Arnoldo Cuellar

Gabinete: ratificaciones, reapariciones, sorpresas y omisiones

In Botepronto, Zona Franca on septiembre 19, 2012 at 3:29 am

La decisión de formar un gabinete viene a ser la primera radiografía de un gobierno y habla, sobre todo, de tres cosas: de la visión que el mandatario tiene de su propio compromiso; de su imaginación para resolver un acertijo político y organizacional; y, finalmente, de las alianzas que ha decidido establecer.

El caso de Miguel Márquez no es la excepción. Vamos por partes.

La designación en la Secretaría de Gobierno reúne varias características. Antonio Salvador García López, ex alcalde, notario público y magistrado civil del Tribunal de Justicia hasta la víspera, obedece a dos adscripciones: la del grupo afiliado al senador  ex dirigente panista Fernando Torres Graciano, quien ha controlado los últimos años la agenda de asignaciones del Poder Judicial del Estado; y a los grupos de ultraderecha del PAN.

En, cambio, la llegada de Eusebio Vega a la Secretaría de Educación, resulta en un movimiento equilibrante, al incorporar a un profesionista liberal, egresado del IPN, a la secretaría de Educación, tradicional bastión de la ultraderecha local, por primera vez desde 1995. Podríamos decir que el Yunque salió de la SEG y entró a Gobierno.

Repiten en el gabinete dos funcionarios que fueron designados por Juan Manuel Oliva pero que se salvaron de la quema en que cayó ese grupo por su eficiencia en el trabajo: Carlos Zamarripa Aguirre en la PGR, quien aún deberá ser ratificado por el Congreso; y Héctor López Santillana, en Desarrollo Económico. Coincidentemente, ambos han sido reclamados por el sector privado de la entidad, desde donde se les otorga una amplia confianza.

Otro repetidor, con características muy distintas, es Javier Usabiaga Arroyo, el exitoso agroexportador que fue reclutado por Vicente Fox para el servicio público hace 17 años, a partir de donde desarrolló una carrera política que lo llevó a dos diputaciones federales, la primera de ellas interrumpida para ser secretario de Agricultura del país.

Usabiaga vuelve a Guanajuato tras de haber sido un férreo opositor de las aventuras políticas en las que alineó Márquez por dos ocasiones. En su aceptación hay un tufo a conciliación, pero también a resignación.

Llama poderosamente la atención el fichaje de José Antonio Durán Miranda, quien fuera durante una década un poderoso director de Infraestructura Vial, dependiente de la SOP, en los gobiernos de Carlos Medina y Vicente Fox. Durán pasó a la historia negra de la industria constructora de Guanajuato por sus amañadas licitaciones y su clara preferencia por ciertas compañías, en tanto que marginaba sistemáticamente a otras.

Leonés de origen, el ingeniero civil ha sido reconocido por su capacidad, pero también por su discrecionalidad y su autoritarismo. Los tiempos han cambiado mucho y el estilo de Durán puede ya no tener cabida, aunque tiene la suficiente inteligencia para adaptarse a las nuevas circunstancias. De cualquier manera, el arribo de este ex funcionario no parece la solución para el conflictivo problema del diezmo en la obra pública.

Muy anunciados, los arribos de Juan Ignacio Martín Solís, Éctor Jaime Ramírez Barba, Álvar Cabeza de Vaca, Juan Aguilera Cid y Christian Cruz, confirman los espacios del equipo de campaña. En ellos recae la columna vertebral del proyecto marquista del que han participado desde su génesis.

Llegados desde la sociedad civil, el médico irapuatense Ignacio Ortiz Aldana, nuevo secretario de Salud; la abogada leonesa María Isabel Tinoco Torres, próxima secretaria de Transparencia; y el ex funcionario federal Fernando Olivera Rocha, propuesto para Turismo, representan las propuestas frescas del gabinete y las que podrían ser atribuidas al análisis de currículos llegados al equipo de transición.

Todos ellos parecen conocedores de sus áreas y carentes de compromisos, hasta donde puede saberse. Por lo pronto gozan del beneficio de la duda sobre su desempeño.

En una primera impresión, el gabinete de Márquez muestra equilibrios en la inclusión de panistas y ciudadanos; aquellos parecen provenir de distintas corrientes y ninguno suena fuera de lugar por el perfil, lo que ya es mucho decir.

Queda, sin embargo, una grave deuda: la que han mantenido todos los gobiernos panistas y el de Márquez no es la excepción, con la política de equidad de género: una mujer en catorce designaciones significa una absoluta ausencia de compromiso con la apertura hacia el género femenino en Guanajuato.

No basta decir que esta ausencia se equilibrará en el gabinete ampliado, pues no hay manera de hacerlo. En el incumplimiento de un compromiso mínimo con este indicador de apertura, modernidad e igualdad, se muestra uno de los ángulos más nefastos del panismo de Guanajuato.

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