Arnoldo Cuellar

Héctor López: la primera impresión

In Botepronto, Zona Franca on agosto 27, 2015 at 4:03 am

Una gran hazaña, como lo sería la dignificación de la política, se sustenta en la congruencia cotidiana; eso es lo que se juega en el compromiso con la transparencia del próximo alcalde de León.

El comunicado de prensa oficial publicado en http://www.bilbao.net, la web oficial del Ayuntamiento de Bilbao, sobre la visita del “alcalde de la ciudad mexicana de León, Héctor López Santillana”, dice a la letra lo siguiente:

La delegación mexicana de León, interesada por ver “in situ” la transformación de la Villa, ha venido acompañada también de directivos de Bancomer, uno de los bancos latinoamericanos más importantes fusionado con el BBVA.

El vocero de la municipalidad anfitriona fue claro y directo, no usó figuras retóricas ni ambigüedades. Ni siquiera habló de directivos de BBVA, sino directamente de Bancomer, la filial mexicana.

Ese comunicado motivó la nota que Zona Franca publicó este miércoles y que provocó varias reacciones en el medio político local.

Ayer, un intento de desmentido del equipo de comunicación de López Santillana insistía en que se trataba de “una coincidencia”.

La mayor polémica la desató la frase usada en la titulación inicial de la nota, donde calificamos como un “patrocinio” la presencia de funcionarios de Bancomer en la primera gira de trabajo del próximo alcalde de León, después de su elección.

Si se toma la acepción más obvia, patrocinio significa un pago o ayuda económica. Sin embargo, también la posibilidad de que la institución bancaria hubiese abierto la puerta del despacho del alcalde bilbaíno, podría ser considerada una especie de amparo o protección, que son las otras acepciones de la palabra.

Desde luego, aceptamos la responsabilidad de haber titulado de manera provocadora la noticia, como sería dable esperar que López Santillana aceptara contar la verdad sobre el episodio y transparentara no solo los gastos originados por la gira y su origen, sino también al resto de la comitiva, que al parecer incluía a algunos empresarios locales.

La información sobre esta gira ha sido hasta ahora superficial e insuficiente. ¿Debe nuestra próxima autoridad municipal informarnos ampliamente sobre sus actividades en pro de la ciudad, sus proyectos, intenciones, alianzas y compromisos?

A mi parecer tiene que hacerlo, sobre todo después de las experiencias a las que nos sometieron sus dos antecesores: el panista Ricardo Sheffield y la priista Bárbara Botello.

Apenas empezaba el gobierno del primero cuando se vio envuelto en un escándalo por un viaje a Las Vegas en el avión privado del empresario Luis García, quiene entonces cabildeaba un cambio en el uso de suelo para sus terrenos al sur del municipio.

Bárbara Botello acaba de cumplir un año en el cargo cuando aceptó viajar también a Las Vegas en otro avión privado, el del empresario Arnulfo Padilla. Sorprendida en el trance, dio lugar a la famosa frase “tengo para eso y más”, con lo que no explicaba nada, pues resultaba evidente que el viaje no le fue cobrado, sino regalado.

Sin consecuencias legales, ante el débil marco legal para la rendición de cuenta de los funcionarios mexicanos, ambos lances si impactaron en la imagen pública de ambos políticos. Ambos terminaron por ver como sus partidos perdían las elecciones y debieron entregar el poder a sus adversarios.

Para marcar distancia con esa historia reciente, López Santillana está obligado a actuar diferente de quienes lo antecedieron en el poder. El electorado leonés ya hizo una diferencia en el amplio triunfo que le otorgó, no obstante el preocupante incremento del abstencionismo.

El próximo alcalde lo sabe, lo ha dicho en público y en privado, además de que se observan sus ganas de trascender. Sin embargo, no se puede manejar el discurso grandilocuente de la ética y la eficacia, descuidando los detalles cotidianos. A fin de cuentas, y como bien lo sabe López Santillana, los grandes logros se construyen de pequeñas acciones, consistentes y continuas.

En este caso, vale la pena repetir aquella sentencia tan trillada como poco atendida: nunca hay que perder la oportunidad de causar una buena primera impresión. Y eso es, precisamente, lo que está en juego con el inminente alcalde de León.

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