Arnoldo Cuellar

Nicéforo y Peña Nieto: lo que parece, es

In Análisis Político, Zona Franca on enero 9, 2012 at 3:04 am

Un día antes de la sesión de Ayuntamiento en la que se autorizó su separación del cargo como alcalde de Guanajuato, el priista Nicéforo Guerrero Reynoso se reunió con los titulares de algunas de las fracciones en el Cabildo para pedirles: “libérenme del cargo”, según lo consigna un rotativo estatal.

Durante los dos años y tres meses de su gestión al frente del municipio, Nicéforo realizó una docena de viajes al extranjero, en casi todos ellos lo acompañó su esposa y su hijo; vacaciones y puentes a menudo los utilizaba para trasladarse a Cuernavaca, donde tiene una residencia; cuando arribó al cargo apenas tenía dos años de residir en el capital, tras haber sido cesado en la administración calderonista del cargo de subsecretario de energía.

Desde luego, la ciudadanía de Guanajuato decidió elegir al vástago de don Euquerio Guerrero como alcalde de manera libérrima, mostrando que una de las prerrogativas de la democracia también es la posibilidad de equivocarse.

Este ausentismo del alcalde, quien muy pronto mostró no tener ninguna paciencia para sobrellevar la ardua tarea de un jefe comunal, llegó a su culminación con su unilateral separación del cargo para el que fue votado en 2009 y esta súplica a sus compañeros de ayuntamiento: “por favor, libérenme”.

Queda muy claro que la lucha de Nicéforo Guerrero por volver a la política, encabezando la Fundación Colosio del PRI estatal y conformando grupos de presión para hacer activismo social en la ciudad, se debía tan sólo a un problema de empleo y no a una vocación de servicio.

Hoy, el alcalde con licencia de Guanajuato ve la posibilidad de subirse al carro, que todos los priistas ven triunfante, de Enrique Peña Nieto, pero no para formar parte de un proyecto político con objetivos, sino solamente, como ya se vio en Guanajuato, para mejorar de chamba.

Nicéforo sabe, por que es un hombre bien formado no obstante su inconsecuencia, que no tiene ninguna posibilidad de ser candidato a un cargo de elección por Guanajuato, donde su papel fue deplorable, por cualquiera de las causas con las que él se justifica o de las que lo acusan sus detractores.

Sin embargo, como buen conocedor de la administración pública federal, también sabe que de llegar a triunfar Peña Nieto se abrirán cientos o miles de posiciones en ese paraíso dorado que es la administración pública federal: subsecretarías, direcciones generales, titularidades de paraestatales, institutos, delegaciones, embajadas y consulados.

A sus casi setenta años y con una carrera que incluye muchas amistades entre los políticos que regresarán de la mano de Peña Nieto, Nicéforo sabe que tiene muchas posibilidades de cerrar su periplo burocrático con una buena remuneración, quizá hasta algunos reflectores y, sobre todo, más cerca de sus lares preferidos; la dorada Cuernavaca, la intensa ciudad de México.

Como Nicéforo Guerrero, son legión los políticos que han vivido una dura sequía a lo largo de los doce años de gobiernos panistas en el país. Guerrero incluso tuvo que venir a la tierra de sus ancestros a pelear una engorrosa alcaldía ante la escasez de oportunidades, la misma que ahora abandona con un hondo suspiro de satisfacción.

Ese es el PRI que regresará de la mano de Enrique Peña Nieto, pues por ningún lado se ve el surgimiento de una nueva generación de políticos que proponga un cambio radical en la tradicional idiosincrasia de ese partido: el poder como privilegio, los recursos públicos como patrimonio personal, el destino del país como pretexto para la exclusión de la sociedad y el ejercicio del autoritarismo.

Nicéforo se ha preciado siempre de ser el poseedor de una imponente biblioteca en su casona de la Plaza de la Paz; es un político que gusta de ser considerado culto e ilustrado; su discurso abunda en referencias librescas y eruditas.

Sin embargo, con tal de quedar bien con quien puede ser su próximo empleador, no se ha detenido en vilipendiar las virtudes de la lectura como forjadora del carácter del individuo: este sábado en su última aparición como alcalde dijo en un programa radiofónico que “el licenciado Peña (…) es un muchacho muy inteligente que piensa más en el progreso de México que en la lectura de los libros.”

Convertido en intelectual orgánico para la defensa del inculto candidato priista, Nicéforo no tiene empacho en negar todo aquello que ha defendido a lo largo de su vida.

Naturalmente, puede tener razón, sobre todo si nos detenemos en la desastrosa gestión pública que encabezó él mismo aquí en Guanajuato, donde quedó claro que muchas lecturas no ayudan ni a hacer una política eficaz, ni a ejercer una conducta tolerante.

Nicéforo lee mucho y no fue un buen gobernante; Peña Nieto no lee y obtuvo buenos resultados en el Estado de México. Sin embargo, lo imperdonable sería el colofón de esta ecuación: que el inculto pero eficiente candidato presidencial se rodeara de una clase política ineficaz y desprestigiada, por más que se encuentre teñida de lecturas.

  1. ” Del árbol caído, todos hacen leña” Los aduladores, los compañeros del alma, Los Camaradas de Partido y los miembros de los Partidos de Oposicion, que obtuvieron canonjías en sus negocios particulares. Se fueron como perros de caza a la garganta de Nicéforo

    ” Nobleza Obliga ” termino que los caballeros usan, para diferencias que en política Guanajuatense, Somos adversarios mas no enemigos.

    La presencia en el Programa de Radio ” Entre sierras y Montañas ” es mi forma de dar mi mano franca al Lic. Guerrero, al que le deseo lo mejor en su futuro y parafraseando las palabras que se dicen al acabar la misa. ” Pueden irse en paz.”

    • Billy, agradezco tu comentario en estas páginas y creo que en el fondo tienes razón. Sin embargo, debo subrayar que no es mi caso. Fui un crítico permanente de las actitudes de Nicéforo y de sus decisiones de gobierno, creo que llegó cansado a ejercer el cargo, que no tenía la vocación para lidiar con los problemas de la comunidad y que su postulación fue una manera de sobrevivir políticamente. Firmemente pienso que su renuncia es un acto de irresponsabilidad, como en su momento lo fueron los de sus antecesores y los de otros políticos de distinto signo en el estado.
      En el caso de Guerrero Reynoso veo una agravante: en realidad no tiene ningúina proyecto al alcance, se va a ver qué pesca, lo que aumenta la irresponsabilidad.
      Finalmente, mis análisis no persigen denostarlo, pero sí exponer mi punto de vista ante lo que creo que son actitudes lesivas de la convivencia social, más graves por provenir de quienes la gobiernan. De nuevo, gracias por tu participación en este espacio de opinión libre.

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