Arnoldo Cuellar

Toño Salvador: las buenas intenciones

In Botepronto, Zona Franca on abril 17, 2013 at 4:05 am

Nadie en su sano juicio podrá discutir cerca de la excelente disposición y el buen talante del número dos del gobierno de Miguel Márquez Márquez. Sin embargo, algo no se encuentra funcionando como debiera.

El exmagistrado Antonio Salvador García López ha ido aprendiendo con rapidez y poco a poco deja las comodidades a las que estaba acostumbrado como alto funcionario judicial: horario corrido, trabajar a su aire, cero interferencias políticas.

Y vaya que hace falta una total dedicación del funcionario encargado de la política en un gobierno que arranca, que se encuentra conformado por funcionarios de distintas extracciones y personalidades y que tiene ante sí el reto de haber sido elegido por el margen más escaso de los últimos veinte años, además  de estar rodeado de adversarios políticos.

Si algo se ha atorado en el gobierno de Márquez ha sido el diálogo con las contrapartes políticas en cada uno de los diversos proyectos que se han emprendido. Desde luego, no toda la responsabilidad es atribuible al ocupante de la secretaría de Gobierno, pues a menudo el gobernador decide salirse de la bolsa de protección y correr la legua por su cuenta.

De cualquier manera, la tarea de operador político, que es lo mínimo que se espera de un secretario de Gobierno, debería ser más permanente que coyuntural, más sustantiva que accidental. En eso todavía no se aprecia un trabajo consistente del también ex alcalde de San Francisco del Rincón.

No es una tarea fácil y mucho menos para quien no se encuentra acostumbrado al ejercicio cotidiano de la política. Márquez eligió a Toño Salvador, como le llaman sus cercanos, conociendo los riesgos y en el pecado ha llevado la penitencia.

Sin embargo, la agenda no se limita a las relaciones con partidos políticos, bancadas legislativas, presidentes municipales y Poder Judicial. También haría falta que el secretario de Gobierno realizara una tarea mínima de coordinación con el resto del gabinete, sobre todo con áreas claves como la de seguridad, donde incluso se encuentra enclavada su área.

Nada de eso parece estar ocurriendo. El actual gobierno enfrenta una asonada de los presidentes municipales priistas luego del fracasado intento de sumar a todos los alcaldes en la compra consolidada de cuatrocientas mil luminarias para sustituir a las actuales.

En el Congreso, los acuerdos con las bancadas no trascienden a todos sus miembros y la coordinación incipiente se diluye con rapidez y da lugar a tortuosos procesos de concertación, como ocurrió con el proyecto Escudo.

Caso especial lo constituye la alcaldesa de León, Bárbara Botello, de quien García López fue condiscípulo en la carrera de derecho, aunque eso no parece servirle de mucho.  La priista es un constante acertijo para el gobierno de Miguel Márquez, quien en varias ocasiones ha orientado decisiones para evitar flancos de crítica de parte de la principal figura opositora en la entidad.

Quizás, y es una apreciación, la parte más débil de la andadura política mostrada hasta ahora por el secretario de Gobierno, la constituya su falta de malicia.

En medio de un terreno minado, donde afloran los intereses ligados a proyectos de futurismo en los partidos y en los liderazgos de diversa índole, Antonio Salvador García se muestra muy poco equipado para discernir donde se presentarán conflictos reales y donde aparecerán solo fabricaciones artificiales provenientes de agendas ocultas.

En los primeros meses del nuevo gobierno ya quedó claro que el intento de gobernar mediante el enunciado de buenas intenciones, algunas de ellas puestas ya en entredicho, no prosperará.

Es momento para que la administración Márquez apueste por el trabajo político, entendiendo por ello la búsqueda de confluencias entre intereses contrapuestos en base el diálogo y la negociación constantes y no sólo cuando aparecen los problemas.

Empero, si el mandatario quiere configurar un equipo más solvente, deberá dejar actuar a sus colaboradores y ver de qué son capaces en el terreno. Al día de hoy, García López ni siquiera se ha empleado a fondo, pues buena parte de su tarea la ha realizado el propio Márquez, no con los mejores resultados por cierto.

Y en un gobierno, mientras la política-política ande coja, difícilmente podrá esperarse que el resto de las áreas logren sacar las cosas del atolladero por sí solas.

Por lo demás, el tiempo para los experimentos se está agotando.

arnoldocuellar@zonafranca.mx

@arnoldocuellar

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