Arnoldo Cuellar

¿Porqué el PRI se ha desdibujado?

In Análisis Político, Zona Franca on febrero 29, 2012 at 3:02 am

 

La emoción en los medios, en las redes sociales y en los mentideros políticos se incrementa notablemente cuando aparecen noticias que parecen afectar al PRI desde el exterior: si se da la posibilidad de que el PVEM abandere a Bárbara Botello; si José Ángel Córdova negocia ser el candidato estatal.

De allí en más, el partido tricolor resulta profundamente aburrido para la audiencia.

¿Porqué roles protagónicos del priismo como Juan Ignacio Torres Landa, Francisco Arroyo o Miguel Ángel Chico no hacen más que estimular el bostezo.

Probablemente porque insisten en roles del pasado, porque no han logrado articular un lenguaje que emocione a las nuevas generaciones, pero también porque han gastado ya a sus contemporáneos.

Pero, quizá también y sobre todo, porque juegan sus papeles con absoluta falta de convicción, porque no logran que les creamos y sus pequeños dramas ya ni siquiera apelan a la verosimilitud.

Eso mismo le viene ocurriendo rápidamente a quien era su principal apuesta por la renovación y la frescura: Enrique Peña Nieto, quien cada día que pasa muestra más que carece del empaque del estadista, que ni siquiera un equipo poderoso y caro logra que lo sintamos como una solución para los enormes retos del futuro.

Resulta increíble que los colaboradores de quien ya se siente el próximo presidente de México hayan manejado como lo han hecho el proceso sucesorio de Guanajuato: subiendo contendientes, inventando otros, luego queriendo desplazarlos de un plumazo y tratando de fichar a un opositor.

Pero, además, todo ello en medio de exhibiciones públicas, de absoluta falta de discreción, de líneas tácticas, de elemento sorpresa.

Queda claro que el gran factor mediante el cual el PRI adquiría su aura de invencibilidad y de poderío, dependía sólo del empleo de los recursos públicos a su alcance.

Se trata de un instrumento tan vulgar que está al alcance de cualquiera que se haga con el poder. Por eso, el Peña Nieto precandidato es tan vulnerable frente al Peña Nieto gobernador.

Y, muy probablemente, también por eso los priistas de Guanajuato han perdido su chiste y no lo tienen para los electores locales, pero tampoco para sus coyunturales dirigentes nacionales, de hoy y de antes, que los relegan o los relanzan desde decisiones superficiales tomadas en escritorios de la ciudad de México.

Resultan tan insulsos que ya ni siquiera sus pleitos divierten, siempre enquistados en los mismos temas, en los mismos rencores, en las mismas viejas historias.

Como aburridas resultan sus alianzas: una plutocracia senecta que cree que las cosas se pueden cambiar en una comida bien servida y bien regada; o que piensa que la política sólo es dinero y no talento o esfuerzo cotidiano.

Quizás, ante ese panorama, lo único interesante por ver en la próxima contienda es que tanto despliega el viejo PRI o que tanto se hunde, justo cuando no tendrá el pretexto del pasado reciente de que son las circunstancias nacionales las que lo perjudican.

En ese sentido, la responsabilidad que acaba de asumir Juan Ignacio Torres Landa ante Enrique Peña Nieto no sólo es política, también será histórica. Por lo menos algo para animar las apuestas.

arnoldocuellar@zonafranca.mx

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