Arnoldo Cuellar

La guerra interna del barbarismo

In Botepronto, Zona Franca on octubre 31, 2012 at 4:00 am

Más pronto que tarde empiezan a hacer crisis las relaciones al interior del equipo de la alcaldesa priista de León, Bárbara Botello Santibáñez. El enfrentamiento entre priistas ocurre entre los soldados de la vieja guardia barbarista y la corte de los recién llegados al equipo, algo casi normal en toda revolución que triunfa.

El duro señalamiento del regidor Aurelio Martínez, el primero postulado en la planilla y un fiel barbarista desde las campañas del 2009, en contra del contrato de asignación de un sistema de vigilancia a la empresa Portoss, no tiene como destinario, como podría suponerse ingenuamente, a la administración shefielista, sino a los nuevos llegados al equipo de la triunfante alcaldesa.

En efecto, el verdadero propietario de Portoss, que utiliza prestanombres en su acta constitutiva, pero que fue vinculado a través de su esposa, Fabiola Sánchez Junquera, es Gerardo García Preciado, un viejo operador panista en la época del eliseísmo, retirado desde entonces y abocado a los negocios en una empresa de tecnología en seguridad que contaba entre sus asesores, en algún tiempo, al hoy secretario de seguridad, Álvar Cabeza de Vaca.

Y aunque esta empresa no ha cumplido del todo los compromisos del contrato firmado, el señalamiento de regidores como el propio Martínez y Verónica García Barrios, parece tener mar de fondo, más allá del simple esclarecimiento de la inversión realizada por el municipio.

Para empezar, Gerardo García Preciado y Fabiola Sánchez Junquera son tíos de Ignacio Ramírez Sánchez, el actual presidente del Implan y uno de los principales asesores y apoyadores del ex alcalde Ricardo Sheffield.

Cuando Ramírez Sánchez logró la presidencia del consejo de Implan muchos pensaron que se trataba de una jugada magistral de Sheffield, cuando en realidad lo fue de otro personaje, cuyo nombre apenas empezaba a sonar en la política local: Roberto Pesquera, ex empleado del Banco del Bajío, responsable de finanzas de la campaña torreslandista y actual tesorero del municipio de León.

Los contratos en el área de seguridad fueron un terreno seguro no sólo para los familiares de Ramírez Sánchez, Fabiola Sánchez es su tía materna, sino también para el propio Pesquera quien a través de la empresa 5G Consultores fue beneficiado con la capacitación del grupo táctico especial de la policía leonesa y la construcción de un polígono de tiro, asignaciones que en su momento fueron cuestionadas por los regidores priistas encabezados por el barbarista Salvador Ramírez Argote.

El gran cabildeador de todas esas contrataciones, a través de la etiqueta de favorito del alcalde Ricardo Sheffield, fue Ignacio Ramírez Sánchez, quien también ofrecía al  munícipe asesorías de prensa a través de un despacho de comunicadores.

Hoy, que llega una administración priista, las tornas se han volteado y el influyente en esta nueva etapa ha dejado de ser Ramírez Sánchez, para pasar a ocupar el discreto papel honorífico de presidente del Implan; el hombre fuerte en materia de influencia sobre la nueva alcaldesa es ahora el tesorero Roberto Pesquera, en cuyo posicionamiento confía este grupo para seguir haciendo negocios con la administración municipal.

Aquí es donde puede encontrarse una explicación al encono del barbarismo histórico, que dio la batalla en 2009, que vivió la travesía del desierto por tres años y que mantuvo viva la causa que finalmente triunfo en julio de este año.

La aparición de un nuevo grupo que en base al oportunismo, a las relaciones sociales y a las vinculaciones personales parece querer aprovechar el cambio histórico vivido por León, no parece convencer a quienes se mueven más por proyectos políticos que económicos.

En ese sentido, estamos asistiendo a lo que probablemente es el parteaguas del equipo de Bárbara Botello en dos proyectos divergentes y contrapuestos: el que encabeza el secretario del Ayuntamiento, Martín Ortiz García, con un más claro sentido político; y el que pretende asumir un imberbe Roberto Pesquera que aún no define si su vocación es la política o los negocios.

De ser así, queda una pregunta mayúscula por contestar: ¿cuál será el papel que asumirá la alcaldesa Bárbara Botello ante el surgimiento de circunstancias que pueden llegar a rebasarla?

Seguramente no tardaremos mucho en saberlo.

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