Arnoldo Cuellar

DÍAS DE GUARDAR Domingo 15 de diciembre de 2019

In Análisis Político, Días de Guardar, POPLab on diciembre 14, 2019 at 10:35 pm

* UG: la autonomía quedó solo en autocomplacencia

* Diego y sus muchachos se percatan de que no se gobierna para la foto

* Luis Alberto Ramos, misión cumplida

Ilustraciones: @PincheEinnar

1.- La autonomía que servía para no rendir cuentas se hizo pedazos

Cuando Luis Felipe Guerrero Agripino se plantó ante el coordinador parlamentario panista Éctor Jaime Ramírez Barba, la pasada legislatura, para sabotear el espíritu del naciente Sistema Estatal Anticorrupción, se encontraba en el apogeo de su poder no como rector, sino prácticamente como dueño de la Universidad de Guanajuato.

Agripino convenció a Ramírez Barba, también universitario y miembro del grupo romerista, de que la nueva disposición de la ley anticorrupción para que los contralores internos de los órganos autónomos fuesen designados por el Congreso, no se aplicara en la UG, bajo el socorrido pretexto de “la autonomía”.

Así, en la reforma a la Ley Orgánica de la Universidad derivada de la creación del SEA, el Congreso dejó que fuese la propia institución, a través de un Consejo General Universitario totalmente controlado por el rector general, quien designara al titular de su órgano de control.

Guerrero Agripino tuvo el cinismo de simplemente ratificar a quien ya había designado contralora a su llegada, la abogada Adriana de Santiago Álvarez, la misma que fue su compañera de estudios y de aventuras estudiantiles y profesionales en diversas etapas de su carrera.

Así, la autonomía, un concepto cuyo origen fundacional es la defensa y el respeto a la libertad de cátedra y la libertad de pensamiento, quedó convertida simplemente en un esquema de complicidades y de trampa para la rendición de cuentas de una entidad que maneja un presupuesto similar al del mayor municipio del estado, pero que lo hace sin supervisión alguna.

Diego Sinhue Rodríguez y sus muchachos no deben extrañarse de no saber nada de lo que internamente ocurre en la Universidad de Guanajuato, pues se trata de un sistema de autogobierno cerrado.

Sin embargo, el pretendido control que Agripino ejercía sobre la institución y “vendía” al gobierno del estado como un factor de gobernabilidad, quedó exhibido y despedazado por la revuelta pacífica de los estudiantes que le impidieron entrar a su “oficina inteligente” de seis millones de pesos durante media semana.

Hoy, Juan Carlos Alcántara y su burbuja cero saben que tienen un flanco abierto en el sector estudiantil, gracias a la frivolidad y el descuido de quien siempre se había presentado como un funcionario dueño de situaciones y de soluciones. La autonomía, que había servido para ocultar información y limitar la fiscalización externa quedó finalmente exhibida en su ineficacia.

Agripino ni siquiera ha podido enfrentar con claridad y capacidad el problema de la violencia de género en las aulas, que le compete totalmente, mucho menos podrá hacerlo con los reclamos de seguridad en las inmediaciones de los campus, a menos que establezca una política de acuerdos con los municipios donde también la Universidad aporte soluciones y recursos. 

Quede ahí para la historia la justificación que le dio al rector Agripino a las diputadas de la Comisión de Equidad de Género del Congreso, cuando arguyó que no podía prometer la erradicación del acoso en una comunidad de 70 mil personas. Con ese razonamiento, tampoco debió de habérsele permitido escapar a la supervisión de un órgano de control designado de forma externa por el Congreso, pues una comunidad tan extensa y diversa no puede quedar sujeta a la voluntad de un autócrata.

Por cierto, la concesión de designar a su contralora in house no fue gratuita. El pacto Agripino – Ramírez Barba tuvo otra consecuencia: la designación de Carlos Hidalgo Valadez, como rector del campus León por parte de la controladísima Junta Directiva de la UG, para devolverle la hegemonía a la corriente de médicos que abandera en la facultad de medicina el hoy diputado federal panista. Hidalgo es el único rector que mantuvo el paro una semana más que el resto de las instalaciones universitarias.

Poco podrá hacerse por cambiar esta situación. Las escasas prendas políticas del gobernador y sus operadores y la terca vanidad de Guerrero Agripino hacen esperar nuevos sobresaltos en los tiempos que vienen, pues todo indica que desde el sector estudiantil no hay ánimo para regresar al silencio y la resignación de los tiempos pasados, esa resignación que en cambio si parece ser el signo de un profesorado sujeto en su comportamiento a la indignidad del pan y el palo.

2.- No es con selfies como se modifica la realidad

La crisis de la seguridad expuesta en los continuos ataques a policías en los municipios de la franja del huachicol; la crisis humanitaria reflejada en el surgimiento de grupos de búsqueda y localización de desaparecidos; la crisis de expectativas del sector joven de la población, reflejada en las movilizaciones del otoño en los principales municipios del estado, están generando un reto de gobernabilidad ante el que no parece haber respuesta del principal responsable de la política estatal.

El gobernador Diego Sinhue Rodríguez Vallejo eligió un gabinete que en su primer año solo ha mostrado mediocridad y grisura. Si se lo impusieron bajo presión o negociación, si Miguel Márquez fue determinante en poner condiciones a la candidatura de su delfín, eso hoy ya no importa.

Quien asume plena responsabilidad de la elección de un equipo sin capacidad de respuesta frente a los retos crecientes del estado, es quien gobierna, quien recibió lo votos y la confianza del electorado.

No se ve por dónde un Luis Ernesto Ayala, secretario de gobierno formal , pero autolimitado por decisión propia y limitado por su desconocimiento del estado, pueda activar para ayudar a Sinhue a ir desahogando los pendientes que se acumulan. Su encomienda de “coordinador” del eje de seguridad es una buena historia de ficción, si no es que una fake news. A Carlos Zamarripa y a Alvar Cabeza de Vaca no los coordina nadie y ejercen un poder no autónomo sino omnímodo en la estructura del gobierno y sobre los municipios.

Juan Carlos Alcántara, jefe de gabinete y secretario de gobierno alterno, no ejerce facultades formales y su fuerza solo depende de la cercanía con Diego Sinhue. Sin embargo, su lectura deficiente de la realidad de Guanajuato, su falta de experiencia como “hombre de estado” y su proclividad a la intriga cortesana, tampoco ayudan a gestionar la complicada agenda política de Guanajuato.

Desde el partido en el poder, es un decir, solo se echa más leña al fuego, al plantear Román Cifuentes una limitada agenda de antilopezobradorismo, que muy poco ayudará a Sinhue a obtener respaldos sustanciales para enfrentar las crisis.

El Congreso es un absoluto cero a la izquierda, una oficialía de partes para sacar adelante los pendientes del Ejecutivo sin lectura crítica, un poder sometido que recuerda los peores días del PRI, justamente el mismo escenario que llevó a aquel partido a la debacle al dejarlo sin sensores que transmiten las inquietudes de la sociedad.

Gobernar con eventos de postín, con escenarios artificiales, con redes sociales usadas solo como propaganda y no para retroalimentar, con selfies desangeladas, no parece estar funcionando.

Es hora de recomponer en un sexenio que aún es joven. ¿Habrá disposición? ¿Y capacidad?

3.- Luis Alberto Ramos o la construcción de una sociedad civil participativa

Este sábado una noticia conmocionó a diferentes sectores de la sociedad de León y del estado: el inesperado fallecimiento del presidente del Observatorio Ciudadano de León, Luis Alberto Ramos.

Profesionista, servidor público y emprendedor, Luis Alberto se dedicó en los años recientes a una tarea que exige mucho y que deja poco en lo personal, salvo reconocimiento de la sociedad y enemistades de hombres y mujeres poderosas: la construcción de espacios de representación de los gobernador frente a la autoridad.

Sin la tesonera labor de Luis Alberto al frente del Observatorio Ciudadano de León, hilando hebras diplomáticas con críticas a la actuación de diversos alcaldes, quizá este órgano nunca se hubiera sacudido la impronta de su nacimiento a la sombra del político panista Carlos Medina Plascencia.

La presidencia de Ramos, que estaba próxima a concluir, dotó de institucionalidad a un órgano que pudo haber sucumbido a tentaciones partidistas, sobre todo cuando se rompió la hegemonía panista en el gobierno de León en el año 2012.

Desde el OCL, el contador Ramos se hizo presente en numerosas batallas ciudadanas, tratando de entender allí donde surgían temas diferentes a los manejados en su carrera, pero ofreciendo siempre una mano abierta.

Si el Observatorio Ciudadano de León tiene hoy una credibilidad y su ejemplo ha cundido en otros espacios, en buena medida se debe al trabajo de Luis Alberto Ramos.

Se le va a extrañar.

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