Arnoldo Cuellar

DÍAS DE GUARDAR Domingo 10 de abril de 2022

In Análisis Político, Días de Guardar, POPLab on abril 10, 2022 at 12:38 pm
Arte: @PincheEinnar

* Aldo Márquez, cumpleaños para el protagonismo político

* Juan Carlos Muñoz: la feria como coto privado

* Agripino, el rector que soslayó la violencia en las aulas

1.- Una precampaña olivista, pero en tono fifí

El cumpleaños 36 del legislador panista Aldo Iván Márquez Becerra se convirtió en un verdadero road show político y mediático que colocó al ex funcionario de desarrollo social y frustrado aspirante a la dirigencia estatal panista en el arrancadero de las campañas preelectorales del 2024.

Al menos 3 comidas en Guanajuato, León y Purísima del Rincón, donde se reunió la crema de la clase gobernante panista, y algunos colados de otros partidos, una de las cuales tuvo como protagonista al mismísimo dirigente nacional, Marko Cortés Mendoza, hicieron voltear a ver al protegido del poderoso jefe de gabinete Juan Carlos Alcántara y hermano del vocero dieguista **Alan Sahir.

¿Quién es este diputado que parece disfrutar de la vida social y los convites, cómo se vio en el cumpleaños de la directora de la feria de León, Guadalupe Robles, cuando la funcionaria usó recursos públicos para celebrarse?

¿De qué méritos goza este joven emprendedor de servicios turísticos como para que se le hubiera pensado como posible jefe político estatal del PAN, hasta que se le atravesó su tío Miguel Márquez Márquez?

¿Es tan grande la simpatía de este nuevo cuadro panista que puede sentar en una mesa a medio gabinete de Diego, incluyendo a los que se menciona como aspirantes a suceder a su jefe, a casi toda la bancada panista, a alcaldes y diputados federales?

¿O simplemente se está generando una cargada artificial desde la influyente oficina de Alcántara para construir a un prospecto de candidato que perpetúe a este grupo en el poder?

Más allá del estilo panista de hacer campañas en comilonas, inaugurado en la era de Juan Manuel Oliva, cuando este partido recicló usos priistas como «la cargada»y «el tapadismo», lo que sobresale es la ausencia de plan, de proyecto o de idea para afrontar los retos del estado, ante la prevalencia simple de las lealtades de grupo.

Para Juan Carlos Alcántara, muy seguramente con el beneplácito de Diego Sinhue Rodríguez, resulta por demás sencillo armar una cargada: es quien maneja los resortes presupuestales del gobierno, el qué decide los programas que son apoyados y los que sufren recortes, el que acomoda las nóminas de todas las dependencias, el dispensador de favores y de suertes políticas.

Ningún diputado o alcalde que esté pensando en la reelección dentro de Acción Nacional puede correr el riesgo de malquistarse con el jefe de gabinete estatal, ni siquiera los de la oposición, si quieren que algunas de sus iniciativas y planes prosperen.

Si la división de poderes es una entelequia en el Guanajuato de hoy, como ocurría con el PRI del siglo XX, mucho menos existe vida partidista autónoma. Con la cargada que está propiciando el círculo cero en torno a Sinhue, muy pronto dejarán atrás a otros aspirantes. La subordinación al poder de Juan Carlos Alcántara mostrada por Alejandra Gutiérrez, Luis Ernesto Ayala y Jesús Oviedo, irá lastrando sus posibilidades.

La exhibición más crasa del panismo guanajuatense vertical y antidemocrático quedó registrada en la presencia vergonzante del «ombudsperson» panista, Vicente Esqueda, en la cargada exhibida en la fiesta en Jalpa de Cánovas, rondando en la periferia como si hiciera méritos y dejando en evidencia que la alta misión de defender los derechos humanos de los ciudadanos del estado es simplemente una plataforma para su reivindicación política.

Así se construye una nueva candidatura de parte de una clase política tan clientelar y arribista como aquella a la que relevaron hace 30 años e igual de ineficiente en la atención de las responsabilidades del estado.

Y como no hay oposición, ¡a darle vuelo a la hilacha!

2.- Feria de León: un empresario haciendo el peor negocio

El integrante de una de las familias empresariales más respetadas de León y de Guanajuato, Juan Carlos Muñoz Márquez, llegó al servicio público de la mano del ex gobernador Juan Manuel Oliva, quien lo puso al frente de la Expo Bicentenario en el año 2010, un espacio de festejos que dilapidó recursos y heredó una costosa infraestructura altamente improductiva.

El hijo de J. Refugio Muñoz Herrera, fundador de la icónica empresa de fletes Transportes Castores, optó por una carrera política, dejando de lado las responsabilidades empresariales. Ha sido legislador federal y local, ha buscado infructuosamente la candidatura a alcalde al menos en dos ocasiones.

La última diputación federal lo llevó a una confrontación con Juan Carlos Romero Hicks, coordinador de la bancada panista, al no concedérsele una presidencia de comisión, su objetivo era la de Transporte que ya había tenido en otra legislatura, sin importar el evidente conflicto de interés a causa del negocio familiar.

Muñoz Márquez dejó la curul en manos de un suplente para venir a hacerse cargo de la presidencia del patronato de la Feria de León, por invitación de Diego Sinhue Rodríguez, quien lo apoyó con inversiones cuantiosas de recursos estatales para renovar espacios como el nuevo estacionamiento y el edificio de restaurantes, pomposamente bautizado Distrito León Mx.

Sin embargo, la proverbial soberbia del empresario devenido político, la falta de supervisión desde instancias estatales y municipales y el ninguneo de su consejo, convirtieron a ese espacio de diversión popular y de promoción de la ciudad en un coto de negocios privados, de abuso de poder y de violaciones a la ley.

La presencia de los empresarios en política, defendida hasta la ignominia por el PAN, siempre fue vendida como la oportunidad de volver productivos a los burocráticos organismos públicos.

Hoy se sabe que no, que desde espacios como la feria o Sapal se ha privilegiado la conversión de decisiones públicas en prácticas de saqueo privadas, a ciencia y paciencia de los políticos que, simplemente, no tienen manera de hacer respetar la ley y meter en cintura la voracidad desatada de quienes tienen todo pero quieren más.

Juan Carlos Muñoz difícilmente logrará su sueño de ser candidato y alcalde por el PAN. En el camino, sin embargo, ha depredado los cargos que le fueron encomendados, ha tomado decisiones equivocadas, probablemente ha cometido faltas administrativas y hasta posibles delitos y ha puesto en un predicamento a su familia, cuyo amplio crédito como emprendedores exitosos y honorables está fuera de cuestión.

Vaya paradoja: este hombre de cultura empresarial vino a la función pública a hacer el peor negocio del mundo.

3.- La Universidad de Agripino: una crisis interminable

La educación está sometida a muchas tensiones en nuestro tiempos. No ha sido menor la ausencia presencial en las aulas de maestros y alumnos, provocada por la pandemia de COVID-19; sin embargo, muchos de los mayores rezagos institucionales para lograr una educación de calidad ya estaban allí desde antes.

La Universidad de Guanajuato vivió una crisis grave, no vista en su historia, justo a finales de 2019, el año previo a la emergencia sanitaria. El paro estudiantil provocado por una larga y soterrada inconformidad con la desatención burocrática a urgencias y necesidades de la comunidad estudiantil, estalló a causa de la violencia de género y de la inseguridad en los campus, pero pudieron haber sido muchos sus detonantes.

Uno de los más conspicuos integrantes de la burocracia universitaria, Luis Felipe Guerrero Agripino, llegó a rector en 2015 preocupado por acrecentar su poder, aumentar los espacios administrativos y gastar dinero en todo menos en la cuestión sustantiva de la calidad educativa, de la que forma parte la política de servicios al alumnado.

Con una óptica de casta dorada, donde los buenos puestos se reparten bajo esquemas de amiguismo, la visión humanista de una universidad al servicio de sus estudiantes, se perdió a lo largo de estos años. Por eso nunca pudieron ver la inconformidad que se acumulaba y el deterioro del clima interno en los campus, acechado por problemas internos y factores externos.

Lo grave es que la ceguera continuó y que la pandemia se usó como pretexto para no avanzar, para invisibilizar las causas de la inconformidad estudiantil y para continuar instalados en una visión de disfrute de las prebendas desde los altos cargos.

Agripino no quería regresar a las clases presenciales, pese a continuos llamamientos desde el gobierno del estado. Cuando no pudo retrasar más el retorno, ocurrió lo inevitable: en las primeras semanas se presentaron nuevas protestas por temas de violencia de género en la aulas en las preparatorias de León y Guanajuato.

Las soluciones son las mismas: cambiar funcionarios para imponer a otros igualmente carentes de herramientas, pero sin entender que el problema es estructural. De nada ha servido crear una nueva área burocrática: la dirección de igualdad y corresponsabilidad social, a cargo de Arminda Balbuena Cisneros, que lo mismo ha sido especialista electoral que anticorrupción y ahora de igualdad, surfeando sobre todos los cargos.

Agripino terminará sus dos periodos siendo recordado como el rector que provocó el primer paro estudiantil universitario en décadas y por la constante revictimización desde el poder universitario a quienes padecen la violencia patriarcal de una universidad que perdió el rumbo humanista a manos de una clase dorada, llena de títulos pero carente de la menor sensibilidad y empatía.

Así empezó su rectorado, con el caso de Julio César Kala estallándole en las manos. Y así lo acabará. En medio de ello, todavía sueña con dejar sucesor. Increíble.

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