Arnoldo Cuellar

Diego debe empezar a gobernar

In Análisis Político, El Otro Enfoque on noviembre 13, 2018 at 4:37 am

Más allá de que los altos mandos de la política estatal impongan una ley del silencio sobre la violencia que azota a la entidad y que el gobernador se refugie en el chabacano discurso de la “grandeza de Guanajuato”, lo cierto es que la constante de este 2018 en la entidad será la espiral criminal que se abatió sobre el estado.

Diego Sinhue Rodríguez insiste en su visión de que la responsabilidad de la crisis de inseguridad es de los municipios de Guanajuato que dejaron hundirse a sus policías y obligaron a la entrada del mando único de facto, el cual es a todas luces insuficiente.

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La explicación parece real, pero no suficiente y mucho menos exacta. Si alguien conoce el nivel municipal de la policía es Alvar Cabeza de Vaca, cuya mayor experiencia parte de su paso por la dirección y la secretaría de seguridad de León. El secretario de seguridad del estado sabía bien a qué se metía cuando orquestó la disolución de las corporaciones municipales y el arribo de sus muchachos como relevo.

Además, el gobierno del estado ejerce un control sobre el reclutamiento de los policías municipales y su permanencia, a través de los exámenes de control de confianza. Más aún, en buena parte de las corporaciones que se hunden frente al embate o la cooptación criminal, los mandos han sido “sugeridos”, por no decir impuestos, desde las oficinas de Cabeza de Vaca y de Carlos Zamarripa.

Así que la versión en la que se escuda el gobernador, cuando habla en corto de la misma pues su ayuno de intercambio con la prensa se mantiene a mes y medio de su toma de posesión, es la que a su vez le venden sus ratificados colaboradores para construir una coartada.

Más allá de las “explicaciones” bajo las cuales se quiere acomodar la realidad, lo cierto es que en todos los indicadores Guanajuato se ha ido a los máximos, incluido el de ataques del crimen organizado contra elementos de las corporaciones policiales municipales y estatal.

Pero las cosas no se quedan allí. Aunque no ocurrieron por primera vez, en este año atestiguamos el escalamiento de los ataques en contra de integrantes de la clase política y de sus familiares. Ninguno de ellos ha sido esclarecido, salvo el del alcalde electo de Jerécuaro, acontecido hace tres años.

Ese será el marco en medio del cual los diputados de Acción Nacional con la complacencia del PRD y probablemente del Panal y Movimiento Ciudadano, buscarán entregarle a Carlos Zamarripa la fiscalía general de Guanajuato por un largo periodo, bajo la irresponsable premisa de que más vale malo conocido…

No es la única mala noticia. Ya vimos este fin de semana reaparecer a Miguel Márquez Márquez para explicarnos algo que según él “no hemos entendido”: que proyecto Escudo “es solo una herramienta tecnológica, pero no la solución al problema de la inseguridad”.

No recuerda ya el amnésico exgobernador cuando vendía las cámaras y los arcos de Escudo como el gran blindaje que mantendría a Guanajuato alejado de la violencia que se vivía en otras entidades, incluidas las vecinas.

Porque, de creerle a Márquez, deberíamos concluir que Escudo hizo su parte, pero los que no la hicieron fueron sus operadores, los funcionarios estatales que debían utilizar esa información para la prevención y la reacción oportuna frente a las amenazas de la delincuencia.

En ese caso, la discusión ya no debería ser si Escudo se queda o se cambia, sino la necesidad de cambiar a los poco confiables funcionarios que no supieron extraer las ventajas de la excelsa y multimillonaria tecnología cuya compra fue el primer acto de gobierno de relevancia de Miguel Márquez, hace seis años.

Ante este panorama, ante la exigencia creciente y sostenida desde la sociedad para que se evite la designación de un fiscal carnal por parte de un congreso sometido al Ejecutivo y a los designios de un grupo político donde aun se forma con mucho ascendiente el ex gobernador Márquez, el recurso de Diego Sinhue de querer ejercer el gobierno a base de encabezar presídiums y enviar tuits, está totalmente fuera de lugar.

La circunstancia reclama un gobernador firme, decidido, trabajador y abierto al diálogo, pues la necesidad más urgente es la construcción de consensos mínimos frente a retos que nunca habíamos tenido. Lo paradójico es que eso sería lo que uno podría esperar de un político joven que apenas está por construir su historia, de quien se tendría que esperar que estuviese ávido de dar resultados, de imponer estilos y de tomar riesgos.

Seguiremos esperando a que al gobernador le caiga el veinte del millón de votos que recibió, de los compromisos que hizo en campaña y de las necesidades que le fueron planteadas. Incluso, egoístamente, de que le surja el impulso de hacer historia y de contribuir a que su partido salga del profundo bache en el que sigue hundido.

¿O es mucho pedir?

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