Arnoldo Cuellar

El mundo cambia ¿y nosotros?

In Botepronto, Zona Franca on noviembre 14, 2016 at 4:02 am

Más allá de lecturas iniciales de sorpresa por triunfo de Trump, lo cierto es que el mundo que conocimos se transforma y será una negligencia no prepararnos para ello.

Nuestros políticos locales, de todos los signos, están seguros de que la historia es eso que pasa en otra parte y que pueden ver cómodamente en los noticieros de la televisión. Algo sobre lo que están obligados a dar una opinión medianamente informada, pocas veces reflexiva y que en unos cuántos días pasará de moda.

¿Cuántos de nuestros flamantes precandidatos (son legión) a gobernador se han tomado la molestia de llamar a una rueda de prensa para analizar las posibles consecuencias de la elección de Donald Trump? ¿Las habrán pensado?

El gobernador Miguel Márquez dijo con una ingenuidad digna de mejor causa que procurará estar cerca de los guanajuatenses en los Estados Unidos, como si eso sirviera de consuelo. No fue lejos por la respuesta cuando un respetado miembro de esa comunidad le pidió que mejor se esfuerce por elevar las condiciones que obligan a tantos a migrar.

Al otro día de las elecciones escuché el arrebato de un veterano político entusiasmado por el desmentido rotundo del resultado electoral a los periódicos y a las encuestas. Naturalmente, era priista.

¿Qué nos queda de lo que muchos ven como una gran sorpresa, cuando en realidad era una posibilidad absolutamente viable?

En primer lugar están las consecuencias en el terreno práctico, donde con mayor o menor radicalismo, seguramente tendremos consecuencias.

Guanajuato es un estado que posee una doble integración con la economía y la política norteamericana: históricamente por la migración y las remesas que complementan la economía de cientos de miles de familias; y de unos años a la fecha por el boom de las exportaciones originadas en las empresas automotrices y su cadena de proveedores que han catapultado el valor del PIB a cifras inimaginables.

Un incremento en las políticas proteccionistas, un retroceso así sea mínimo en la lógica de la globalización y de la distribución internacional del trabajo y de los capitales, promovido como un eje central de la propuesta del próximo presidente norteamericano, impactará de lleno la dinámica de la economía estatal.

La aplicación de cargas fiscales al envío de remesas por ejemplo, puede complicar seriamente la vida de millones de personas en Guanajuato, sin que la superficial y tramposa política social del panismo esté en condiciones de paliar la situación.

Las remesas anuales a Guanajuato en los últimos dos años han superado los dos mil millones de dólares, con un crecimiento de casi el 8 por ciento de 2014 a 2015. Se trata de más de 40 mil millones de pesos anuales, dos terceras partes del presupuesto anual de los tres poderes del gobierno. Mientras tanto, la política social, impulsada con un endeudamiento, apenas llega a los tres mil millones de pesos por año.

Mañana, por ejemplo, se coloca la primera piedra de la nueva planta de Toyota en Apaseo el Alto, a un costo de mil millones de dólares, destinada a la fabricación del Corolla, actualmente ensamblado en Canadá en una planta próxima a reconvertirse.

Estos movimientos han sido posible sobre todo por la apertura de fronteras al flujo de capitales, partes de ensamblaje y productos terminados que iniciaron con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, el mismo que quiere revisar el próximo mandatario norteamericano.

Como estos, iremos descubriendo nuevos focos de alerta y quizás también áreas de oportunidad, que deberían obligar a los responsables de las políticas públicas locales a un enfoque constante, una capacidad de reacción y una imaginación abierta.

Más allá de las lecturas superficiales sobre las sorpresas que nos han deparado los procesos de consulta ciudadana vividos en este año en el mundo, elecciones y plebiscitos, lo cierto es que estamos enfrentados a un cambio de época que , a querer o no, modificará los parámetros de referencia en los que nos hemos movido hasta ahora.

Por eso resulta tan pobre que nuestros políticos sigan pensando que lo único importante son las próximas elecciones; que confíen en las estructuras corporativas para sacarlos adelante en ellas y que, lamentablemente, repitan los mismos errores que ya desde hace tiempo y sin necesidad de sorpresas lejanas, los tienen totalmente alejados de los ciudadanos a los que dicen gobernar.

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