Arnoldo Cuellar

Guanajuato: las falsas batallas del gobernador

In Análisis Político, POPLab on agosto 22, 2021 at 12:29 pm

Convertir el tema de la seguridad en un pulso político o en un tema de soberanía, no parece la mejor manera de resolver el asunto; hacer una guerra del agua cuando León ha descuidado su política de saneamiento, conservación y reuso racional de ese recurso, tampoco

Dos misiles lanzados por el presidente López Obrador impactaron de lleno en el búnker panista del país: las críticas al fiscal Carlos Zamarripa por su mal desempeño en 12 años, que tiene a Guanajuato sumido en la peor crisis de seguridad de su historia; y la decisión de terminar la presa del Zapotillo reservando su potencial de agua solo para Jalisco.

En Guanajuato, las autoridades formales, los liderazgos políticos extraconstitucionales, los aliados empresariales, los partidos de oposición y hasta la iglesia, salieron en coro a defender al fiscal no precisamente por sus resultados, sino justificando que la debacle no es entera responsabilidad suya sino que tiene otros componentes, como la incuria de los municipios y la hostilidad del gobierno federal.

El propio fiscal acomodó una gira con los medios menos críticos del estado para poder decir sus verdades, la mayor parte de las cuales no se sostienen ante un mínimo análisis. Adujo además que la crítica presidencial no se traduce en falta de apoyo federal, ya que mantiene excelente coordinación con los representantes de las distintas dependencias, lo que por otra parte contradice la tesis de sus defensores de que “lo han dejado solo”.

A la batalla por la defensa del fiscal y su escasamente exitosa estrategia, se suma ahora otro flanco de confrontación: el tema del agua para León, urbe sede de los poderes económicos tradicionales y origen de la clase política panista que gobierna el estado.

Tardíamente, una vez que fracasó un intento de alianza con el vecino gobernador de Jalisco, a quien hoy se le ubica como parte del embate que postra las expectativas de futuro de la mayor ciudad de Guanajuato, el gobernador Diego Sinhue, el ex gobernador Miguel Márquez, el PAN nacional y las autoridades leonesas, buscan convertir en una ofensa política la decisión sobre la presa del Zapotillo, donde AMLO ha propuesto mantener el nivel de aguas por debajo del peligro de inundación para los pueblos de la resistencia en Jalisco y dotar de agua solo a comunidades de aquel estado, principalmente Guadalajara.

La lucha del panismo leonés parece aislarlos, pues los confronta con Jalisco donde Alfaro había mostrado disposición para dialogar, pero también los separa de las otras ciudades de Guanajuato, también pujantes e industriosas y que comparten los problemas de abasto de agua en el futuro cercano.

No analizan que el mayor problema para usar el agua del Zapotillo es que hay apenas unos cientos de metros de construcción de un acueducto de 140 kilómetros y 13 mil millones de pesos que se encarecen cada día, además de los litigios con el concesionario y los propietarios de los terrenos por donde pasaría.

En su momento los ex gobernadores de Guanajuato nunca presionaron en la gestión para el avance de esa obra. Hoy su delfín paga las consecuencias.

Convertir el tema de la seguridad, con su cauda de asesinatos diarios, el crecimiento de las denuncias de narcomenudeo y la violencia contra las mujeres, en un pulso político o en un tema de soberanía, no parece la mejor manera de resolver el asunto.

Hacer una guerra del agua cuando León ha descuidado su política de saneamiento, conservación y reuso racional de ese recurso, tampoco parece una camino viable para atender la contingencia que se prevé en el futuro.

Si Diego Sinhue, guiado por una idea falsa de confrontación ideológica con un presidente que no le agrada a sus patrocinadores ideológicos y empresariales, toma decisiones unilaterales, el estado entero se verá afectado y él comprometerá su destino político, pues no se le aprecian los arrestos para esa batalla.

Los tiempos están cambiando, las alianzas mafiosas con fuerzas políticas como el priismo decadente, el ecologismo corrupto, la iglesia cada vez más desacreditada y un ex gobernador que no ha sabido retirarse cuando le tocaba, pueden ser espejismos para un político joven que no acaba de dimensionar que decidir implica responsabilidad y que las acciones provocan reacciones.

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