Arnoldo Cuellar

SEG: del cielo a la tierra

In Botepronto, Zona Franca on septiembre 21, 2012 at 3:48 am

Una de las noticias más relevantes en el gabinete del próximo gobierno, no por su grado de espectacularidad sino por sus significaciones profundas en el mediano y largo plazo, es la salida de los mililtantes del ala conservadora panista de la Secretaría de Educación y la llegada de un egresado de una de las instituciones más liberales de México: el Instituto Politécnico Nacional.

El arribo de lo que despectivamente se conoce como “los yunques” a la SEG ocurrió en 1995, con la asunción de Vicente Fox Quesada a la gubernatura de Guanajuato, luego de una elección extraordinaria. Fernando Rivera Barroso fue el primer secretario de Educación con vinculaciones en los viejos grupos confesionales afines al PAN y al alto clero católico.

Antes que eso, el mandatario interino que tomó posesión a la renuncia del priista Ramón Aguirre, el ex alcalde de León Carlos Medina Plascencia, se vio obligado a ratificar el titular de Educación del anterior régimen priista, el de Rafael Corrales Ayala, José Trueba Dávalos, al sufrir una repentina enfermedad su candidato original.

Rivera Barroso inició el éxodo de yunques de muchas partes del país a Guanajuato. uno de ellos fue Juan Carlos López Rodríguez, quien arribó a la SEG  a hacerser cargo de tareas administrativas.

Uno de los primeros escándalos originados por la mochería del funcionario defeño, ligado a la educación privada, fue su intento de editar un manual de valores de corte religioso elaborado por un grupo de asesores entre los que se encontraba la maestra Consuelo Camarena, panista irapuatense.

A Rivera Barroso le siguió uno de sus discípulos: Victor Manuel Ramírez Valenzuela, designado por Juan Carlos Romero Hicks, quien no obstante provenir de una universidad laica, no tuvo empacho en mantener a los grupos confesionales a la cabeza de la educación básica de Guanajuato.

Juan Manuel Oliva no iba a ser la excepción, al ser él mismo integrante de la cofradía. Su nombramiento recayó en el maestro Alberto Diosdado, quien completó la tarea de ocupar todas las plazas disponibles con militantes ultras, como el subsecretario de Educación Superior, Agustín Casillas, llegado de Puebla; o el titular de Conalep, José Antonio Llergo, de la misma entidad.

Sin embargo, más allá del tema ideológico, lo más pernicioso de la educación puesta en manos de un grupo sectario que es minoría incluso dentro del PAN, no fueron tanto las consecuencias ideológicas, como las propiamente académicas: al crecimiento en infraestructura educativa, notable en el sexenio olivista, nunca le siguió una mejora de los indicadores que miden la calidad de la enseñanza que se imparte en nivel básico y medio básico en la entidad.

En ese sentido, la salida del Yunque de la SEG no resultaba una cuestión de principios ideológicos, sino una verdadera medida de emergencia práctica.

El arribo del politécnico Eusebio Vega Pérez, un especialista en la creación y desarrollo de instituciones de educación superior, debe verse como un intento de centrar la política educativa en la elevación de la calidad del proceso de enseñanza-aprendizaje.

Esa misión tendrá que desarrollarse sin distracciones de ningún tipo, al erradicarse las obsesiones ideológicas y los devaneos proselitistas de una burocracia que pretextaba una misión casi celestial como forma de cobrar unos sueldos groseramente materiales y sustancialmente elevados.

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