Arnoldo Cuellar

Gobierno y partidos, perdidos

In Análisis Político, POPLab on octubre 21, 2019 at 4:00 am

En Celaya, el dirigente del PAN Marko Cortés dijo este fin de semana que mientras el gobierno federal se arrodilla ante el crimen organizado, en Guanajuato se le combate y no se deja entrar a cárteles foráneos.

No se puede criticar al dirigente panista por aprovechar la enorme pifia del gobierno federal en la fallida operación que culminó con la batalla de Culiacán del jueves pasado, para que se lance con todo en contra de quien parecía un adversario inalcanzable.

Sin embargo, pasar del oportuno aprovechamiento de un error del acérrimo rival a mentir descaradamente, debilita mucho la racionalidad de esta oposición que no solo debería estar preocupada por detener a AMLO y restarle capacidad de maniobra, sino también por ofrecer soluciones inteligentes a los ciudadanos que la conviertan de nuevo en opción de gobierno.

Marko Cortés en Celaya. Foto: Periódico Correo

Y es que venir a decir a Celaya que “en Guanajuato se combate al crimen” no es una falsedad venial, sino que constituye un verdadero despropósito. Es la misma Celaya donde hace tres semanas se vivió la protesta masiva más importante de los últimos tiempos por la violencia vivida por los habitantes de esa ciudad, víctimas de asaltos, extorsiones y agresiones mortales por parte de pandillas criminales que tienen dominada a la ciudad, frente a la pasividad de sus autoridades, provenientes del PAN.

El PAN no puede limitarse a aprovechar los errores de López Obrador para reconstruirse como partido, sería una visión corta que solo exhibiría la carencia de una capacidad de regeneración como fuerza política y la imposibilidad de hacer surgir una propuesta que se ocupe de lo principal: ofrecer soluciones para esos problemas reales a los que la Cuarta Transformación se está enfrentando con una evidente insuficiencia.

Y adornar el discurso crítico con mentiras flagrantes, como la de que en Guanajuato se combate a la delincuencia, no hace más que poner en evidencia que la apuesta de los críticos también es la simulación, lo que deja expuesta a toda la clase política como carente de soluciones frente a los problemas que ellos mismos crearon o dejaron crecer cuando tuvieron la oportunidad de gobernar.

Porque aquí, durante casi 12 años, los sexenios de Juan Manuel Oliva y Miguel Márquez, se incubó el nacimiento y la consolidación de un cartel local, al mismo tiempo que no se tenía éxito alguna en impedir el ingreso de otras fuerzas criminales. Esos dos gobiernos fueron panistas, a menos que Marko Cortés quiera desconocerlos al calor de las circunstancias.

Venir a decir que se combate al crimen en el estado que tiene la mayor cantidad de homicidios del 2019 y que vio como se derrumbaban todas sus certezas en los últimos meses, no solo constituye una burla, sino que pone en duda seriamente que quien lo afirma tenga o conocimiento de la realidad o la más mínima vergüenza.

Sin duda lo ocurrido en Sinaloa es grave y amerita un debate serio y profundo, incluso ríspido, en todos los niveles, en los medios, en las cámaras, en la Conago, desde las dirigencias partidistas, en la base de la sociedad.

Pero si ese debate empieza con bufonadas como la Marko Cortés en Celaya ante sus diputados, los mismos que permitieron la consolidación del Fiscal más Carnal de México, sabremos que las fuerzas políticas, lo que queda de ellas, no tienen la menor idea sobre el qué hacer para hacer frente a los gravísimos problemas del país.

El gobierno que encabeza López Obrador se fue a topar en Sinaloa con uno de los grupos criminales más fuertes, despiadados y longevos del país, convertido ya en una trasnacional del crimen. Lo hizo sin prepararse, sin una estrategia, sin información y sin alternativas. Como él mismo lo ha criticado de Felipe Calderón, fue a darle “un palo al avispero”. Amerita críticas y reclamos como los que están surgiendo en todas las redes, en todos los medios y en la sociedad.

Sin embargo, en Guanajuato se dejó crecer un cártel, se le cobijó, se le dejó actuar a placer, casi podríamos decir que se le incubó. Y de eso, del nacimiento, surgimiento y gran negocio que significó el robo y trasiego de huachicol por parte del cártel de Santa Rosa de Lima, de eso el PAN no nos ha dado una sola explicación.

Y aunque a partir de la intervención federal de este año, la comunidad de ese nombre en Villagrán ha sido convertida en una verdadera aldea estratégica donde todos sus habitantes están señalados como posibles cómplices del grupo criminal y han sido reprimidos, lo cierto es que se ha fallado en la captura de la cabeza del grupo a grado tal que se tuvo que generar la tesis de que capturar al Marro “no era el objetivo”.

La dimensión de la amenaza que se cierne sobre todos nosotros, la desaparición de facto del estado de derecho y la impunidad brutal de quienes ha vuelto rehén a toda la sociedad mexicana, no parece ser un tema para las descalificaciones desde el poder o para la guerra de lodo de los partidos.

A menos que el plan de todos los políticos sea terminar de hundirnos.

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