Arnoldo Cuellar

Márquez da vacaciones a los principios

In Botepronto, Sin categoría, sinembargo.mx, Zona Franca on febrero 9, 2017 at 3:48 am

La falta de contrapesos en la estructura del gobierno panista de Guanajuato convierte a un político de postulados éticos en un pragmático irredento.

Algo muy serio ocurre en la visión política de Miguel Márquez Márquez, un mandatario que durante toda su carrera política previa al actual cargo presumió de humanista, de demócrata y de hombre de acendrados principios religiosos.

A menudo se dice que no basta con llevar hombres buenos al poder, cuando este carece de equilibrios. Según el famoso dictum del político y escritor inglés Lord Acton “el poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente”.

En Guanajuato el poder del gobernador panista es absoluto. Controla el Congreso a través de una mayoría panista sumisa y disciplinada, quizá más que las últimas priistas que conocimos. Su jefe político es un ex secretario del propio Márquez y antes coordinador de su campaña.

El Poder Judicial se encuentra infiltrado de magistrados panistas que han llegado al cargo gracias a premios políticos dispensados por el titular del Ejecutivo; lo mismo ocurre en el Tribunal de lo Contencioso Administrativo, próximo Tribunal Anticorrupción.

El gobernador es el jefe político de los alcaldes, como en los viejos tiempos, incluyendo la mayoría de la oposición. Oposición que, por cierto, tiene una agenda muy limitada y come de la mano del panismo gobernante.

En medio de ese panorama, que muchos politólogos o constructores de imagen verían como un verdadero paraíso, lo que ha pasado es que Miguel Márquez ha aflojado los principios que le hicieron incursionar en la política y en el servicio público.

No de otra manera se podría explicar que el panista Márquez sea absolutamente insensible al hecho de que una de las dos empresas que han monopolizado el suministro de medicamentos al Seguro Popular, obteniendo ingresos por cuatro mil millones de pesos cada una de ellas a lo largo del sexenio, no sea sancionada más que con una irrisoria multa económica, por entregar insulina de baja calidad.

Para un gobernante humanista, incluso para uno simplemente sensible, sería imperdonable que sus funcionarios salieran a defender a la empresa que no solo incumplió lo establecido en cláusulas contractuales, sino que puso en riesgo las salud de ciudadanos guanajuatenses enfermos.

Márquez fue electo por esos ciudadanos y a ellos se debe. ¿Qué pasa en la mente de un gobernante que olvida, pasa por alto y traiciona ese compromiso?

No es lo único.

Miguel Márquez ha insistido repetidas veces que las víctimas de asesinatos violentos, cuyo número ha escalado en Guanajuato, son ellos mismos delincuentes o “andan en malos pasos”.

Supongamos que Márquez tiene información privilegiada proporcionada por sus hombres de seguridad, Carlos Zamarripa y Álvar Cabeza de Vaca, donde se detalla que las víctimas de asesinatos violentos tienen antecedentes penales o han sido consignados en el pasado.

Ello por si solo no convierte a esas personas en delincuentes, puesto que pueden haber purgado sus delitos o no haber sido sujetos de un juicio donde su situación ante la ley quedara definida.

Pero incluso, suponiendo que se trata de personas que cometieron un delito aun cuando este no los haya llevado ante un tribunal, no puede justificarse su muerte violenta a manos de otro particular. No puede hacerse desde el punto de vista legal, pero mucho menos desde la moral cristiana de la que el gobernador Márquez se muestra ferviente adepto.

Que Miguel Márquez justifique estos crímenes amparándose en un juicio moral, extralegal y apriorístico, solo para tratar de esconder la responsabilidad de la administración que encabeza en el deterioro de la legalidad que se deriva de esta ola de ejecuciones, es simplemente abominable.

No son las únicas inconsistencias que ha generado este ejercicio del poder sin equilibrios. El Miguel Márquez que creía en la transparencia y la rendición de cuentas, dejó esos conceptos solo en un título de dependencia y permitió que se mantuvieran y aumentaran la opacidad y la simulación.

Un hombre que no hubiera tolerado la menor duda sobre una operación policial donde resultan muertos tres niños y acusado su padre, hoy declara su “confianza ciega” en un Procurador que ha llevado al extremo la politización de su labor.

Finalmente, Márquez permitió que en su entorno pululara un empresario que aumentó sus haberes de forma exorbitante sin ningún negocio a la vista, salvo el de ser compadre del gobernador. Un hombre de principios firmes, como se presentaba Márquez y a veces lo sigue haciendo, nunca hubiera tolerado una confusión como la que ha propiciado el irapuatense Rafael Barba Vargas.

Entonces, como está probado que en arca abierta el más justo peca, lo que nos debe preocupar a los guanajuatenses no es tanto pensar en individuos que presuman una ética, sino en equilibrios de poder. De lo contrario la historia se repetirá sin importar el partido.

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