Arnoldo Cuellar

Misoginia y discriminación desde el gobierno

In Botepronto, Zona Franca on septiembre 3, 2013 at 3:45 am

Que la sociedad mexicana del siglo XXI siga siendo machista y que la equidad de género persista como una entelequia en nuestro entorno, a todos los niveles, no parece constituir ninguna noticia.

Si lo es, en cambio, que desde el gobierno, donde debe existir un discurso políticamente correcto que trate, por lo menos, de subsanar las imperfecciones sociales, se trabaje en contra de esfuerzos que han ganado consensos, por lo menos en la teoría, como lo es el combate a la discriminación por el género.

Es lo que ha pasado, por lo menos con dos hechos recientes y de la mayor relevancia, en el municipio de Guanajuato, donde el alcalde Luis Gutiérrez Márquez ha dejado pasar dos espléndidas oportunidades para mandar señales de un compromiso cabal con la equidad, para sumarse, por omisión al menos, con algunos de los peores signos de atraso social que aún padecemos.

El consentimiento a la renuncia de la efímera delegada de La Sauceda, Verónica Reyes, quien de acuerdo a todos los indicios debió dejar el cargo presionada por el rechazo a su doble carácter de mujer y de joven, dejó ver a una administración pusilánime y amiga de no meterse en problemas.

Fue notable, además, como se hizo el vacío en torno al tema, tanto por parte de la autoridad como de organizaciones no gubernamentales normalmente activas en los debates de género. Nadie indagó en la denuncia sobre presuntas amenazas a la joven funcionaria municipal ni tampoco le fue ofrecido respaldo de parte del municipio.

Al final se aceptó la renuncia cometiendo la injusticia de ocultar las verdaderas causas, donde no sólo se solapó la cultura del machismo, sino también los probables intereses de expendedores de alcohol irregulares y hasta de narcomenudistas, aduciendo “razones personales” en la renuncia de Verónica, como muy bien lo reseñó en estas mismas páginas el periodista José Argueta Acevedo.

A pocos días de ese episodio, ahora se conoce otra renuncia, igual de delicada que la anterior y también afectada de ocultamientos y razones inconfesables: Iovanna Rocha Cano, una joven profesionista de sólida preparación académica, ha sido separada del cargo de directora de Atención a las Mujeres de Guanajuato, presuntamente por ser demasiado abierta y transparente con los medios de comunicación.

A Rocha ya se le había constreñido su radio de acción cuando esta misma administración, encabezada por el priista Luis Gutiérrez Márquez, decidió rebajar el Instituto de Atención a la Mujer, para dejarlo en una pequeña oficina administrativa, quitándole autonomía.

Ahora, además de eso, se quería enmudecer el trabajo en favor de la equidad de género, como si no estuviera claro que en el terreno de la lucha contra la discriminación y la desigualdad, una de las principales herramientas, ante la ausencia de apoyos presupuestales, es la comunicación institucional.

Por lo pronto, para Iovanna Rocha la búsqueda de nuevos y más amplios horizontes, que por su tesón, su compromiso y su preparación seguramente encontrará, pueden ser la mejor noticia.

No así para el municipio priista de Guanajuato, ahogado en un provincianismo y una cerrazón atroz, cuyas mayores preocupaciones radican en la imposible conciliación de un banal fachadismo urbanístico con la más descarada depredación urbana.

No parece la mejor forma de trascender; aunque, desde luego, eso para qué sirve, dirán esos políticos a los que las políticas públicas solo les parecen molestas monsergas para quitar el tiempo.

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