Arnoldo Cuellar

Córdova: ¿ingenuidad o ambición?

In Botepronto, Zona Franca on marzo 26, 2015 at 3:40 am

El candidato aliancista ve disminuidas sus fortalezas como prospecto independiente y se deja atrapar en el desprestigio de una planilla encabezada por ‘barbaristas’.

La política puede parecer un arte abstruso a muchos legos, pero quienes la han practicado saben que no difiere de cualquier otro juego de competencia: una parte del secreto es minimizar los riesgos y hacer crecer al máximo las fortalezas; la otra es la suerte a secas.

Alguien en los más altos niveles del PRI nacional, o quizá del gobierno federal, entendió que la débil posición en la que había sumido al PRI la actuación de la alcaldesa Bárbara Botello en León, solo podía ser contrarrestada alejándola del escenario y enviando a un candidato que no tuviera nada que ver con ella.

Así surgió al candidatura de José Ángel Córdova, el exsecretario de Salud Federal en un gobierno panista, que tan buenas relaciones tejió con gobernadores priistas de la época como Enrique Peña Nieto o Miguel Ángel Osorio. Además de ser un externo, Córdova venía del panismo y gozaba de un amplio prestigio social: parecía una jugada redonda.

Con una candidatura teñida de sociedad y con ascendiente entre el votante blanquiazul, la apuesta del PRI parecía clara: eliminar cualquier recuerdo de Botello en la mente de un electorado que en el fondo sigue siendo predominantemente panista y darles un candidato al que no fuera difícil votar, aún con los resabios de haberse equivocado tres años atrás.

La estrategia, cuidadosamente planeada, naufragó en cuanto fue puesta en manos de operadores locales encabezados por el impresentable exgobernador de Colima, Fernando Moreno Peña, quien desde meses atrás cerró una alianza total con Bárbara Botello.

El representante del CEN priista en la entidad diluyó el planteamiento al respaldar a Botello en la designación de un interino, también médico por cierto,  que solo es un hombre de paja para que la alcaldesa con licencia siga tomando decisiones.

Ahora, la posibilidad de recuperar terreno frente al PAN con una candidatura fresca ha quedado sepultada al conformarse una planilla, por lo menos a un día de que se cierren los registros ante el IEEG, encabezada por candidatos de todas las confianzas de Bárbara Botello, como su secretario particular y asesor político Salvador Ramírez Argote.

Enredado por la retórica de Moreno Peña, que le tiene tomada la medida, y desacostumbrado a las mañas de un partido que no conoce y que se maneja con el más descarnado de los pragmatismos, el idealista Córdova ha perdido su segunda batalla y entregó dos de las primeras cinco posiciones de la planilla a quien se supone que debería estar lo más alejada posible de su causa.

Otras dos posiciones responden a los intereses de Francisco Arroyo y de Gerardo Sánchez. El poderoso candidato sin cuya aceptación el PRI estaría perdido en León, apenas logró colocar a uno de los suyos en la quinta posición.

Con la evidente vinculación que se generará entre la planilla del PRI y la alcaldesa Botello, quien está por sufrir los peores reveses ahora que ya no está en el cargo y que la maquinaria panista se ha echado a andar para fiscalizar su gobierno, toda la ventaja que ofrecía la candidatura aparentemente independiente de Córdova se perderá sin remedio.

Enfrentado a la posibilidad de sufrir una humillante derrota dentro de dos meses, que sepultaría cualquier sueño político futuro, el exsecretario de Salud solo parece haber contribuido al mantenimiento de posiciones de poder para la corriente barbarista, justo lo contrario de lo que se habían propuesto él mismo y el PRI nacional.

La gran pregunta es por qué acepta Córdova una alteración tan radical de los planes originales a los cuales prestó su nombre y su prestigio. Una primera respuesta es que se encuentra atrapado por su palabra empeñada y derrotado por su incapacidad de operar políticamente frente a los avezados priistas que tiene enfrente. otra puede ser que sigue confiando en su poder de convocatoria y que, a su llamado, los ciudadanos leoneses le darán el voto y podrá hacer frente a las vicisitudes de la planilla que le impusieron.

De  ser esto último, probablemente el doctor Córdova siga pensando que su gran objetivo es la candidatura a gobernador del 2018 y que debe hacer méritos para ganarla, incluso al grado del sacrificio personal de principios y de perspectiva. En ese caso, lo que está perdiendo al candidato de la alianza PRI – Verde – Panal no es la ingenuidad, sino la ambición.

Incapaz de defenderse con sus propias armas y traicionado por los representantes del PRI nacional en Guanajuato, el médico gastroenterólogo ha perdido las fortalezas que le hacían diferente e incrementado exponencialmente sus debilidades con las ya conocidas de Botello, justo las mismas que su candidatura iba a remediar.

No es difícil prever lo que puede pasar cuando no hay virtud y la fortuna da la espalda.

No es consuelo, pero tampoco se tratará del primer timonel que estrella su nave contra los escollos, extasiado por el embriagador canto de las sirenas.

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