Arnoldo Cuellar

DÍAS DE GUARDAR Domingo 23 de febrero de 2020

In Análisis Político, Días de Guardar, POPLab, Sin categoría on febrero 22, 2020 at 9:39 pm

* El fracaso de los abogados que no pudieron reformar la UG

Ilustraciones: @PincheEinnar

* Luego del paro del 9 de marzo, mujeres panistas de Guanajuato tienen tarea

* Diego Sinhue rompe lanzas contra el OCL y de paso daña varias reputaciones

1.- Crisis de la UG: rezago acumulado, superficialidad y falta de imaginación

Lo que ocurre en la Universidad de Guanajuato y que llama a sorpresa a muchos de sus integrantes, incluidos algunos de los que se consideran “más críticos”, no es más que la acumulación de un despotismo histórico cuya cabeza visible es el ex rector, ex gobernador y fallido cacique universitario Juan Carlos Romero Hicks.

No es lo único, sin embargo. A la larga acumulación de caprichos, devaneos y veleidades del romerismo y de sus allegados, se le suma la frivolidad y la falta de imaginación del actual equipo comandado por un abogado y doctor en ciencias penales que ha visto la oportunidad de ser rector general más como una plataforma de despegue personal que como una oportunidad para replantear las relaciones internas de la comunidad universitaria.

Romero Hicks, hoy una de las fallidas cabeza de los intentos de reconstrucción del PAN como fuerza opositora y como prospecto viable de gobierno, ejerció el mando de la UG toda la década de los noventa como rector; fue al autor de la autonomía y siguió al mando de la institución hasta que el ala más reaccionaria del PAN vio en él su única posibilidad de continuidad al frente del gobierno ante la amenaza del panismo más liberal.

Como gobernador, el cacicazgo se consolidó. Romero fue incapaz de alentar el crecimiento de cuadros universitarios y se limitó a barajar nombres: Cuauhtémoc Ojeda, Silvia Álvarez, Arturo Lara, Sebastián Sazberro. Sin embargo, fue incluso irrespetuoso de las personalidades de cada uno de ellos y experimentó en la Universidad como si se tratara de una casa de muñecas.

Una de las consecuencias de ese manejo desaseado fue la pérdida de su autoridad moral sobre el grupo tecnocrático encabezado por Arturo Lara, que le dio la espalda una vez concluida la gubernatura y tras hacer pactos con Juan Manuel Oliva, se dieron a la tarea de departamentalizar la universidad y erradicar el romerismo de las instancias directivas.

Sin habilidades políticas y bruscos como buenos ingenieros, Lara y su sucesor, José Manuel Cabrera Sixto, el primero no llegado por la mano de Romero Hicks, trataron de desmontar el romerismo a martillazos, con el resultado de que generaron una reacción interna que se coludió con las aspiraciones de un grupo emergente, el de Luis Felipe Guerrero Agripino, discípulo de Cuauhtémoc Ojeda que luego estableció aliaza con Arturo Lara e incluso participó de forma protagónica en la generaicón del marco normativo para la departamentalización.

La candidatura a rector general de Agripino, apoyada en los restos del romerismo y en la inconformidad con los ingenieros de la vieja FIMEE de Salamanca consiguió la hazaña de impedir la reelección de Cabrera, un expediente que parecía fácil para cualquier rector general por el control que se ejerce desde esde cargo de los consejos y de la junta directiva, entidades carentes de autonomía y sometidas a la manipulación de quien maneja presupuestos, ascensos y favores en la administración universitaria.

Agripino tomó por asalto la rectoría general y con ello la oportunidad de plantear una reforma a fondo de las viejas estructuras universitarias para modernizar una institución que sigue anclada en la rigidez de sus procedimientos internos, en sus claustros decimonónicos y en su verticalismo.

No fue así, el rector general Agripino se ha rodeado de incondicionales, su vieja pandilla de los tiempos de estudiante: Adriana de Santiago, Mauricio Murillo de la Rosa, Dolores Gallegos, Arminda Balbuena. A ellos se agregaron adquisiciones como la de Julio César Kala, que tan cara le costó, y Benjamín Valdivia; y los remanentes del romerismo: Jorge Romero Hidalgo, Eloy Juárez y Héctor Efraín Rodríguez.

Ese equipo es el que está mostrando hoy su enorme fracaso, primero con el tema de la violencia de género en las aulas, que se negaron sistemátivamente a aceptar y después con la crisis de representatividad que ha exhibido la emergente organización Comunidad Estudiantil UG, al cuestionar las vías institucionales de participación del alumnado, cooptadas como están por los intereses de la burocracia de los departamentos, las divisiones y los campus.

Toda proporción guardada, la rectoría de Agripino parece una historia paralela a la de la presidencia de Enrique Peña Nieto, en el sentido de que el regreso de una clase política expulsada del paraiso no sirvió para que purgara sus malas prácticas, sino que llegó con ellas reforzadas y echó a perder una oportunidad de reconstruir su propia historia.

Atado a un círculo de incondicionales, sin capacidad de autocrítica y aún llenos de soberbia pese al encontronazo con la realidad, Agripino seguirá prohijando conflictos al seno de la Universidad de Guanajuato, institución que este año vivirá el proceso de sucesión en sus cuatro campus.

Tarde o temprano, este conflicto le estallará en las manos al gobernador Diego Sinhue Rodríguez que ni conoce ni entiende a la UG, como tampoco lo hacen su secretario de gobierno ni su jefe de gabinete, que más que desactivar bombas parecen inclinados a sembrar nuevos conflictos. Esperemos programa.

2.- El feminismo  moviliza hasta a la derecha más recalcitrante

El debate que vive el país en estos momentos, sobre la necesidad de combatir frontalmente la violencia de género, sumando políticas públicas y activismo social, resulta inédito y su auge no es ajeno a la coyuntura política de polarización. Sin embargo, algo muy bueno podría resultar de ello.

Por ejemplo, los anuncios de respaldo a la movilización nacional del próximo 9 de marzo de parte de personajes como el gobernador del Estado, Diego Sinhue Rodríguez o de varias legisladoras panistas, podrían tener un digno seguimiento si se promueve una mayor participación de las mujeres panistas en la toma de decisiones al interior de su partido.

Habría que recordar que el PAN gobernante se ha resistido a incorporar la paridad de género en el gabinete y solo lo hizo en las posiciones electorales cuando la ley lo obligó. Mujeres que han impulsado el avance de la paridad de género, como Pilar Ortega o Elia Hernández, han sido sistemáticamente marginadas en el PAN de Guanajuato.

El PAN de Guanajuato nunca ha tenido una dirigente mujer. En el corredor industrial sus candidatas han sido contadas, nunca han tenido una candidata en León o Irapuato; en Celaya, Elvira Paniagua solo pudo llegar cuando dos candidatos hombres declinaron hacerse cargo de una campaña muy complicada.

Alejandra Reynoso ha tenido que hacer carrera parlamentaria a nivel federal porque en Guanajuato hay un clarísimo techo de cristal para las aspiraciones de las mujeres, como casi se atrevió a denunciar Alejandra Gutiérrez hace dos años, aunque a la postre se frenó y su reclamo de violencia política de género solo quedó consignada en algunas notas informativas.

Diego Sinhue aumentó la cantidad de mujeres en el gabinete, sin llegar a la paridad, pero de las cuatro que designó en el primer círculo, tres no son guanajuatenses y la cuarta no es panista, con lo que queda claro un mensaje: el actual gobernador no ve y menos reconoce los talentos y las capacidades de sus compañeras de partido en la entidad.

Ya Miguel Márquez, campeón de la exclusión, había llevado a Isabel Tinoco a la Secretaría de la Transparencia como una cuota simbólica de género, una profesionista que tampoco era militante del PAN y que por cierto ahora sobrevive sin pena ni gloria como rectora de una universidad estatal, quizá en pago a su sumisión como revisora del gasto público.

La participación en el paro del 9 de marzo anunciada por panistas destacadas como la diputada Libia Denisse García, tendría una consecuencia lógica y deseable, para el crecimiento de la causa de las mujeres, en una mayor exigencia de participación de las panistas dentro de las decisiones de su partido en Guanajuato.

 Veremos si el tema camina más allá de la coyuntura. Por lo pronto, es de gran relevancia que un partido tradicionalmente refractario a los derechos de las mujeres se esté sensibilizando en el tema, así sea por mimetismo.

 3.- Diego Sinhue carga contra la sociedad civil

A Diego Sinhue Rodríguez Vallejo nadie parece haberle explicado que el gobernador no tiene necesidad de enojarse, que si lo hace, no debe incurrir en el berrinche y que si no lo puede evitar, de ninguna manera debe hacerlo público.

Esta semana el mandatario se descosió en rueda de prensa banquetera en contra del Observatorio Ciudadano de León, irritado porque este organismo planteó en una carta pública la necesidad de una reunión urgente para discutir nuévos métodos para enfrentar la crisis de inseguridad.

El OCL, presidido por la académica Rocío Naveja, recordó en su comunicado que tenía solicitada una cita con el mandatario estatal y que no había tenido respuesta. Lo mismo hizo con al presidente de la República para acudir a una de las conferencias cotidianas, las famosas mañaneras.

La preocupación del OCL es compartida por muchas otras organizaciones ciudadanas y por la población en general: la violencia se ha desbordado y la respuesta de las autoridades no muestra un rumbo claro con resultados que puedan tranquilizar a nadie.

En lugar de atender la petición, el gobernador y su séquito parecen molestos y enojados porque los ciudadanos se tomen el atrevimiento de importunarlos en medio de la arcadia de selfies, autopromoción y negación en la que parecen vivir.

Sinhue decalificó al OCL, aseguró que su metodología para cuantificar la incidencia delictiva es errónea, algo que seguramente proviene de las opiniones de Alvar Cabeza de Vaca y Carlos Zamarripa y rechazó reunirse con ellos “los próximos días, meses o años”.

Estaba tan molesto el mandatario que hasta olvidó que contrató una vocera de setenta mil pesos al mes para evitar tocar el tema de la seguridad.

Y no se detuvo allí, sino que remató diciendo que el OCL surgió “de un fraude de Ricardo Sheffield” cuando fue alcalde. Con esa afirmación, se hizo eco de la campaña que en su momento enderezó Bárbara Botello contra el OCL y Carlos Medina, su principal impulsor; y de paso se llevó entre las espuelas a su hermana Cristina Rodríguez, regidora en esa administración; y a Ana Coco Carpio, la primera presidenta del OCL, y hoy regidora panista por segunda ocasión consecutiva.

El enojo es muy mal consejero, sobre todo para un gobernador.

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