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Derechos Humanos, un silencio estruendoso

In Análisis Político on abril 13, 2011 at 5:24 am

Mientras los familiares de casi sesenta personas desparecidas en trayecto hacia la frontera norte del país,  viven angustiosamente la espera del proceso de identificación de los 120 cadáveres descubiertos en los campos de la muerte de San Fernando, Tamaulipas, hay quienes en Guanajuato no se encuentran haciendo el trabajo por el que devengan salarios públicos nada desdeñables.

Es el caso del Procurador Estatal de los Derechos Humanos, Gustavo Rodríguez Junquera, quien se ha escondido en un mutismo soez ante la que pudiese llegar a ser una de las mayores tragedias humanitarias de las últimas décadas en Guanajuato.

No se trata, esta vez, de lucirse enviando recomendaciones a funcionarios y presentándolas en pomposos informes a los diputados para simular que se trabaja.

Hablamos de algo que podría ser mucho más sencillo para mentalidades no burocráticas y en verdad comprometidas con los derechos de las personas: hacerse presente ante las familias de los desaparecidos y orientarlos en su dolor y su confusión.

Llama la atención que varias de las denuncias que ahora se presentan ante las autoridades ministeriales de Guanajuato, las cuales buscan iniciar una acción de búsqueda y de identificación de familiares de quienes no se ha tenido noticias desde hace semanas o meses, corresponden a hechos que no son tan recientes.

Quiere decir que muchos de estos guanajuatenses, que padecen la falta de noticias de un ser querido no han tenido la confianza, ni han recibido orientación alguna sobre los mecanismos a su alcance para denunciar una probable desaparición.

Allí, en la difusión de los recursos que el Estado puede poner a la disposición de un particular para aclarar lo que puede llegar a ser un evento catastrófico para una familia o hasta para una comunidad, es donde se extraña la ausencia de políticas proactivas de parte de una instancia cuya única razón de ser es la de articular una nueva cultura de defensa y protección de los derechos humanos.

Desde luego, puede entenderse el hecho de que una política pública de difusión de esta cultura resulte onerosa y que no se dispongan los presupuestos para darle el alcance que sería deseable.

Sin embargo, lo que si ya no se entiende, ni es posible justificar, salvo desde la más absoluta incompetencia y falta de compromiso, es la ausencia que el titular de la PEDHG ha exhibido desde que se conoció el monstruoso descubrimiento de San Fernando y la posibilidad de que algunos de los restos localizados allí pertenezcan a ciudadanos guanajuatenses que recorrían la mortal ruta y de quienes sus familias no han tenido noticias.

En otras partes del país, como Michoacán, se busca información por las instancias locales de derechos humanos. La CNDH abre indagatorias para verificar la integración de las averiguaciones previas. Aquí, entre tanto, sólo se ha mostrado evasión y el más absoluto silencio.

En su página de Internet, el procurador Rodríguez Junquera exhibe con orgullo tres fotos de donde entrega su informe de labores a los titulares de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial de Guanajuato: Juan Manuel Oliva, Jesús Correa y Raquel Barajas.

Pareciera que esa es su preocupación: quedar bien con los funcionarios a los que debería de estar observando; mientras los ciudadanos, los verdaderos detentadores de derechos por defender, esos que se cuiden solos.

Botepronto

Vaya bofetada le propinó el flamante dirigente nacional de la CNC, Gerardo Sánchez, a sus agremiados guanajuatenses, al descender de un lucidor helicóptero rojo para acudir al acto de aniversario luctuoso de Emiliano Zapata, el pasado domingo en Irapuato.

Mientras el salvaterrense denunciaba en su discurso la falta de recursos en la que los gobiernos panistas tienen sumidos a los campesinos, sus escucha no podían dejar de voltear al lujoso aparato que aplastó un sembradío al aterrizar.

El agravio no quedo allí. Se incrementó con la presencia del ex gobernador Luis Humberto Ducoing en el evento que con el mismo objeto se realizó en Celaya. Muchos recordaron que en sus tiempos, el mandatario se decía cenecista, solo por que contaba con la protección del poderoso Augusto Gómez Villanueva, su palanca fundamental para ascender en los peldaños del poder.

“Pero qué necesidad”, habrán pensado los más viejos de la comarca.

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