Arnoldo Cuellar

Escudo, el fraude que pagamos todos

In Botepronto, Zona Franca on febrero 7, 2017 at 3:27 am

La seguridad naufraga, mientras el gobernador Miguel Márquez centra su atención en proyectos de futurismo político; Escudo era la panacea y hoy es el elefante en la sala del que nadie quiere hablar.

El gobernador de Guanajuato enfrenta el reto más difícil de su gobierno, justo cuando se encamina a la recta final del mismo y cuando su principal preocupación parecía ser la de manipular su propia sucesión.

Miguel Márquez está llevando en el pecado la penitencia. Muy temprano en su sexenio quiso vender a los ciudadanos y la opinión pública de Guanajuato el irrelevante pero oneroso Programa Escudo, en cuya adquisición muy probablemente se escondió un tema de corrupción.

La opacidad con la que se asignó el contrato a la empresa Seguritech, vinculada a gobiernos priistas en otras entidades; el cabildeo personal realizado por el titular del poder Ejecutivo; la presencia innegable en el tema de Rafael Barba, el compadre incómodo; y la defensa a ultranza que realizan del fallido programa los responsables de seguridad del estado, Carlos Zamarripa y Álvar Cabeza de Vaca, todo indica que ahí lo único que se incubó fue un gran negocio.

Por eso, el tema de la seguridad parece vedado hoy. Miguel Márquez se niega a escuchar del asunto y remite a sus funcionarios, los cuales tampoco se caracterizan por su proclividad a dar respuestas.

Así, después de una inversión cercana a los 3 mil millones de pesos, que buscaba “blindar el estado”, algo que hoy se ve como una simple justificación para gastar recurso público, Guanajuato se ha precipitado en los índices de inseguridad y se acerca peligrosamente a las entidades a las que no nos queríamos parecer y de las que las medidas gubernamentales pretendían aislarnos.

Después de 3 años completos de funcionamiento, Escudo no solo no ha sido evaluado, sino que está convertido en el elefante en la sala que nadie quiere ver. La estrategia ha hecho crisis a tal grado que hasta las sesiones “de coordinación” del famoso C5I, que tanto se presumieron, hoy se muestran inútiles cuando los funcionarios estatales y municipales salen a los medios a culpar a sus homólogos federales por el aumento de los delitos de alto impacto.

Ni prevención, ni coordinación, ni funcionamiento de la tecnología, ¿entonces qué es lo que se ha hecho a lo largo de estos años?

Miguel Márquez delegó la seguridad en el tándem formado por Zamarripa y Cabeza de Vaca. Hoy ni siquiera existe el pretexto de que las cabezas de seguridad no se hablan o están peleados, pues casi parecen siameses. Sin embargo, las cosas son peor que nunca. ¿O será precisamente por eso?

En los tres años de la priista Bárbara Botello en el gobierno leonés el gran argumento para justificar el alza delictiva eran las diferencias políticas. Hoy gobierna el mismo partido y las cosas no solo no han mejorado, sino que parecen hundirse en el vacío.

Desde los sectores más diversos, llámense organizaciones de la sociedad civil, asociaciones empresariales, partidos de oposición, universidades, iglesias y medios de comunicación, el clamor es unánime: la seguridad no funciona, urge ensayar nuevas fórmulas.

Márquez no escucha. ¿Por soberbia, por comodidad, por desconocimiento? Imposible saberlo, solo queda claro que cuatro años en la cima del poder vuelven duro de oído al político más sensible y más humano, como le gustaba de venderse al de Purísima del Rincón.

Preocupado por el futurismo, por su posible inclusión en el proyecto político de Ricardo Anaya y por hacer crecer a su candidato en Guanajuato, para poner a buen resguardo las debilidades de su gestión, sobre todo las huellas de las exacciones del Gallo Barba, Márquez ha decidido dejar a los ciudadanos a expensas del crimen, el organizado y el casero.

Esto ocurre, sin embargo, en momentos en que los ciudadanos están más concientes que nunca de las malas cuentas de sus gobernantes, de sus falsas promesas y de su fracaso como conductores del esfuerzo social, cuando no como abiertos traidores de los anhelos y necesidades de quienes los elevaron al poder.

Márquez ve como hoy su gobierno sufre el desprestigio de malas decisiones, como la de Escudo. Lo terrible, lo injusto, es que todos pagamos junto con él.

  1. Apuesto a que en próximos días tendremos al secretario en el programa de radio matutino “En línea” siendo entrevistado “a modo” para que todo parezca que va de maravilla…

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