Arnoldo Cuellar

Un gobernador en segundo plano

In Análisis Político on septiembre 28, 2018 at 8:40 pm

Las ratificaciones en seguridad fueron costosas por impopulares, no obstante que se quisieron hacer pasar casi desapercibidas, algo imposible por cierto. El elefante está en medio de la sala, ¿es posible callarlo?

El excesivo cuidado que se está poniendo para evitar exponer a Diego Sinhue Rodríguez Vallejo ante los medios de comunicación locales, así como para tender una cortina de protección sobre el procurador Carlos Zamarripa y el secretario de seguridad, Alvar Cabeza de Vaca, puede tener efectos contraproducentes.

Un grupo cerrado de estrategas políticos y comunicadores se encuentran ensayando un método de protección especial para ahorrar desgastes al nuevo gobierno. No parecen muy duchos en su tarea y más bien exhiben inconsistencia.

Sinhue era un político fresco que se relacionaba bien con los comunicadores en su incipiente carrera política, volverlo inalcanzable no ayuda a fortalecer una imagen, antes lo hace parecer soberbio, incluso temeroso.

Ahí está el caso del descolorido procurador de los derechos humanos que nos hereda Miguel Márquez, el cual por más que ha evitado someterse a entrevistas directas en los medios, no logra cambiar la imagen de timorato, abúlico y falto de preparación para su tarea.

Pero, además, el nuevo gobernador está obligado a tomar posiciones sobre todas las nuevas agendas que impone un cambio de gobierno y no podrá hacerlo solo en discursos. Si bien la desordenada forma de comunicarse de Miguel Márquez producía un sinfín de mensajes, lo cierto es que en el subtexto siempre le ayudó a verse cercano, afable y a cultivar una imagen de sencillez que mucho le ayudó para mantener una alta popularidad, incluso frente a los eventuales escándalos de corrupción que afrontó.

No ayuda tampoco mucho a afianzar la idea de un gobernador fuerte, la serie de desplegados que aparecieron en diversos medios del estado, en una campaña orquestada, para felicitar a Diego Sinhue Rodríguez por la ratificación de Carlos Zamarripa y Alvar Cabeza de Vaca.

No recuerdo haber visto antes una manifestación política donde dos subordinados le compiten los reflectores al máximo responsable del Poder Ejecutivo del estado. Ha habido gobernadores a los que un gesto de esta naturaleza les hubiera producido una fuerte inconformidad o un abierto disgusto.

Incluso, alguno de esos desplegados colocaba en tipografía de mayor calibre los nombres de los funcionarios ratificados, dejando el del gobernador en el cuerpo del texto. La señal de que la ratificación se dio por una autopromoción y casi una imposición, puede ser letal para la credibilidad del gobierno que inicia.

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No abona tampoco que desde las mismas esferas de prensa del gobierno se haya impulsado la declaración de un funcionario de la embajada norteamericana, inflando su importancia, con una especie de aval a los funcionarios ratificados. ¿Qué se nos quiere decir? ¿Acaso que Diego Sinhue acata designios de la embajada imperial, olvidando con ello el añejo nacionalismo de que han hecho gala históricamente los principios panistas?

Lo que se aprecia de verdad es que la decisión de las dos ratificaciones no parece haber sido voluntaria, se saben los costos y se pretenden paliar con juegos de artificio mediáticos que solo destacan más la abierta contradicción de volver a confiar en quienes a todas lucen no ha sabido atender sus responsabilidades.

La pregunta que surge es inevitable y borda sobre las poderosas razones que obligaron a un joven gobernador, necesitado de fortalecer su imagen, a invertir una parte importante de su capital político en una decisión que nubla el inicio de su gestión.

¿Qué sabe Diego Sinhue que no quiere compartir con sus gobernados? ¿Por eso el silencio?

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  1. No se pueden esperar resultados diferentes haciendo siempre lo mismo. Entonces la ratificación de esos funcionarios evidencia que no hay interés de corregir los errores teitersdos. Además el PAN nunca ha sido nacionalista, todo lo contrario. Y lo evidencian las políticas entreguistas de Fox y el usurpador Calderón.

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