Arnoldo Cuellar

DÍAS DE GUARDAR Domingo 17 de noviembre de 2019

In Análisis Político, Días de Guardar, POPLab on noviembre 17, 2019 at 10:58 am

* La operación propaganda está fracasando

* Miguel Márquez no se tienta el corazón para competir con Diego

* El ataque en Celaya muestra al estado a la defensiva

Ilustraciones: @PincheEinnar

1.- Ni dinero ni complicidades funcionan: Diego sigue descolocado

Con la operación de cooptación mediática más grande de la era panista, con las empresas de comunicación tradicionales más comprometidas que nunca con el actual gobierno y más dependientes que nunca del dinero público, con un gasto extenso en redes sociales, el gobernador Diego Sinhue Rodríguez Vallejo sigue sin dar el estirón.

Ni en las encuestas que funcionan con lógica publicitaria (Arias Consultores y Massive Caller), ni en las más serias de medios nacionales, Diego logra despuntar más allá de la media tabla.

Sin embargo, lo más preocupante es en el propio territorio del estado, donde su imagen sigue a la zaga de la que logró Miguel Márquez al final de su sexenio y la que mantuvo como promedio en todo su gobierno.

El problema de fondo es que el gobierno no está siendo eficiente en atender las preocupaciones del estado, sino que se limita a ensimismarse con los temas de la propaganda y la imagen, como si esta no tuviera nada que ver con la realidad.

Cada día se pone en evidencia de forma más clara el fracaso de las líneas discursivas que evitan las malas noticias y quieren asociar al gobernador solo con “lo positivo”.

Resulta de una incongruencia supina creer que mientras en Celaya acribillan con fusiles de alto poder al secretario de seguridad y sus escoltas, se pueda vender al gobernador promocionando el Festival del Globo, un evento súper posicionado que no requiere de mayor impulso y del cual más bien el mandatario aspira a colgarse.

El efecto obtenido es el contrario: evidenciar frivolidad y ausentismo, distancia con las preocupaciones de vastos sectores de ciudadanos, insensibilidad e irresponsabilidad.

No basta que se difundan fotografías de reuniones de emergencia que aparecen encabezadas por el Secretario de Gobierno, Luis Ernesto Ayala, en une mera formalidad, pues en realidad todo mundo sabe que en materia de seguridad no tiene nada que hacer frente a Carlos Zamarripa y Alvar Cabeza de Vaca, los propietarios de la política en ese terreno, fallidos, por cierto.

Nadie pide, por supuesto, que el gobernador se disfrace de agente ministerial y vaya al terreno donde ocurren los acontecimientos violentos, pero sí por lo menos que manifieste su atención al problema, su postura e incluso su consternación, lo sería perfectamente humano y altamente político.

Por si algo faltara, los medios de comunicación que quieren quedar bien con el mandatario y desquitar de alguna manera los ingentes recursos que reciben y que de muy poco sirven ante su decreciente circulación y su escaso impacto, pergeñan entrevistas lucidoras de semblanza que buscando pintar al gobernador como personaje, lo único que evidencian es la burbuja en la que quiere vivir, un espacio del que están cada vez más alejados sus conciudadanos.

2.- Miguel Márquez, la triste condición de un nostálgico del poder

El ex gobernador Miguel Márquez Márquez aprovecha la menor invitación hecha por cortesía para aparecer en eventos y hacerle sombra a su delfín, como si no quisiera que dejara de ser eso, como si quisiera mantenerlo en una perpetua minoría de edad política.

Hay quien piensa que debería ser una asignatura de Diego Sinhue meter en cintura a su ex jefe, de buenas o malas maneras. Resulta difícil, sin embargo, para quien brincó tantos escalones en su carrera para asumir una responsabilidad capital, tomar ese reto y mostrarse desagradecido con quien le abrió las puertas del Olimpo político.

Sería más lógico esperar que Márquez asumiera su nueva situación y se retirara a una prudente distancia. Sin embargo, eso no ha ocurrido y parece que no ocurrirá.

Carente de las relaciones de un Juan Carlos Romero Hicks, lejos de ser un técnico de la maniobra electoral como Juan Manuel Oliva, Márquez se aburre en su rancho, a donde dijo que se retiraría y busca los reflectores políticos una y otra vez.

Esta semana no le dejó a Diego Sinhue disfrutar de la anfitrionía de los jerarcas del Grupo Pachuca y del gobernador Omar Fayad en la investidura del Salón de la Fama. Allí se apareció para cobrar los réditos políticos de su apoyo al nuevo estadio de León.

Pero cuándo no hay invitaciones, Márquez se las ingenia para convocar a ex alcaldes y funcionarios de la actual administración a tertulias donde, inevitablemente, se habla de política.

Y en esas reuniones no todo es diplomacia. No son pocas las versiones que hablan de críticas veladas de Márquez a su pupilo Sinhue, sobre todo por el tema de la inseguridad.

Al ex gobernador tampoco le gusta la preeminencia de Charlie Alcántara y la marginación de Juana de la Cruz Martínez.

Y aunque las cosas no llegan a mayores, todo indica que esa “guerra divertida” tendrá un abrupto fin a mediados del próximo año cuando se agudice la batalla preelectoral panista y surjan candidatos “de Miguel” frente a quienes aspiren con el apoyo “de Diego”.

Allí arderá Troya.

3.- El ataque de Celaya no fue contra Ramos, sino contra el dúo dinámico

Desde que lo puso en León como Director de Policía, en 2016, Alvar Cabeza de Vaca reconoció con largueza su cercanía con Juan Carlos Ramos Ramos, quien venía de ser coordinador de las Fuerzas de Seguridad Pública del Estado.

El traslado de Ramos de León a Celaya, para enfrentar crisis en ambas ciudades, lo único que deja ver es que la estrategia solo consiste en barajar las mismas piezas en repetir los mismos vicios y en jugar con cartuchos quemados.

El mando único, convertido de facto en una dictadura policial en todo el estado, constituye una grave anomalía pues exime de cualquier responsabilidad a los alcaldes de los municipios, pese a que una de los encomiendas centrales de un gobierno municipal es la seguridad.

Claro está que los ediles son felices de escapar a la responsabilidad de administrar la seguridad pública, aunque al final del día las deficiencias en ese terreno igual sean abonadas a su cuenta.

La renuncia de los alcaldes a la grave responsabilidad de garantizar la paz y la tranquilidad en los territorios que gobiernan por encomienda popular a través del voto, los deja solo como elementos decorativos. Si a ello se agrega que a partir de la Cuarta Transformación también disminuyen sus recursos para obra pública, llegamos ala conclusión que la célula política básica se encuentra sumida en una grave crisis.

En contrapartida, Alvar Cabeza de Vaca ejerce desde la Secretaría de Seguridad Pública del Estado y en estrecha sociedad con el Fiscal General del Estado, Carlos Zamarripa Aguirre, un gobierno de los esquemas de seguridad y un control territorial absoluto.

Con la tecnología de Escudo y de otros instrumentos de vigilancia, incluyendo aparatos de espionaje telefónico, con el mando de las corporaciones estatales y con el control absoluto de las policías municipales queda claro que el poder policial en Guanajuato está transitando a un poder político no visto nunca antes.

Sin rendir cuentas al gobernador del estado, que prefiere no saber del tema;  sobrellevando la tibia vigilancia del secretario de gobierno, el rebasado y desactualizado Luis Ernesto Ayala, Zamarripa y Cabeza de Vaca están construyendo un verdadero imperio.

Lo contrastante es que todo ese poder concentrado no sirva para nada, por lo menos para nada socialmente benéfico: Guanajuato vive hoy su hora más negra en materia de paz y tranquilidad. La responsabilidad total, por acción, omisión o complicidad, es de los dos poderosos jefes policiales.

Durante mucho tiempo se dijo que el divorcio entre la entonces procuraduría de justicia y la secretaría de seguridad era la causa del ineficaz combate a una delincuencia que ya nos preocupaba pero que nada tiene que hacer frente a la debacle actual. Hoy, con plena comunión de ambas instancias, las cosas son mucho peor.

Algo, muy profundo, está podrido en las instituciones de seguridad en Guanajuato.  

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