Arnoldo Cuellar

Candidatos a la buena de Dios

In Botepronto, Zona Franca on abril 6, 2015 at 3:51 am

Cunde una epidemia de religiosidad entre los candidatos que inician campañas; si no los ilumina su fe van a sufrir para convencer de que tienen soluciones a los problemas que nos aquejan.

Justo cuando la llamada clase política vive uno de sus peores momentos, cuestionada por todos lados, sin distingo de colores e ideología, por su inocultable proclividad a la corrupción y la apropiación de los recursos de la colectividad, sus representantes en disputa por los cargos en la próxima elección deciden masivamente que la mejor forma de presentarse ante una sociedad que ya no les cree es con exhibiciones de su fe religiosa.

Sin importar la historia de sus instituciones políticas, su mayor o menor laicidad, vimos como panistas, priistas, perredistas, ecologistas y aliancistas iniciaron las campañas políticas con rostros de contrición en las misas dominicales o con sacerdotes bendiciendo sus arranques proselitistas.

¿De verdad creen que engañan a alguien? La palabra que los define no es nueva, ya la usaban con dureza los evangelistas cristianos a principios de nuestra era.

Dice Mateo: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, mas por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda suciedad.”

¿Los políticos van a misa porque son piadosos o lo hacen porque consideran tan desprestigiada a la profesión que precisan de símbolos externos para presentarse en sociedad?

¿Oran en busca de una sincera iluminación o lo hacen de manera ostensible porque quieren proyectar un aura de moralidad personal sobre una actividad que hace tiempo relegó a la ética como elemento indispensable para su desenvolvimiento?

¿Quieren que les sean perdonados sus pecados porque piensan seguirlos cometiendo? ¿De verdad están arrepentidos de lo que han hecho hasta ahora?

Sea lo que fuere, resulta absolutamente digno de desconfianza que quienes buscan gobernarnos opten por una moral hipócrita, que se solaza exhibiendo en público lo que casi seguramente no practicará en privado.

En verdad, como ciudadanos, no requerimos que nuestros representantes públicos practiquen una moral fundada en principios religiosos. Ya nos conformaríamos con que acataran la ley civil, definitivamente menos exigente. Si pecan es su problema, el nuestro es que no delincan.

Lo que no han entendido es que ya de nada les vale que nos quieran dar gato por liebre: que los golpes de pecho estentóreos de ninguna manera sustituyen al sobrio cumplimiento de la ley, al respeto al estado de derecho y a la digna representación de los intereses colectivos.

De cualquier manera, ya empezaron. Ahora sí, más allá de las oraciones, esperemos las propuestas innovadoras, la capacidad de escuchar, el sincero entendimiento del grave problema que vivimos como sociedad y de lo cual tuvimos una muestra este mismo domingo de misas llenas de políticos, con la muerte injusta e innecesaria de una joven mujer estudiante (otra vez mujer, otra vez estudiante, otra vez muerte), en hechos que a todos hacen sentir desprotegidos, expuestos, indefensos.

Así que, señores candidatos, más les vale que, además de andar a Dios rogando, se hagan a la idea de que también deben estar con el mazo dando.

Si no, ni caso tiene que se desgasten prometiendo, como todos sabemos empezando por ustedes, lo que no podrán cumplir.

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