podría tener una excusa si, con cinismo, afirmara que en política el fin justifica los medios. Pero ni siquiera tiene esa posibilidad, pues aquí no ha habido ningún fin benéfico para alguien más que para el propio Ruiz.

Y en base a esos antecedentes, ahora ha creído que tiene la posibilidad de ocupar un lugar en el Senado por Guanajuato. Esa sí que es fe ciega en las propias (in)capacidades.

Por cierto, el suplente de Yulma Rocha volvió a mostrar la importancia que le concede a los priistas de Guanajuato, al ausentarse ayer mismo de la instalación del Consejo Político Estatal, del que se hizo miembro al asumir su condición de guanajuatense postizo por su suplencia y la casa de descanso en San Miguel de Allende.

De cualquier manera, a lo que le apuesta Ruiz de Teresa es que lo respalden los priistas que importan: los de México; los de aquí, con perdón de ustedes, le valen un reverendo sorbete. Ese es el nuevo PRI, por si creían que había cambiado.

arnoldocuellar@zonafranca.mx

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