Arnoldo Cuellar

El Congreso, una coladera

In Botepronto, Zona Franca on diciembre 7, 2016 at 3:50 am

Filtración de auditorías contra partidos opositores y en defensa de políticos panistas, evidencia el carácter sectario de la fiscalización que practica el actual Congreso, pese a ínfulas de apertura y transparencia

Ya casi es normal que los reportes de auditorías que comunica la ASEG a la Comisión de Hacienda del Congreso terminen en la redacción de los medios de comunicación antes que los portafolios de los diputados que deberían dictaminarlas.

El Congreso ha pasado de “transparente” a ser una auténtica coladera, con la consecuencia de que se está solapando la impunidad al convertir la rendición de cuentas en un circo mediático y no en un instrumento de control gubernamental.

En los últimos tiempos ha quedado claro que la clase política, que se aprovecha de privilegios salariales por encima del promedio de los profesionistas calificados, no actúa en atención a los altos intereses que dice representar, sino solo en aras de las pequeñas ganancias que le arriendan las maniobras políticas de corto plazo.

Es evidente que en Guanajuato los políticos del PAN no quieren castigar los posibles excesos de Bárbara Botello en la administración de León, pero sí pretenden desprestigiarla como política.

En ese afán, ni siquiera se dan cuenta de que ya no hace falta pues la calificación más baja se la otorgaron los propios ciudadanos a los que gobernó, desde hace tiempo.

Sin embargo, al filtrar la auditoria al medio de comunicación que ha convertido en un leitmotive los señalamientos contra la exlcaldesa priista, los diputados panistas que lo hicieron están contribuyendo a la impunidad, al poner en alerta a los responsables y trivializar la rendición de cuentas convirtiéndola en una simple rencilla política.

Con la satanización que deriva del puro tratamiento periodístico, Botello puede manejar la tesis de una persecución política, al mismo tiempo que se aleja la posibilidad de que pueda responder de sus actos ante un órgano competente.

Cuando dos días después desde la misma Comisión de Hacienda, presidida por la panista Elvira Paniagua, se filtra la auditoría a la compra de los terrenos de Toyota, que le otorga una amplia exoneración a Miguel Márquez y a la que poco le falta para que terminen extendiéndole una felicitación por su eficaz política de atracción y subsidio a las inversiones, las cosas quedan más claras.

Resulta evidente hasta para el más negado, que la Comisión de Hacienda de la actual legislatura ha terminado por convertirse en un órgano de ataque político a los enemigos del PAN y de defensa de los gobernantes de este partido.

El problema es que esta forma de conducirse nada tiene que ver con las pretensiones que se ha impuesto al actual legislatura de órgano profesional, abierto y transparente, sino que nos recuerda las peores épocas del golpeteo entre facciones políticas.

Es una pena que los anchos pasillos del Palacio en la Montaña que se construyeron los diputados de Guanajuato, a un costo exorbitante no hay que olvidar, sirva para albergar pasiones tan mezquinas y un nivel político de alcantarilla.

Como se sabe: el hábito no hace al monje.

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