Arnoldo Cuellar

Isabel Tinoco, promesa incumplida

In Botepronto, Zona Franca on abril 16, 2013 at 4:13 am

Miguel Márquez quiso armar una estrategia conceptual, cuando arribó al gobierno de Guanajuato, a fin de tomar una distancia drástica de la matriz de donde provenía: el gobierno de Juan Manuel Oliva, cuestionado por su falta de transparencia y los excesos en el manejo discrecional de decisiones y presupuestos públicos.

Una pinza de ese juego se basaba en el discurso enfático de compromiso con la claridad en el quehacer gubernamental. La otra se fundamentó en la selección de un perfil externo y sin compromisos para encabezar la renovada Secretaría de la Transparencia, el cual recayó en una abogada proveniente del SAT, Isabel Tinoco Torres.

Fue la  única mujer en el gabinete legal de Miguel Márquez y se le quiso ubicar como una nueva dama de hierro, como alguna vez Vicente Fox había llamado a la universitaria María Elena Morales.

Sin embargo, a la vuelta de seis meses y algunas semanas, cualquier promesa que se hubiera querido ver en los compromisos de Márquez y en su selección para la dependencia que debe vigilar sus acciones, ha quedado sólo en retórica vacía, pues la transparencia brilla por omisión en las decisiones más graves tomadas por la nueva administración, algunas de las cuales implican inversiones de miles de millones de pesos.

Cuando Miguel Márquez decidió someterse a una auditoría en el proyecto Escudo, optó por el Órgano Superior de Fiscalización y no por su propia Secretaría de Transparencia, la cual ni siquiera ha logrado explicar con suficiencia en base a cuales especificaciones normativas avaló la compra sin licitación de 2 mil 700 millones en equipamiento tecnológico.

Cuando el propio Márquez decidió cesar a dos funcionarios del comité de compras del área de Salud, tan sólo por el señalamiento de un periódico, también pasó por alto la prerrogativa de indagación que la ley otorga a la Secretaría de la Transparencia, decidiéndose por ejercer un ajusticiamiento sumarísimo y personal.

Y, por si algo faltara, cuando la propia Isabel Tinoco estuvo lista para dar a conocer los resultados de la auditoría del ISSEG y la implicación de por lo menos 16 funcionarios de nivel medio y alto, a los que se les debían seguir procesos penales, desde la oficina del propio Márquez le llegó la instrucción de no moverse.

Saboteada por su director jurídico, Rodrigo Sierra Ortiz, quien se desempeña como tal desde que Miguel Márquez encabezó la entonces Secretaría de la Gestión Pública, Tinoco no puede llevar a cabo ninguna indagación sin que sus avances se encuentren al momento sobre el despacho del secretario particular Christian Cruz y la asesora Juana de la Cruz Martínez Andrade.

Los efectos del acotamiento a que se encuentra sometida quien fue vendida como una dama de hierro para efectos de imagen y no de resultados tangibles, contribuyen junto con el desgaste del discurso marquista de transparencia a que el nuevo gobierno de Gunajuato se encuentre al garete y desdibujado en su principal propuesta conceptual.

El único discurso medianamente articulado de la nueva administración estatal no parece tener ningún correlato en la realidad, en tanto que proyectos a los que tanto se les apuesta, como los de seguridad y cambio de iluminación, ni siquiera fueron esbozados en la campaña en la que se pidió el voto de los guanajuatenses.

Hoy por hoy, lejos de ser una aportación contundente de la sociedad civil y alejada de su trayectoria como pulcra funcionaria recaudadora, la titular de Transparencia corre el riesgo de navegar el resto del sexenio como un caro adorno de un gobierno que no supo como ser diferente y convertirse en la tapadera de prácticas que se rechazaron de palabra pero no se supo como contrarrestar en la práctica.

arnoldocuellar@zonafranca.mx

@arnoldocuellaro

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