Arnoldo Cuellar

Austeridad: autoritarismo y traición

In Botepronto, sinembargo.mx, Zona Franca on febrero 15, 2017 at 4:00 am

¿Forzar austeridad obligando a firmar pagarés a empleados para cubrir servicios telefónicos? ¿Torpeza o acto de sabotaje a la intención de Márquez de mostrar un gobierno sensible?

Miguel Márquez debería estar profundamente preocupado de que algunas de sus iniciativas que buscan mostrar la sensibilidad de su gobierno con el momento actual, sean tergiversadas por pereza, por falta de compromiso y por una profunda vena autoritaria, sobre todo cuando esto se produce entre algunos de sus colaboradores de mayor confianza.

La decisión de Márquez de reducir su sueldo en un 16 por ciento puede tener varias razones, desde el más elemental cálculo político hasta una verdadera consternación por el enojo popular ante los incrementos en combustibles.

Anunciarlo como lo hizo es, sin duda, un gesto de propaganda más que de solidaridad en sí mismo. Sin embargo, eso no es criticable, pues prácticamente es ya consustancial a la conducta política como se entiende en estos tiempos.

Sin embargo, que los funcionarios de mayor cercanía al gobernador y que gozan de su confianza, como es el caso del Secretario de Finanzas Juan Ignacio Martín Solís; y el Subsecretario de Administración, Isidro Macías Barrón, operen con torpeza la instrucción de disminuir costos en telefonía, es peor que un simple error: es casi una traición.

Macías Barrón viene de trabajar con Márquez desde el anterior sexenio, tanto en la Gestión Pública como en Desarrollo Social y Humano. Conoce a Márquez de cerca y es hombre de todas sus confianzas, a grado tal que su primer encargo en esta administración fue como director del DIF, precisamente para apoyar a María Eugenia Carreño de Márquez.

Por ello resulta imperdonable que sea precisamente en el área de Macías Barrón donde se tomaron las medidas de austeridad con tal descuido que se buscó hacer responsables a los trabajadores del pago de sus celulares, obligándolos a firmar pagarés por lo que resta del plan contratado.

Y no se trata solamente de que el tema pudiera llegar a los medios, sino del asunto intrínseco de la inconformidad laboral y del mal clima de trabajo que se podría generar en una de las áreas más sensibles del gobierno: justo la dependencia donde se realizan todas las compras y adquisiciones de servicios; el pago de la nómina y los pagos a proveedores, así como el mantenimiento de los inmuebles gubernamentales.

La medida de los pagarés pudo habérsele ocurrido a un empleado menor a quien solo se le encargó la operatividad de una instrucción de alto nivel; sin embargo, la autorización debió provenir de las altas esferas y es allí donde se encuentra una falla no solo de atingencia, sino también de lealtad.

Si de por sí es difícil de tragar para el ciudadano común la buena fe de cualquier medida anunciada por el gobierno, con la cuota de desprestigio que acumula la clase política en nuestro país, a la que no escapa ni el cada vez menos sonriente gobernador Márquez, peor resulta si una medida populista se recarga en los ingresos de los trabajadores y no solo de los funcionarios de alto nivel.

Bien haría Márquez en revisar el desempeño de su Secretaría de Finanzas, donde un cansado y convaleciente Martín Solís parece dejar cada vez más tramos de control en sus subordinados.

Pero también debería vigilar más de cerca a su cancerbero Isidro Macías Barrón, quien en la recta final parece más ocupado por sus intereses personales que por cuidar de quien le abrió las puertas a las altas responsabilidades del servicio público desde hace una década.

En el delicado momento político que se viene, un equipo de brazos cansados, difícilmente le facilitará las cosas a un Miguel Márquez que aún no resuelve los acertijos del proceso sucesorio de 2018, ni local ni nacionalmente, por más que algunos ilusos piensen que sí.

Así que: a Dios rogando y con el mazo dando.

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