Arnoldo Cuellar

El caso Kala: ¿por qué miente un académico laureado?

In Botepronto, Zona Franca on febrero 16, 2016 at 3:13 am

El investigador SNI de la UG no tiene reparo en usar falsedades nimias, aunque flagrantes, en su defensa, lo que obliga a sospechar si todo su discurso de inocencia no estará basado, también, en una mentira.

El doctor Julio César Kala, profesor normalista de origen, especializado en criminología en el Instituto Nacional de Ciencias Penales de la PGR, llegó a la Universidad de Guanajuato en el año 2007, a su Facultad de Derecho, donde coincidió con el actual rector general, Luis Felipe Guerrero Agripino, entonces director del área, con quien comparte la especialidad.

Con un impresionante currículum, el doctor Kala escaló posiciones y asumió diversas responsabilidades, no solo académicas, sino también tuvo otro tipo de asignaciones como contratos especiales para hacer diagnósticos en su especialidad. En general, su inserción y su crecimiento han sido meteóricos.

Ya como asesor de Guerrero Agripino en la rectoría del campus Guanajuato, Kala asumió el cargo de integrante de la Junta Directiva de la UG, sin abandonar nunca la vinculación y la asesoría con quien era un abierto candidato a rector general, como se vio a la vuelta de los meses.

En un momento clave del proceso de crecimiento del tándem Agripino – Kala, en el mes de agosto de 2015, ya iniciada la contienda por la rectoría y a punto de arrancar las comparecencias en los campus, es cuando ocurre el fatal incidente que hoy tiene a Kala en el ojo del huracán y a Guerrero Agripino en un grave predicamento: el acoso y la agresión a una becaria egresada de la carrera de derecho que trabajaba bajo sus órdenes.

Allí todo se descompuso. La joven agredida, de acuerdo a su narración, había formado parte de la campaña de Agripino y del círculo cercano a sus aspiraciones. Su denuncia, a la semana de los hechos, fue retardada por razones políticas y, a la postre, desdeñada.

Es aquí donde puede detectarse una de las primeras falsedades del doctor Kala en sus desesperados intentos de deshacerse de los señalamientos que le han sido imputados.

El viernes pasado, en una carta que me dirige, asevera:

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Lo que Kala omite decir, dolosamente a mi parecer, es que el caso se ventila en la PEDHG porque allí lo denunció la becaria después de que peregrinó un mes ante diversas instancias universitarias que nunca consideraron pertinente abrir una investigación.

La “ventilación del caso en cuestión” en la Comisión de Honor y Justicia del Consejo General Universitario apenas inició este mes de febrero, seis meses después de ocurridos los hechos y cuatro posteriores a la primera denuncia de la presunta víctima ante instancias de la UG.

Es decir, el “arropamiento”, la lenidad o incluso la negligencia de las autoridades en el caso es innegable, como debería ser evidente para un doctorado en criminalística miembro del Sistema Nacional de Investigadores Nivel II. La propia autoridad universitaria ha encontrado una justificación para ese hecho en “la ausencia de protocolos” para atender la violencia de género.

Esa no es la única mentira de Julio César Kala, probablemente tampoco la última. En otra parte de su misiva, señala:

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El motivo de la inconformidad es un señalamiento en mi artículo del pasado viernes 12 de febrero, donde tomo la presencia de Julio César Kala en dicho evento, como representante de Luis Felipe Guerrero, como una nueva evidencia de este “arropamiento” o protección otorgada por el rector general a su asesor en medio de la crisis que enfrenta.

En un primer momento estuve dispuesto a aceptar que me había equivocado, al igual que el equipo informativo de Zona Franca. Sin embargo, poco después observamos un detalle en la fotografía que se tomó el día del evento en donde, no obstante la imprecisión de la imagen, se distingue perfectamente que el personificador colocado al frente de lugar del doctor Kala no contiene su nombre, sino el de Luis Felipe Guerrero Agripino, el originalmente convocado.

 

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Hay otros señalamientos que no me voy a detener en contestar, por su evidente despropósito, como el que hace Kala para responsabilizarme de la situación en la que lo tiene sumido su propio comportamiento, como se aprecia en esta cita.

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De verdad, uno esperaría una argumentación más sólida, más racional, menos visceral de alguien que imparte cátedra y asesora tesis en temas jurídicos, de derechos humanos, de filosofía de la educación e, incluso, de asuntos de género; y que publica sistemáticamente en revistas académicas.

Creo que Julio César Kala muestra enojo y desesperación. Observo que miente en cuestiones elementales y obvias, lo que me hace pensar que toda su base de justificación está fundamentada en una mentira que probablemente quiere hacer creer a sus superiores, a su familia y a sí mismo.

Por el bien de la Universidad de Guanajuato, tras de la cual ha querido escudarse el doctor Kala con desmesura; por la salud del rectorado de Guerrero Agripino, que apenas comienza; y por la visibilización de una ancestral ausencia de respeto a los derechos humanos de las mujeres en esa institución, lo mejor es que este caso se esclarezca hasta las últimas consecuencias.

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