Arnoldo Cuellar

Precandidatos panistas a fuego lento

In Análisis Político on diciembre 28, 2011 at 9:09 am

Lejos de ser una fiesta democrática, como esperaban los más optimistas, la elección primaria del  PAN en Guanajuato está al borde de una crisis con acusaciones cruzadas y faltas de respeto entre los tres contendientes que sobreviven.

Nadie se escapa a una lógica de encono, ausencia de espíritu competitivo y sospechas. Parecen privar, sobre todo, los estados de ánimo individuales y no la inteligencia estratégica.

Lo que queda en evidencia es que tras 20 años de integración, la clase política que emerge de este ciclo de dominio panista está lejos de haberse profesionalizado y de haber adoptado una visión de estado por encima de las coyunturales vicisitudes de la lucha partidista.

Miguel Márquez Márquez, quien aparentemente juega con las mayores ventajas por su dominio del aparato electoral panista y sus vinculaciones tanto con el gobernador Juan Manuel Oliva como con el ex dirigente Fernando Torres Graciano, lejos de verse generoso en un tránsito que podría ser de mero trámite, ha cedido a la provocación y está inmerso en un discurso de denostaciones.

José Ángel Córdova, quien como secretario de Salud fue un funcionario siempre elegante, propositivo y contundente en sus planteamientos, ha caído en una actitud constantemente reactiva y de queja, sin que se note un hilo conductor, sino únicamente un cierto dejo de desesperanza y ansiedad.

Ricardo Torres Origel, en cambio, parece vivir su mejor momento en medio de ese clima. El senador de la República siempre ha disfutado de la esgrima verbal y parece haber llevado a los otros dos contendientes a su terreno.

Hasta este momento, tras casi dos semanas de campaña interna, se sabe muy poco de las propuestas de cada uno de los aspirantes, pero mucho de sus presuntos excesos e intenciones ocultas, si atendemos a lo que se dicen unos a otros de manera cotidiana en los medios.

Gastos de campaña, patrocinios externos, vinculaciones oscuras, son las municiones que se lanzan, sin obligación de comprobar los dichos, desde todas las trincheras sin excepción.

Una guerra desnuda por el poder donde la mayor ausencia parece ser la de la búsqueda del bien común.

Desde luego, la actitud habla mucho por los precandidatos. Si esa es la mentalidad con la que eventualmente piensan enfrentar el reto de gobernar, harían mejor quedándose en sus casas.

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