Arnoldo Cuellar

Derechos Humanos: cuates y cuotas

In Botepronto, sinembargo.mx, Zona Franca on noviembre 16, 2016 at 3:37 am

¿Porqué un procurador de derechos humanos recibe el premio de diseñar a su sucesor por parte de los Poderes Ejecutivo y Legislativo? Quizá porque le es más cómodo a los gobernantes a quienes debe vigilar que a los ciudadanos a los que debe servir.

Quizá la mayor virtud del procurador de los derechos humanos que recientemente concluyó su encargo, y a quien resulta un exceso denominar Ombudsman pues nunca llegó a tal, fue la habilidad política para conciliar los intereses de los gobiernos con los que coincidió con una imagen de pulcritud legal en los casos investigados.

Gustavo Rodríguez Junquera sirvió más a los gobiernos de Juan Manuel Oliva y de Miguel Márquez que a los ciudadanos de Guanajuato, aunque se dio maña para aparentar una concienzuda labor de litigante que solo eventualmente desemboco en sentencias ejemplares.

Llegado al cargo por el impulso del entonces presidente panista Fernando Torres Graciano, Rodríguez Junquera cumplió cabalmente sus compromisos de no ser un factor de conflicto.

Quizá por eso hoy lleva mano en la decisión sobre quién será su sucesor, en un episodio absolutamente inédito en la historia política reciente.

Rodríguez Junquera ya había sido favorecido con los recursos para construir un ostentoso edificio que entre otra lindezas cuenta con un elevador que sube directo del estacionamiento al despacho del procurador, para evitar el enojoso paso por antesalas con peticionarios impertinentes.

Recursos que podían haber sido destinados a más visitadores y expertos, se canalizaron a cemento y varillas que, dígase lo que se diga, muy poco abonan a profundizar en la cultura de los derechos humanos, aunque sirvan para la vanidosa costumbre de colocar placas que buscan la inmortalidad.

Sin embargo, los premios mayores estaban por llegar. En un laborioso y discreto cabildeo, Gustavo Rodríguez Junquera estableció un diálogo fluido con la coordinadora de estrategia política de Miguel Márquez, Juana de la Cruz Martínez Andrade, para intervenir activamente en su propia sucesión.

Para ello, el titular de la PEDHG impulsó la participación de tres de sus subordinados en el proceso de selección: dos de sus subprocuradores y su secretario general.

Y aunque solo uno de ellos llegó a la terna, el subprocurador de Irapuato Raúl Montero de Alba, un discípulo de Rodríguez Junquera a lo largo de su carrera, el cabildeo fue de tal magnitud como para conformar la típica “terna de uno”, donde dos de los participantes parecen ir solo de relleno, como ya quedó en evidencia en las comparecencias ante la comisión legislativa que dictaminó la propuesta.

Las cosas están aun peor, pues hoy se sabe que el lobby desde la Procuraduría de los Derechos Humanos, ya sin Rodríguez al frente, aunque si operando tras bambalinas, prosigue para ofrecer a los otros dos integrantes de la terna posiciones en la nueva administración, para facilitar el tránsito.

Desde la Procuraduría encabezada por Juan Sámano Gómez como interino, se hace labor de relaciones públicas para favorecer las aspiraciones de Montero de Alba, pese a que no necesita mucho trabajo a su favor, pues la línea ya se dio en una reunión de los diputados panistas con Miguel Márquez Márquez convocada por la propia Juana de la Cruz Martínez hace pocos días.

¿Qué ofreció Rodríguez Junquera para consumar la hazaña de ser el primer procurador de los derechos humanos en dejar sucesor? Sencillo: más de lo mismo. Una instancia anuente con las necesidades de unas instituciones públicas cada vez más frágiles y más proclives a incumplir con la ley por su propia debilidad.

Y, sin embargo, segundas partes nunca fueron buenas. La línea de Rodríguez Junquera que lograba encubrir muy bien la simulación con una envoltura de sutilezas jurídicas, puede no ser igual con su discípulo, con lo que la tarea de válvula de escape que muchas veces cumple la PEDHG, puede verse sensiblemente limitada.

Al comprar tranquilidad, la venta de Rodríguez Junquera y Juanita de la Cruz Martínez, puede ser la fuente de, exactamente, todo lo contrario.

Con razón exclamó Márquez el otro día que no le importa “lo que digan los de Derechos Humanos”.

En realidad, nunca le han dicho nada… ni le dirán.

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