Arnoldo Cuellar

La verdad ¿os hará libres?

In Botepronto, Zona Franca on marzo 20, 2012 at 2:14 am

Una nueva práctica informativa ha sido instaurada en la Universidad de Guanajuato por el nuevo titular de la Dirección de Enlace y Comunicación Universitaria, el diseñador gráfico Martín Álvarez Pérez.

Aunque es novedosa en el ámbito universitario, en realidad es tan vieja como la historia: se trata del ineficaz y sórdido recurso de la censura o, lo que es lo mismo, la política del avestruz.

De unas semanas a la fecha, Álvarez Pérez revisa todos los días de manera personal la síntesis informativa que se envía a los diversos departamentos de la UG y que se hace pública en el portal Web de la institución, para “depurar” todas las notas o columnas que conlleven algún tipo de crítica al rector general o a la Universidad.

Contrasta esta actitud, digna de alguna secta ideológica o política, con el espíritu que debería respirarse en una institución consagrada la generación y reproducción del conocimiento, todo ello en absoluta libertad.

La nueva “política” de censura informativa establecida por Álvarez Pérez deja en evidencia el desconocimiento elemental del nuevo responsable de la comunicación social en la Universidad, pues en estos tiempos de intenso intercambio de información, resulta inútil, además de absurdo, pretender ejercer ese tipo de controles.

Lo que no se sabe, hasta ahora, es si se trata de una iniciativa de un respetable diseñador que probablemente no tiene ninguna idea con respecto a la gestión de la información, o si sólo obedece instrucciones de su superior, en este caso el rector general, José Manuel Cabrera Sixto.

Cabe otro comentario. Como el trabajo de Álvarez Pérez apenas se nota, es de esperarse que la información “positiva” que encuentra cabida en la selectiva síntesis universitaria, disminuya cada vez más hasta volver ese servicio prácticamente inexistente.

De desaparecer la síntesis y quizá los enlaces desde la Web universitaria a los medios de comunicacion de la entidad, tendremos entonces que la nueva administración universitaria podrá volver a ser feliz, viéndose todos los días al espejo de sus boletines e ignorando el mundo exterior.

Entonces ¿qué seguira? ¿Quizás revisar la pertinencia de la libertad de cátedra? Ahora sí que estamos lucidos.

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