Arnoldo Cuellar

Sociedad civil empoderada; políticos declinantes

In Botepronto, Zona Franca on septiembre 17, 2017 at 9:57 pm

No solo por eso, pero reforzados sin duda por ello, grupos diversos de la sociedad civil acuden al rescate de la política ante el indetenible desprestigio que se autoinfligen los políticos de todos los partidos.

Desde las marchas contra el feminicidio, como la de este domingo en León donde centenares de mujeres empoderadas salieron a manifestar su exigencia de espacios seguros como una obligación del estado, hasta incipientes movimientos de confluencia en torno a reclamos como el de #SinVotoNoHayDinero o #PorUnaFiscaliaQueSirva, hoy se aprecia una sociedad civil en movimiento en Guanajuato.

No solo se presenta el fenómeno en el terreno de la política, pues también los miles de ciudadanos que están peleando en las ciudades del estado por más seguridad en sus colonias, que piden iluminación y patrullajes o que ya en el extremo cierran y enrejan calles, están a su manera cuestionando la eficacia de la autoridad.

En León los adultos mayores han protagonizado un movimiento vigoroso y constante para obligar a las empresas de transporte y al gobierno municipal a respetar las gratuidades que otorgaron mañosamente en el pasado para justificar incrementos y que empezaron a regatear al poco tiempo.

En las Universidades, sobre todo las de carácter público, se aprecian inconformidades con las prioridades de sus directivos y con la falta de recursos para la docencia y la investigación.

Las organizaciones empresariales empiezan a volverse más críticas y menos cómplices de los gobiernos, obligadas sobre todo por el descrédito de los políticos.

Y ese parece ser, sobre todo, el quid de este nuevo protagonismo social que no es optimista ni soñador, sino muy racional y consciente de que debe ir buscando una solución a la vez.

El desprestigio de los políticos ya no solo es producto de una mala percepción. Hoy por hoy, el fracaso de las políticas públicas y el sabotaje que se le hace a las mismas desde los propios escritorios de quienes las deberían llevar a buen puerto, es lo que más indignación causa.

Que desde el gobierno estatal se nos diga que se invertirán miles de millones en una solución tecnológica al problema de la inseguridad y que después que esta empeora la única respuesta sea un regaño a los ciudadanos por tener demasiadas expectativas, es una auténtica burla.

Que se fumigue por años contra el dengue, gastando ingentes recursos públicos y despreciando las opiniones de quienes critican la estrategia por ineficiente y riesgosa, para después, cuando surge una epidemia venir a regañar al público y decirle que la fumigación no era la solución, no solo es burla sino cinismo y cara dura.

Que la administración pública se llene de parientes de los altos funcionarios a todos los niveles, o que se reserven los cargos solo para los panistas fieles a la causa coyuntural que impulsa el gobernador, y que luego se nos venga a decir que esos altos burócratas están allí “por capaces” y porque “tienen el perfil”, no solo es cinismo sino también un insulto a la inteligencia de la población.

Lo más grave es que hoy por hoy la solución a la quiebra de las expectativas ciudadanas en los gobiernos de estado y municipios ya ni siquiera parece encontrarse en las otras formaciones políticas, agotadas ellas mismas en su escasa capacidad de equilibrar a la mayoría, en su exigua imaginación y hasta en su complicidad.

Por eso, hace falta empezar a limitar a los partidos políticos con iniciativas como la de restringirles el acceso a fondos públicos y empezar a empoderar opciones ciudadanas independientes.

Se nos quiere espantar con el petate del muerto de que solo los partidos tiene capacidad de conducir políticamente a la sociedad, como una forma de decirnos que aunque el remedio no funcione debemos tomarnos taza y media.

Parece que esto ya no se los compra nadie. Ante la ignorancia, la ineficiencia, el cinismo, la doble moral y la deshonestidad de los políticos de todos los partidos habrá que experimentar otras soluciones.

¿Que nos va a ir mal? pues ya nos va mal y además les pagamos carísimo el que nos hagan el favor de dizque representarnos. Tuvieron el monopolio de la representación pública por décadas y lo han desperdiciado lamentablemente. Es patético que su única defensa sea nuestra resignación. A otro perro con ese hueso.

Por lo pronto hoy nos vemos en la Alhóndiga de Granaditas a las 9 de la mañana en la presentación de la iniciativa Sin voto no hay dinero.

 

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