Arnoldo Cuellar

DÍAS DE GUARDAR Domingo 26 de abril de 2020

In Análisis Político, Días de Guardar, POPLab on abril 26, 2020 at 4:18 pm

* Pandemia se presta a relajamiento en disciplina gubernamental

* En el peor momento, se deteriora el clima laboral en el sector salud

* Endurecen municipios restricciones ante desacato de ciudadanos

Ilustraciones: @PincheEinnar

1.- Transparencia y legalidad puestos entre paréntesis por la pandemia

De pronto, desde diversas instancias gubernamentales donde parece que el dinero no es problema, se decidieron las compras de artículos de limpieza y sanitización a proveedores que surgieron de la nada, como hongos, y a precios por encima de los del mercado.

Mientras el discurso demagógico de los políticos los lleva a retratarse donando su sueldo de un mes para apoyar a los trabajadores del sector salud, mediante mecanismos y vías que nadie conoce y a los que hasta ahora no es posible supervisar en forma pública, las áreas de compras del Congreso del Estado, el municipio de León y el de Irapuato, se soltaron pagando arcos, túneles y cabinas sanitizantes cuya utilidad está en entredicho, lo que no fue óbice para que los pagaran en precios elevados y los asignaran sin licitar.

Estamos ante un doble estándar: por una parte los altos responsables políticos quieren verse empáticos con lo que suponen es una reocupación generalizada y un temor creciente de los ciudadanos. Por otra parte, no tienen empacho alguno en permitir el dispendio y la suspensión de las reglas arduamente construidas para evitar la opacidad y los riesgos de corrupción, con el pretexto de la “urgencia”.

En una sociedad donde la honestidad y la rendición de cuentas fuera la regla, no debería haber problema alguno para que, incluso en situaciones de excepción, las adquisiciones de equipos e insumos ofrecieran todas las garantías de las mejores prácticas.

Cuando encontramos que los arcos comprados por el municipio de León, o el túnel adquirido por el Congreso del Estado, o los que instaló el municipio de Irapuato, no pasaron por procesos ni siquiera de invitación restringida y que sus precios superan los de otros que se ofrecen en el mercado, queda una clara sensación de que más allá de importar la salud de los ciudadanos, lo que importa es gastar dinero sin supervisión.

No es la única operación que parece destinada a eludir la fiscalización. El poderoso Sistema de Agua Potable y Alcantarillado de León ha determinado modificar los requisitos para la licitación de obra pública con el pretexto de “reactivar la economía de León”, pero en realidad para facilitarse la asignación por debajo de los parámetros de ley.

Lo que parecen querer decirnos todas estas decisiones es que los políticos y los funcionarios que manejan los presupuestos públicos se sienten profundamente incómodos con las crecientes medidas para controlar el gasto, dotarlo de transparencia y dificultar la corrupción.

Habría que recordar que esas reglas surgieron precisamente por la reiterada aparición de conductas poco éticas a lo largo de la historia antigua y reciente del país y del estado. No ha habido partido político que haya logrado erradicar la corrupción y la creciente desconfianza de la ciudadanía es lo que ha endurecido los controles, pese a los cuales vuelven a surgir los escándalos.

Ni los políticos profesionales ni los hombres de empresa que encabezan los consejos directivos han logrado elimiar la sensación de que se llega a los cargos públicos para hacer negocios. Ahí están los casos de los dos últimos presidentes de Sapal: Pedro González y Jorge Ramírez, envueltos en polémicas por beneficiar intereses propios y de familiares, aún con los controles existentes y buscando siempre autoexculparse por “no estar enterados de las decisiones” de sus subordinados.

Así que ni la pandemia ni nada puede justificar y hacer creíble que vuelva la prisa por gastar dinero público de forma opaca y asignar contratos sin transparencia ni términos inequívocos.

La urgencia por gastar dinero, en medio de la pandemia que amenaza la salud y la vida de los ciudadanos, solo nos vuelve a hablar de la rapacidad de una clase gobernante que, pese a todos sus discursos, sigue anteponiendo al interés público su beneficio particular.

Sería despreciable, si no fuera, en estos momentos, peligrosamente criminal.

2.- Hace crisis el control de Reynoso Márquez en la Secretaría de Salud

Aunque Daniel Díaz Martínez está tratando de echar el resto en su encomienda como Secretario de Salud, frente al problema más grave que se haya vivido en generaciones, el grave pecado de no haber constituido nunca un equipo propio y depender del círculo marquista que encabeza el subsecretario de administración Fernando Reynoso Márquez, primo del ex gobernador, está provocándole cada vez mayores dolores de cabeza.

La decisión inicial de permitir que los trabajadores de grupos de riego ante la COVID-19 se retiraran a sus casas con permisos, está siendo revertida de forma soterrada al realizar una coacción económica y retirarles prestaciones como una forma de obligarles a regresar.

La acción administrativa, comunicada verbalmente y sin dejar huella en oficios, está validada por los dirigentes sindicales, Martín Cano y Bernardo Rodríguez, quienes, como siempre, defienden sus privilegios y no el bienestar y los derechos de sus agremiados.

El endurecimiento, sin embargo, no es para todos. Hay consentidos, hay recomendados, hay protegidos de los propios líderes sindicales, que no están sufrien do las mismas presiones y que gozan de privilegios. La situación es un clamor entre los trabajadores de la salud de Guanajuato que han soportado por años estos despotismos, pero que no parecen dispuestos a hacerlo ahora, pues sería a costa de su salud y hasta de su vida.

NI siquiera medidas reactivas cmo la basificación de 400 trabajadores del área, anunciada por el gobernador Diego Sinhue Rodríguez Vallejo de la mano de los dos líderes sindicales, logra revertir el mal clima laboral que se está apoderando de las unidades del sector salud en el estado.

Bien haría el secretario de Salud en tomar el control de la dependencia que encabeza desde el sexenio pasado y empezar a tomar sus propias decisiones, de lo contrario, el fracaso de todos sus esfuerzos amenaza con venir de donde surge su mayor debilidad: haber mantenido a un equipo cuya fortaleza nunca fue la capacidad sino el influyentismo.

3.- Ahora sí, mano dura para frenar movilidad

Amparados en la declaratoria de la fase 3, los alcaldes y el gobierno de Guanajuato revisarán a partir de esta semana el control del aislamiento ciudadano en las principales urbes del estado, endureciendo medidas y aplicando normas municipales estrictas que incluyen multas y remisiones a los separos municipales.

Irapuato, León y Celaya son los primeros municipios que endurecen posturas para mantener a los ciudadanos en sus casas u obligarlos a que transiten con protecciones mínimas como el cubrebocas.

La situación habla de la preocupación de las autoridades ante las realidades que se presentan en otros países y a las que nos e quiere llegar, algo que un porcentaje importante de ciudadanos aún no se toma en serio.

El esfuerzo de muchos habitantes, de pequeños negocios, de grandes empresas, aún a costa de fuertes pérdidas económicas, no esta resultando eficiente al no generalizarse las medidas de distancia social.

No se ha entendido que de nada vale la parálisis de solo una parte de la sociedad y que la única forma de que el frenón económico contribuya a detener el impacto de la pandemia de COVID-19 y sus consecuencias en difusión del contagio, saturación de espacios hospitalarios y pérdida de vidas, es que el aislamiento se generalice.

Ahora habrá que cuidar que el endurecimiento de medidas no se traduzca simplemente en oportunidades para que los cuerpos de vigilancia presiones a los ciudadanos e incurran en prácticas que distan mucho de haberse erradicado, como el delito de concusión.

Estamos apenas al principio de la etapa más difícil. Hemos visto lo que pasa en otros países con mejores sistemas de salud, con más retna per cápita e instituciones más eficientes. Resulta iluso pensar, como suelen decirlo funcionarios de todo nivel en un afán de salvar sus administraciones, que “vamos muy bien” y que “aquí no nos pasará como en Europa”.

Esta vez, no dependemos de los gobierno y nada podrá su demagogia. Lo que no hagamos por nosotros mismos, nadie podrá hacerlo, ni siquiera las más duras amenazas de la autoridad. Así que, a cuidarnos todos.

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