Arnoldo Cuellar

DÍAS DE GUARDAR Domingo 14 de junio de 2020

In Análisis Político, Días de Guardar, POPLab on junio 14, 2020 at 8:52 am

* Nadie se hace cargo de ordenar el distanciamiento social

* Ajustes en el desaparecido gabinete de Diego Sinhue

*Con gobierno ausente, la guerra de cárteles ensangrienta al estado

Ilustraciones: @PincheEinnar

1.- En el despegue de la pandemia el relajamiento se acrecienta

Guanajuato, como México entero, nunca estuvo totalmente confinado. Unos no podían y otros no querían hacerlo. El gobierno federal y el de Guanajuato se encerraron en la ficción de apelar a la buena conciencia ciudadana, lo que no funcionó.

Los primeros 60 días de confinamiento presentaron una baja circulación viral y un nivel aceptable de contagios, incluso en los lugares donde crecieron las primeras curvas: Valle de México, Tijuana, Cancún. Sin embargo, confundir ese comportamiento con un aplanamiento de la curva fue un exceso.

Hoy en muchas regiones del país comienza el verdadero despegue de casos y el cansancio de la población y los graves impactos en la economía se han conjuntado para una reapertura desordenada, aparentemente parcial, pero más bien caótica: trabajan industrias esenciales y no esenciales; operan tianguis; se abren restaurantes y bares.

Es la peor combinación: activa circulación del virus y movilidad; es todo lo contrario de lo que ocurrió ante los brotes de Italia, España y Nueva York, donde la explosión de contagios obligó a estados de excepción rigurosamente acatados y vigilados coactivamente por los Estados.

La definición dogmática de Andrés Manuel López Obrador de no hacer nada por la fuerza, incluso permitiendo riesgos para la población; la incapacidad del gobierno de Diego Sinhue Rodríguez para definir una política propia; la irresponsabilidad de alcaldes que se escudan en los fallos políticos de los otros niveles de gobierno, todo se conjunta para que una sociedad de por sí indisciplinada, se exponga contra toda advertencia a un virus que sigue siendo desconocido y ante el que existe una capacidad limitada de respuesta.

León crece en contagios por su mayor población y por ser la zona de más densidad habitacional en el estado. En contrapartida, su autoridad municipal se achica y ni siquiera ha sido capaz de manejar con solvencia los brotes que han ocurrido entre su propio personal.

La figura del “city manager”, tan discutida durante el 2019, ha quedado en nada, aunque se le paga por ello a Arturo Durán Miranda. Sin embargo, tampoco el alcalde Héctor López Santillana tiene una presencia constante para orientar a sus conciudadanos, adoptando la misma postura de huida del gobernador Diego Sinhue Rodríguez y enviando únicamente a sus funcionarios a mandar mensajes descoordinados, a justificarse y a evadir responsabilidades.

No solo es el regreso de ciertas actividades lo que aumenta riesgos. El transporte es uno de los mayores focos de cercanía de personas y las “medidas” sanitizantes del municipio, incluidos los arcos a sobreprecio del tesorero Enrique Sosa, el gel desinfectante y la aún deficientemente atendida disposición de usar cubrebocas, de nada sirven frente a la aglomeración de las horas pico.

La situación podría ser resuelta con logística y aplicación de medidas estrictas de cupo y de más unidades, pero parece que el municipio y su director de movilidad, Luis Enrique Moreno, no quieren molestar a los transportistas en lo más mínimo.

Con ese panorama, la ciudad de León se enfrenta por el momento a una ola que duplica sus contagios confirmados cada diez días y que ha alcanzado picos de 100 casos diarios en la última semana.

Las cifras previstas por los epidemiólogos de la Secretaría de Salud con apoyo de los matemáticos del CIMAT, ya fueron rebasadas. Sería el momento de parar en seco las actividades para salvar vidas. De no hacerlo, de privilegiar la reactivación económica, podemos terminar con saldos negativos en ambos terrenos.

2.- Hace crisis un gabinete dominado por el marquismo y altamente ineficiente

Diego Sinhue Rodríguez Vallejo mostró muy pronto su impreparación para hacerse cargo de la titularidad del Poder Ejecutivo. Esa limitación quedó en claro cuando ratificó a más de la mitad del gabinete de Miguel Márquez, no por méritos, sino por falta de cuadros, comodidad y también imposiciones.

Un gabinete es la transposición de un proyecto de gobierno a la política. Es el equilibrio de corrientes partidistas, sectores productivos, alianzas sociales. Repetir cuadros gastados por el ejercicio del poder, carentes de una motivación mayor que la de seguir en la nómina y con la imaginación agotada, es la antesala del fracaso.

Así ha ocurrido con funcionarios como el dúo de la seguridad, Carlos Zamarripa y Alvar Cabeza de Vaca, quienes más bien parecen haber convertido al gobierno en un rehén de su propia dinámica de convivencia con el fenómeno delictivo, donde parecen sentirse cómodos en el auge de la violencia, a contrapelo de una sociedad que no se acostumbra y que rechaza la pérdida de la paz.

Así ocurre con la secretaria particular, Juana de la Cruz Martínez, que no deja de entrometerse en las decisiones del jefe de gabinete, Juan Carlos Alcántara, y que parece la responsable del aislamiento al que ha sido sometido el propio Diego Sinhue, con una agenda reducida al mínimo en la crisis sanitaria y de seguridad que vivimos.

Así ocurre con el secretario de Innovación, Eusebio Vega, ahora peleando por quedarse en la nómina tras la decisión de desaparecer la dependencia para devolver funciones a la SEG y dar lugar a un nuevo organismo de educación superior sobre el que nada se ha vuelto a mencionar desde hace 3 semanas que se hizo el anuncio.

Las incrustaciones foráneas del gabinete tampoco funcionan. Ya se fue Tere Matamoros después de un año insustancial en Turismo; Marisa Ortiz delega la responsabilidad del medio ambiente en Fidel García, un abogado lleno de compromisos con el sector privado más depredador.

Tarcisio Rodríguez en la Secretaría de Infraestructura está a la espera de que el alcalde irapuatense Ricardo Ortiz ordene su sucesión para dejarle el puesto, pues no ha logrado la confianza de los golpeados constructores guanajuatenses.

Yoloxóchitl Bustamante tiene encima el reto formidable del regreso a clases en la “nueva normalidad” en una entidad que desconoce territorialmente, donde no domina los recovecos políticos de cada región ni los pormenores de los acuerdos sindicales. Nadie duda de su capacidad, pero su experiencia no parece prepararla para la lucha en las trincheras de un sector educativo territorializado.

Dentro de todo, quizá la mayor decepción del gabinete dieguista la constituya una de sus pocas aportaciones: la del secretario de Gobierno Luis Ernesto Ayala, guardián del sepulcro yunquista y en esa medida coadjutor del propio gobernador.

El ex alcalde leonés no se ve ni se siente cómodo en el terreno estatal, sus aportes para la gobernabilidad no aparecen y su carácter de jefe del gabinete de seguridad es una mera ficción. No le gusta abandonar los caminos pavimentados y pocas veces llega más lejos del puerto interior y de sus lujosas oficinas en el G100 por las que ni siquiera paga renta el estado o por lo menos no públicamente.

La ausencia de Ayala ha dado pábulo para que incluso alguien tan limitado para la política como el jefe estatal panista Román Cifuentes, se convierta en una especie de secretario de gobierno alterno, controlando a los alcaldes de los municipios medianos y pequeños y tomando algunas decisiones trascendentales, como la de correr al ex alcalde salmantino Antonio Arredondo de la subsecretaría de desarrollo social.

Toda esta disfuncionalidad podría tener modificaciones en las próximas semanas, conforme las pandemias de la violencia y el coronavirus, incrementen el desgaste del gobierno y haga falta una bocanada de oxígeno o, incluso, un respirador artificial.

En ese sentido, uno de los cambios que más podría traer repercusiones sería la salida de Juana de la Cruz Martínez de la secretaría particular, pues con ello se descabezaría una red de poder infiltrada en casi todas las dependencias estatales, en los municipios y en las bancadas del PAN local y nacionales.

Veremos si Diego Sinhue, acompañado de Charlie Alcántara y Alan Márquez, por fin se decide a gobernar.

3.- Celaya, Irapuato, Moroleón, municipios mártires y abandonados

Mientras Ricardo Ortiz coquetea con la posibilidad de incorporarse al gabinete de Diego Sinhue Rodríguez; mientras Elvira Paniagua se acaba las cajas de Kleenex de su oficina aterrorizada por la situación que se vive en su municipio; mientras Jorge Ortiz piensa como seguir su carrera política colándose en el PAN ante la virtual desaparición del PRD, los municipios de Irapuato, Celaya y Moroleón, viven el peor momento de su historia reciente en términos de violencia.

No son los alcaldes los únicos responsables, aunque el reproche de sus conciudadanos se centra en que ni siquiera alcen la voz, que los dejen solos, que se nieguen a encabezar la inconformidad, el enojo, la preocupación de sus comunidades.

Ni el estado, a través de su fiscal autónomo; de su gobernador; de su Congreso, se hacen presentes más que para tratar de hacer control de daños en términos de imagen, como si eso hiciera falta.

Violencia a todas horas, ataques entre grupos criminales, pero también de estos hacia la población, amenazas de extorsión, ataques arteros, asesinatos a plena luz del día, granadas y armas de alto poder, ese es el panorama que Diego Sinhue y su aparato de propaganda quieren ocultar con los contratos de publicidad y las gacetillas que pagan en las grandes cadenas de televisión nacionales.

Desde luego, no funciona.

¿Cuánto más puede ser tolerable esta situación? Hoy la pandemia sanitaria parece un aliado del crimen y de los gobiernos incapaces pues se ha convertido en la mejor coartada de la autoridad para impedir las movilizaciones y desalentarlas, como si solo se quisiera ganar tiempo, nadie sabe para qué, y no resolver los problemas o por lo menos plantarles cara.

El reclamo a la federación por su abandono no resulta ilógico, pero tampoco se plantea como una estrategia coherente y coordinada, sino que aparece simplemente como justificación que, además no alcanza, porque las omisiones son de todos.

Así que la nueva normalidad, ni es tan nueva y mucho menos normal.

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