Arnoldo Cuellar

La tragedia celayense

In Análisis Político, Zona Franca on abril 2, 2012 at 3:22 am

La ciudad de Celaya, la tercera más poblada de Guanajuato, vive desde hace dos décadas un deterioro creciente de su estándar de vida, visible principalmente en sus altos índices de criminalidad y en la percepción de inseguridad que esa situación ha generado en los ciudadanos. Lamentablemente, a los integrantes de la clase política, de todos los partidos, la situación parece tenerlos sin cuidado.

La creciente presencia de grupos del crimen organizado en la región es evidente en las docenas de detenciones que se han realizado en los últimos meses. Sin embargo, con todo y ellas no se ha producido un freno al auge delictivo y la sensación de que la región se ha convertido en una verdadera tierra de nadie, se acrecienta día con día.

Hay evidencia de que el cuerpos policíaco de la ciudad e, incluso parte de su burocracia municipal, pudiera haber sido infiltrada por delincuentes de otras entidades que han sentado sus reales en la zona, por lo menos eso piensan autoridades en los niveles estatal y federal.

Esa situación se combina con el hecho de que la administración municipal ha estado en manos del mismo grupo político por casi una década, el encabezado por el ex alcalde José Rivera Carranza, esposo de la actual alcaldesa, Rubí Laura López Silva, que se identifica con el ala más derechista del PAN en la entidad y que tienen totalmente copada la estructura municipal de ese partido.

El desprestigio de la administración, cuya palmaria ineficiencia forma parte del deterioro de la situación política y social del municipio, llevó al PAN a tratar de dirigir el proceso de selección del candidato a alcalde con un criterio centralista y buscar un abanderado externo, pues la presencia de un aspirante del mismo grupo que ha gobernado las tres últimas administraciones prefiguraba el camino a una derrota segura.

Así surgió la posibilidad de que fuera un hombre de negocios, sin militancia política, quien pudiese recibir el apoyo del partido que ha tenido la mayoría en Celaya durante los últimos tres lustros. La coyuntura perfiló a Ismael Pérez Ordaz, un empresario inmobiliario que recibió el apoyo de prácticamente todo el sector privado de Celaya.

Pero cuando todo estaba listo para que el PAN le entregara su registro como candidato, el imprevisible Tribunal Estatal Electoral validó las impugnaciones de los panistas duros de Celaya, encabezados por el diputado federal Rubén Arellano Rodríguez, con lo que se cerró la posibilidad de una designación y reabrió la de una elección interna.

Esto no quiere decir que la candidatura de Pérez Ordaz esté invalidada, pero si que ahora deberá ir a una negociación con el grupo dominante del PAN celayense, el mismo que tiene hundido a este partido en la percepción local, para poder generar una candidatura de unidad. De lo contrario, el candidato sería Fernando Hurtado, un funcionario estatal de trayectoria más que gris, ligado a las redes olivistas desde su inicio.

En el PRI, la segunda fuerza política del municipio y teóricamente quien podría aprovechar la crisis panista, las cosas no están mejor. Este partido se quedó sin candidato al intentar cooptar a un empresario del mismo corte que Pérez Ordaz, lo que no pudo hacer.

La particular falta de sutileza y de trabajo político del candidato a la gubernatura Juan Ignacio Torres Landa, cerró cualquier posibilidad de postular a un ciudadano sin partido. Finalmente, trató de imponer al líder local priista Juan Khoury Siman, quien rechazó el dudoso honor.

Ha sido el dirigente estatal del PRI, José Luis González Uribe, celayense de origen, quien ha visto en la ausencia de candidato de su partido en Celaya la posibilidad de una ruta de escape ante la incómoda situación en que lo ha colocado Torres Landa, quien ni le da su lugar ni tampoco le ofreció una salida digna. El todavía líder priista ya anunció su interés en ser candidato a la alcaldía y su convicción de que puede hacer un buen papel.

Lo dramático, lo terrible de todos estos devaneos partidistas se encuentra en la falta de interés de candidatos y partidos acerca de lo que realmente ocurre con Celaya y con sus ciudadanos. Mientras que para el PAN la candidatura sólo se centra en la posibilidad de mantener privilegios; para el PRI, la circunstancia celayense sólo es un vacío a llenar.

Ningún partido ha mostrado la disposición de acudir a dialogar con la sociedad de Celaya en todos sus sectores y tratar de ofrecer alternativas. Por lo menos eso no ha existido en el diseño original de las alternativas para ese municipio.

Tampoco lo han hecho los aspirantes a la gubernatura. Para el panista Miguel Márquez la salida fácil fue el ofrecimiento de la candidatura a un externo, como si se tratara de endosar la grave responsabilidad de frenar y revertir el deterioro a la sociedad civil. Lo mismo intentó Torres Landa en una copia de la intención panista.

La situación de Celaya ofrece la cara más radical de la crisis en la que ya se encuentran los partidos políticos en Guanajuato: carentes de soluciones, de imaginación y de voluntad para enfrentar los aspectos más dolorosos de nuestra realidad como sociedad.

Resulta hasta cómodo plantearle a los empresarios que vayan a arreglar los problemas que crearon y acrecentaron los políticos. Parece también una enorme muestra de infantilismo: dejar un tiradero y esperar que sean otros los que acudan a recogerlo.

Con la sentencia del TEEG, lo más probable es que vayan a ser los partidos, sin ayudas externas, los que diriman la elección de Celaya con sus propios cuadros. Se trataría de la última oportunidad para mostrar que la clase política puede asumir responsabilidades y ser parte de las soluciones y no sólo cómplice de los problemas.

Ojalá quieran y puedan hacerlo, antes de que se generalice la consigna vigente ya en otras latitudes con respecto a los políticos: que se vayan todos.

arnoldocuellar@zonafranca.mx

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