Arnoldo Cuellar

¿Zapotillo o muerte?

In Análisis Político, La Noticia al Punto, POPLab on agosto 1, 2019 at 11:09 pm

La clase política y empresaria leonesa no ha reflexionado mucho sobre el problema integral de la sustentabilidad de la ciudad y de su zona conurbada. Quizá por eso, pretenden, en un alarde de soberbia, que sus soluciones sacrifiquen a otros.

León tiene un grave problema de agua, desde hace años se sabe. Sin embargo, el problema no es la escasez de agua, sino todo lo contrario: el grave y delicado asunto es que León ha contado con tanta agua que se ha acostumbrado a desperdiciarla.

¡Qué tiempos aquellos! Foto tomada del portal El Señor del Hospital

De seguir con esa lógica, de no “innovar”, como tanto les gusta repetir a políticos reconvertidos y a empresarios milenials,  no habrá agua que alcance para León y para sostener una loca carrera por el crecimiento sin equilibrio.

León fue por agua a San Francisco del Rincón en los años 80 del siglo pasado. En los 90’s trajo el agua de Romita.

Ni entonces ni ahora se ha producido un reciclaje integral del agua de la ciudad. Las plantas de tratamiento, doméstica e industrial, van a cumplir quince años, están subutilizadas  y quizá pronto cambie de mano la concesión.

Y, sin embargo, los procesos de esa costosa infraestructura no logran devolver el agua con una calidad aceptable al Río Turbio, donde sigue habiendo residuos industriales que van a dar a la laguna de Chapala fatalmente.

Sapal, dominado por empresarios de la cadena cuero -calzado y del sector constructor e inmobiliario, no ha podido terminar con el problema de los pozos clandestinos, que se cuentan por centenas y generan un auténtico huachicoleo del agua de todos. Ese líquido ilegalmente utilizado va sobre todo al curtido, una de las actividades más contaminantes históricamente y aún fuera de control, por más que se diga lo contrario.

La sierra de Lobos se encuentra plagada de permisos para aprovechamientos particulares. El empresario Jorge Arena Torres Landa, ecologista adelantado a su tiempo llamaba a esas elevaciones “el tinaco de León”. Pues ahí sigue, desaprovechado, depredado y cada vez con menos vegetación. Se sabe incluso que hay títulos de concesión para explotar minas, lo que vendría a comprometer su equilibrio de forma total.

Con ese historial a cuestas, con una administración empresarial del agua que antepone utilidades a uso racional; con su vocación por el crecimiento sin equilibrio; con la validación de un ecocidio cotidiano practicado desde las direcciones de desarrollo urbano y gestión ambiental del municipio, que validan cotidianamente permisos para construir sin restricciones, para llenar el valle de concreto y cortar árboles sin ton ni son; con la afectación de parques urbanos en oscuros acuerdos de beneficio empresarial, la ciudad de León no tiene ninguna calidad moral para exigir agua los habitantes de otra cuenca, como si se la debieran.

La prepotencia de la clase política y empresarial de León ha sido frenada hasta ahora por la tenacidad, la imaginación y la inteligencia táctica de un puñado de habitantes de una pequeña comunidad de Jalisco a la que con prepotencia se pretendía inundar por que sí, porque esa agua “nos la merecemos porque queremos seguir haciendo negocios y acaparando riqueza”.

Dice Luis Ernesto Ayala, el ex alcalde de León que hoy se pierde en la intrascendencia como Secretario de Gobierno, que “no hay alternativa para Guanajuato más que el Zapotillo”.

Es esa prepotencia la que mata la imaginación. Una gestión integral del agua, un reconocimiento de las deficiencias que aquí se tienen, una dirección de Sapal que piense en términos de sustentabilidad integral y no solo en llenar sus arcas, serían factores que podrían hacer surgir alternativas, entre ellas incluso una presa en el Río Verde de menores dimensiones, que respete a los habitantes de su entorno, que se plantee con generosidad.

La soberbia suele ser muy mala consejera. Lo saben hasta los alemanes, que debieron aprenderlo a través de costosas lecciones. Nunca es tarde para pensar las cosas otra vez.

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  1. De acuerdo en mucho, casi en todo, espero invitacion para comentar.

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