Arnoldo Cuellar

El padre Pedro, ahora Moreno

In Sin categoría on octubre 11, 2018 at 8:23 am

La alcaldesa ex panista y neomorenista de Salamanca, Beatriz Hernández quiso dejarlo bien claro: su asunción del poder se convirtió en una reivindicación política y social del sacerdote Pedro Gutiérrez Farías, quien fuera señalado por la sentencia de una jueza federal como responsable de una cadena de abusos cometidos contra menores de edad que tenía bajo su resguardo en el albergue Ciudad de los Niños.

Se trata de toda una declaración política. El sacerdote quedó gravemente afrentado con el exgobernador Miguel Márquez Márquez, después de haber sido grandes amigos, por que tuvo la osadía de intervenir el albergue a través del DIF estatal, después de la resolución judicial.

Gutiérrez Farías ni siquiera entendió que Márquez en realidad le estaba haciendo un favor, al evitar las investigaciones penales que deberían haberse suscitado por los graves indicios de violencia física, sicológica y legal contra menores indefensos a los que decía proteger y a los que usaba como justificación para obtener recursos millonarios de fuentes públicas y privadas.

Márquez le ahorro al sacerdote los dolores de cabeza de una investigación ministerial en toda regla, pero optó por taparle el ojo al macho con una “intervención” del DIF que, en realidad, se convirtió en un nuevo subsidio al clérigo al asumir los costos y la rehabilitación del albergue, de acuerdo con los funcionarios de la dependencia estaba en condiciones inadecuadas para su función, con recursos públicos.

Fue demasiado para el orgullo del ministro católico que no se ha caracterizado por su humildad y que disfruta cuando le rinden pleitesía y honores políticos a los más altos niveles, como ocurrió de nuevo ayer en Salamanca, ahora de parte de Morena.

Quizá el sacerdote quería un trato similar al que recibió en el gobierno de Juan Manuel Oliva, cuando el entonces secretario de Desarrollo Social y Humano, Miguel Márquez, le perdonó sin exigir cuentas 4 millones de pesos de recursos públicos municipales y estatales destinados a una fallida planta empacadora de cacahuates. En ese negocio, el sacerdote fue asesorado por el hermano de la hoy alcaldesa de Morena, Ramón Hernández Cruz, lo que quizá contribuya a explicar el trato que le otorgaron ayer.

Por lo pronto, quedó en evidencia que el sacerdote Pedro Gutiérrez cuenta con renovada protección en Salamanca. Ayer, por ejemplo, estuvo acompañado de un escolta, sentado a su lado en la primera fila de la ceremonia de toma de posesión. Ha recibido respaldo de la alta jerarquía católica en el estado y ahora goza de las mejores relaciones con la alcaldesa de Morena.

Sin embargo, los menores que sufrieron el cambio de identidad, que padecieron abusos físicos, que fueron otorgados en adopción sin atender el marco legal, no parecen merecer la protección de los nuevos hombres y mujeres de poder.

Sobre esto, los liderazgos de Morena guardan silencio y se limitan a decir que ignoran el tema, cayendo en la vieja práctica política de cerrar los ojos ante las iniquidades de sus correligionarios.

Así empezó la desilusión con el foxismo. Cuando los discursos de campaña empezaron a travestirse en discursos de poder iguales a los de siempre.

Los defensores de Pedro Gutiérrez con los que he discutido el tema se limitan a justificar lo que pasó en el albergue porque “el padre ya está muy viejo”. El argumento de ninguna manera justifica los abusos y cae en la falacia de anteponer los achaques del responsable de lo que ocurría en la institución a los derechos de los menores que deberían tener la máxima prioridad.

Por lo pronto, el mensaje de la toma de posesión de Beatriz Hernández es claro y desafiante: el sacerdote es su amigo y dará la cara por él. Los niños son prescindibles. Y ella es alcaldesa de Morena, “la esperanza de México”.

 

 

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