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DÍAS DE GUARDAR Domingo 4 de diciembre de 2022

In Análisis Político, Días de Guardar, POPLab on diciembre 4, 2022 at 12:31 pm

Arte: @PincheEinnar

* Gissing: en 2021 celebraban con Sinhue, hoy cierran y huyen

* Lento acceso a la justicia en caso de periodista asesinado

* Ebrard, entre la agenda fifí y el activismo laboral

1.- Violencia y sindicalismo blanco en la crisis del modelo industrializador

Lo ocurrido en la planta de insumos automotrices Gissing, en León, es una muestra de que las cosas están cambiando en el modelo económico globalizador.

Hace año y medio el gobernador Diego Sinhue Rodríguez paseaba orgulloso por los pasillos de la planta industrial ubicada en el parque colinas de León, al lado de ejecutivos de la empresa y del alcalde Héctor López Santillana y el secretario de desarrollo económico, Mauricio Usabiaga.

Hoy, la foto es otra: Gissing ha quebrado a nivel continental, sus ejecutivos pusieron pies en polvorosa, la planta de León cerró y avisó a los trabajadores mediante un whatsapp, el sindicato cetemista negoció a espaldas de sus agremiados, Usabiaga fue despedido ignominiosamente del gabinete estatal hace meses y López Santillana, el artífice de la atracción de inversiones con altos subsidios, maneja a trasmano la SDES a través de su escudero Ramón Alfaro.

Mientras tanto, Diego Sinhue realiza una gira por Estados Unidos, entrevistándose con ejecutivos subordinados para buscar exprimir un modelo cada vez más asediado por las circunstancias y difícil de relanzar ni siquiera con el invento insuficientemente explicado de la “mentefactura”.

Las cosas han cambiado y más valdría ir cambiando el enfoque de las políticas estatales del futuro próximo.

Cuando se diseñó el programa de atracción de inversiones, en los años 90 del siglo pasado, Guanajuato era un edén de paz y tranquilidad y su mayor problema era la baja tasa educativa.

Cuando la política pública mejor respaldada y de mayor continuidad en los 30 años de panismo surgió y se expandió, el modelo sindical del viejo priismo resultó su mejor acompañante: contratos de protección, corrupción directiva, antidemocracia y control autoritario.

Las empresas que decidieron instalarse en Guanajuato bajo el paraguas del TLC y las facilidades logísticas de una entidad privilegiada, recibieron subsidios en tierras, infraestructura, capacitación y beneficios fiscales.

Pero, quizá el mayor atractivo fue la administración política de la plantilla laboral a través de la hibridación de un sindicalismo priista prohijado por gobiernos panistas, de tal manera que los costos salariales y las prestaciones permanecieran en los mínimos posibles: empleo sí, pero con sueldos castigados y controlados.

Al entrar en la cuarta década, el modelo que tantas satisfacciones ha traído a la clase política, pero que a la vez profundizó la desigualdad, muestra su agotamiento funcional.

Una de sus partes más deterioradas es el modelo cetemista de sindicalismo blanco y corporativo, siempre al servicio de las empresas y usando a los trabajadores como mano de obra cautiva, controlada y carente de derechos.

Acelera ese final el propio acuerdo comercial revisado con Estados Unidos y Canadá, que trata de evitar el factor de la mano de obra artificialmente abaratada, al ubicarlo como competencia desleal.

No le es ajena a esa visión la crisis de representación que propició la llegada de Trump al poder en 2016, producto de fuertes desequilibrios económicos y políticos que afectaron a las clases bajas y al sector trabajador norteamericano y deslegitimaron a los políticos tradicionales.

En lo local, el arribó de López Obrador a la presidencia y la reforma laboral que propició, abonan al surgimiento de una incipiente democracia sindical que, tarde o temprano, acabará de erosionar el octogenario control cetemista en las plantas de manufactura.

Puede que las cosas aún se tarden, pero no puede negarse que el modelo está cambiando y que habrá que ser consecuentes con ello.

Lo mismo ocurre con la violencia desbordada que el gobierno pretende normalizar para hacer creer a los potenciales inversionistas que “aquí no pasa nada”.

Están pasando cosas en el mundo y en Guanajuato, quizá lo más delicado es la resistencia de los actuales responsables del gobierno local a aceptarlo y a cambiar su propia percepción.

Veremos cuánto aguanta la terquedad.

2.- Israel Vázquez o el desentendimiento de la justicia

Resulta inadmisible la ausencia del gobierno estatal en la coadyuvancia y el apoyo a las víctimas del primer caso claro de asesinato de un periodista en Guanajuato a causa de su trabajo.

La investigación del homicidio del reportero salmantino Israel Vázquez fue atraída por la Fiscalía General de la República a través de la fiscalía especializada en delitos contra la libertad de expresión (Feadle), lo que fue sin duda un respiro para la dependencia que encabeza Carlos Zamarripa que con ello quedó fuera del proceso.

Sin embargo, al tratarse de un periodista guanajuatense que fue ultimado mientras realizaba su trabajo, lo esperable sería que desde la secretaría de Gobierno local, a cargo de Libia Denisse García, y de su consejo de protección a defensores de derechos humanos y periodistas, se contribuyera para lograr una justicia pronta.

Los presuntos asesinos materiales están detenidos, aunque uno de ellos no ha podido ser sentenciado por tácticas dilatorias de su defensa. Se desconoce, sin embargo, el móvil de la agresión y la posible existencia de un autor intelectual.

Tanto a la familia, como a activistas locales y nacionales, como Balbina Flores de Reporteros sin Frontera, les queda la sensación de que no se está haciendo lo suficiente ni con la rapidez necesaria, para garantizar que no exista impunidad ni se aliente la violencia contra comunicadores.

A nivel nacional está demostrado que lo que más ha incentivado que continúen y aumenten este tipo de delitos es la impunidad que agravia no solo a las víctimas, sino a la sociedad en su conjunto, al propiciar el silenciamiento de amplias regiones del país por la autocensura que propicia el temor.

Guanajuato no tiene, hasta ahora, un historial abultado de agresiones contra periodistas. Esclarecer las que se han presentado, donde la más grave y lamentable es el asesinato de Israel Vázquez, es una asignatura relevante para la autoridad local, independientemente de la jurisdicción en la que se procese el delito.

No será la primera ni la última vez que desde el gobierno local se establece una línea de presión o de coordinación, si se le prefiere, con instancias como la FGR y el Poder Judicial de la Federación.

Es importante la justicia, pero también el mensaje.

3.- Marcelo Ebrard minimiza la violencia en Guanajuato

Algo pasa con las corcholatas presidenciales de Morena al pisar tierra guanajuatense, pues de inmediato se mimetizan con los discursos panistas, quizá creyendo que con eso conquistarán simpatías en tierra de infieles.

Ya pasó con Adán Augusto López Hernández, el secretario de gobernación que en cuestión de horas olvidó todas sus críticas a las deficiencias de la política de seguridad del gobierno local, para colmar de elogios al gobernador Diego Sinhue Rodríguez y repartir abrazos hasta para el vilipendiado fiscal Carlos Zamarripa.

Mientras eso ocurría en el cómodo salón con aire acondicionado de un hotel de León, en las calles de Celaya, de Cortazar, de los Apaseos y de Irapuato, entre otros lugares del estado, seguía campeando la impunidad, el temor entre los ciudadanos y la libre circulación de las bandas delincuenciales.

Alejado del discurso rupturista de su jefe Andrés Manuel López Obrador, validado electoralmente por los ciudadanos ante la ineficacia de la clase política tradicional, el paisano del presidente se puso a modo para intentar caerle bien a los panistas guanajuatenses. Difícil asignatura si las hay.

Ahora tocó el turno al canciller Marcelo Ebrard Casaubón, quien recorrió León acompañado por un cicerone de varias caras: Marcelino Trejo Ortíz, ex abogado corporativo defenestrado del Grupo Soni, ex aspirante a la alcaldía, ex candidato a síndico renunciante con Ricardo Sheffield y hoy compañero de aventuras políticas de Malú Micher al tiempo que ofrece servicios jurídicos a gobiernos panistas y busca congraciarse para recibir el fiat de notario de manos de Diego Sinhue Rodríguez.

Quizá ello explique el periplo de Ebrard por hoteles y restaurantes de postín, apenas teñido de una visita a las populares guacamayas y una reunión con el empresariado filopanista agrupado en la Concamin de Ismael Plascencia, el adalid de la puntualidad.

Salvó la gira la breve pero productiva escucha del canciller a los obreros despedidos de la empresa Gissing, evento no agendado por Trejo por cierto, del que derivaron rápidas acciones para que tomara cartas en el asunto el Centro Federal de Conciliación Laboral.

Ebrard abordó el tema de la violencia en Guanajuato para descartar que sea un factor que impida la atracción de inversiones. El mismo fraseo de los políticos locales que, con pésimo tino, a lo que parecen aspirar es a la normalización de la violencia y a que los guanajuatenses se acostumbren a vivir con ella, en lugar de atender la exigencia de la reconstrucción de la paz.

Son tiempos de precampañas, es decir, los peores para asumir compromisos, menos aún en en la época de las selfies como mágico sustituto de las ideas y los conceptos.

La Cuarta Transformación se vuelve descafeinada cuando llega a Guanajuato.

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