Arnoldo Cuellar

DÍAS DE GUARDAR Domingo 10 de mayo de 2020

In Análisis Político, Días de Guardar, POPLab on mayo 10, 2020 at 12:50 pm

* En la pandemia, la politización y la propaganda llegan a su término

* ¿Cuándo dejará el gobernador de creer las mentiras de Alvar Cabeza de Vaca?

* Fondos Guanajuato cambia esquemas, pero mantiene limitaciones en apoyos

Ilustraciones: @PincheEinnar

1.- Muestran su fracaso las estrategias propagandísticas en la crisis por Coronavirus

Ninguna sociedad, ningún gobierno, ningún aparato científico estaban preparados para hacer frente a una pandemia cuya aparición era previsible por observaciones científicas previas, pero de la que no había manera de anticipar sus características precisas.

El virus SARS-CoV-2 vino a dar forma a una predicción científica con bases muy firmes en el estudio de ese tipo de fenómenos desde la biología y la medicina, sin embargo, el comportamiento del agente patógeno y sus consecuencias en el organismo humano apenas están revelándose, con descubrimientos que no cesan.

Las estrategias de contención para evitar el riesgo sobre las personas, los sistemas de salud y las sociedades, son las básicas frente a cualquier tipo de agente contagioso, no tienen nada de específico para este virus en particular. Sin embargo, son las que a lo largo de la historia han mostrado una cierta efectividad cuando se carece de información completa, de medicamentos eficaces y de prevención a través de vacunas.

Por todo ello, ninguna sociedad podía presumir de tener una respuesta eficaz frente a a la amenaza viral contenida en este nuevo Coronavirus. Hemos visto repetidos fracasos de gobiernos y aparatos de salud que pensaron que esto no podía pasarles.

Tampoco funcionaron los análisis FODA a los que tan afectos son los tecnócratas en las empresas y en el sector público: los fortalezas no fueron tales y las debilidades asomaron por todas partes.

Creer a estas alturas que se puede “domar la pandemia”, “aplanar la curva” o “estar bien preparados”, solo habla de posturas demagógicas, de una especie de machismo político que ni siquiera ha logrado lo que pudiera ser su objetivo primario: dar confianza a la población.

En cambio, el afán protagónico de políticos que parecen no entender la magnitud del reto al que se enfrenta la humanidad en su conjunto, ha derivado en el agravamiento de la proverbial opacidad de la clase política mexicana: hoy no sabemos a ciencia cierta la magnitud del contagio y sus efectos en las próximas semanas en los sistemas hospitalarios, primero; y en el posible regreso a algunas de las actividades suspendidas, después.

Si bien el epidemiólogo del gobierno federal Hugo López-Gatell ha salido a contestar cuántas críticas se le han hecho a su modelo, lo cierto es que la impresión que deja en cada conferencia de prensa es que está haciendo hasta lo imposible por mostrar un optimismo sin asidero en los hechos y cuyo principal objetivo parece ser el de sustentar las afirmaciones diarias del presidente de la República de que “vamos muy bien”.

Lo cierto es que nadie les pide optimismo, sino aplicarse frente a un fenómeno que ha rebasado a países con más recursos que el nuestro y, sobretodo, hablarle al país con la verdad. No resultan congruentes los elogios de Andrés Manuel López Obrador a la madurez del pueblo mexicano que se rebeló en las urnas en el 2018, con la intención de ofrecer cada mañana una visión edulcorada de la realidad sanitaria del país en este momento.

En Guanajuato las cosas no parecen distintas. Sigo conociendo versiones de profesionistas intachables sobre casos donde la observación clínica indica COVID-19, pero los casos no se registran por indicaciones de jefes de clínicas y hospitales que atienden instrucciones superiores, como si reconocer los contagios implicara un desdoro político.

Las comunidades no se confinan por el simple llamado de autoridades que de por sí no gozan de credibilidad, mucho menos de ascendiente sobre sus gobernados. ¿Porqué habría de hacerlo, si se les informa solo de unos cuantos casos por municipio y la contabilidad oficial no es congruente con los llamados dramáticos de los trabajadores sanitarios a evitar el contagio?

No hay ninguna razón objetiva para pensar que “hemos aplanado la curva”: el confinamiento ha sido y es parcial y relajado, por necesidad o por inconciencia; la infraestructura médica está debilitada desde hace años y el nuevo gobierno nada ha hecho para subsanarlo.

Lo fundamental para que pueda darse una participación colaborativa de la sociedad, es tener acceso a la verdad desnuda; incluso, si las propias autoridades de salud la desconocen, será mejor que lo acepten y nos lo hagan saber. El mayor aliado de la pandemia, eso lo sabemos de antiguo, es la ignorancia.

2.- Segunda llamada en Cereso Mil: cárteles convierten penal en bomba de tiempo

La situación interna en el penal estatal conocido como el Cereso Mil, en Valle de Santiago, se encuentra fuera de control. A las versiones consistentes de los familiares de internos sobre la corrupción de los directivos y la sistemática actitud represiva del personal de seguridad, ahora se suman los constantes desórdenes que provocan los enfrentamientos entre grupos de internos que se asumen como parte de cárteles delictivos activos en la entidad.

Mucho tendría que aclarar el secretario de Seguridad, Alvar Cabeza de Vaca, a quien la pandemia ha fortalecido en su actitud de opacidad y hermetismo. Todo lo reduce, cuando aparecen notas en los medios, a desmentidos que atribuyen los desórdenes a “riñas de internos”.

Nada quiso explicar sobre los disparos en la fachada del penal, en la pasada revuelta. Nada dice sobre la relajada disciplina evidente en videos que salen de la multitud de celulares que existen dentro del penal. Menos aún explica la participación de decenas de personas en las confrontaciones, lo que ya no constituye simples riñas, sino verdaderas batallas.

Lo peor es que Cabeza de Vaca parece convencer al gobernador del estado y sus asesores más cercanos de que todo está bajo control, cuando evidentemente se incuba una bomba de tiempo al interior de un centro penitenciario que fue pensado como penal modelo cuando se estableció.

Así, nadie llama a cuentas al secretario de Seguridad, quien se mueve en una zona de confort mientras la inseguridad se apodera del estado. Todo indica que ni al secretario de Gobierno, Luis Ernesto Ayala, ni a la comisionada de estrategia para la seguridad ciudadana, Sophia Huett, les interesa complicarse la vida e informar al gobernador de la realidad que se vive en el penal de Valle de Santiago.

Poco importa que el estado de derecho sobreviva solo en los discursos y que los funcionarios de la seguridad afiancen un espacio de poder que ya no le rinde cuentas a nadie.

3.- Fondos Guanajuato, siempre olvidado, se convierte en la válvula de escape

Los gobiernos de Juan Manuel Oliva, Miguel Márquez y Diego Sinhue Rodríguez nunca voltearon a ver a Fondos Guanajuato, el organismo público responsable de financiar a las pequeñas medianas y microempresas, para fortalecerlo y convertirlo en una verdadera opción.

Con una fracción minúscula de los ingentes recursos destinados a subsidiar la instalación de las grandes armadoras, Fondos Guanajuato de Financiamiento podría haber crecido y ocupado un lugar significativo como palanca de impulso en el universo del emprendedurismo en pequeño de Guanajuato.

No ha sido así, por eso cuando se voltea a ver esta institución como la única que cuenta con la infraestructura jurídica para bajar los recursos de los programas de apoyo con motivo de la contingencia, el encargo superó sus posibilidades.

Un mes después del anuncio de los primeros apoyos, cuando la canalización de créditos ha ocurrido solo a cuentagotas, se han realizado cambios de personas y de procedimientos, sin embargo subsiste el mayor obstáculo para que el programa ayude a quienes más lo necesitan.

Al plantear un esquema de créditos a través de la aportación de garantías, que pueden ser prendarias, hipotecarias o mediante aval, el apoyo va directo a quienes podrían obtenerlo de otras fuentes de financiamiento. Otro embudo importante es limitar los respaldos a las empresas del sector formal, sin tomar en cuenta que buena parte de la base ocupacional de Guanajuato está en el sector informal.

Sin duda hay apoyos sustanciales, como el plazo de gracia, la tasa de interés y la posibilidad de reducirla a cero con pagos puntuales. Sin embargo, el éxito del programa dependerá de que las empresas recuperen viabilidad en un plazo relativamente corto.

Esa circunstancia puede complicarse pues no solo se trata de la contingencia sanitaria, sino de su secuela económica posterior, que puede agravarse si se agudiza una depresión económica global, en una entidad que ha sido exitosa en aumentar sus intercambios con los mercados mundiales.

¿Qué pasará si a la vuelta de los meses un porcentaje importante de los créditos otorgados caen en el impago? ¿Qué hara el gobierno con una nómina de inmuebles y de bienes de capital producto de ejecuciones de las garantías reclamadas hoy?

Si de lo que se trata es de evitar el impacto de la crisis imprevista, resguardar empleos y evitar una gran tragedia humanitaria, el gobierno y los liderazgos empresariales de Guanajuato deben esforzarse más y echar mano tanto de la imaginación como de la flexibilidad.

El tamaño de la crisis puede ameritar medidas medidas que parecerían impensadas en tiempos normales. Por lo pronto, el fortalecimiento de Fondos Guanajuato y la agilización de procedimientos son bienvenidos. Ahora hace falta salir de la estrecha caja de las soluciones financieras habituales y confiar en eso que tanto se elogia en los discursos: la capacidad de trabajo y la voluntad de cumplimiento de compromisos de los guanajuatenses.

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