Arnoldo Cuellar

Murillo de la Rosa: la defensa de los acosadores

In Botepronto on agosto 20, 2018 at 3:22 am

Mientras el aparato se mueve en respaldo de los presuntos acosadores, la Universidad de Guanajuato se olvida de las estudiantes y les hace el vacío. ¿Hay mejor prueba de que el acoso existe porque hay una protección institucional?

Mientras las estudiantes de la Universidad de Guanajuato que salieron a medios a denunciar una situación crítica y sistémica de acoso en las aulas de la División de Ciencias Sociales y Humanidades (vaya paradoja), no han recibido un solo mensaje institucional de respuesta, ni siquiera la atención de la ventanilla especializada que tanto ha presumido la institución, sus presuntos agresores ya están cobijados por la sacrosanta hermandad del acoso en los altos mandos universitarios.

Las jóvenes universitarias emitieron un comunicado este sábado, en su página de Facebook (https://web.facebook.com/Colectiva-Alumnas-UG-en-sororidad-385811318599795/), donde concluyen con crudeza que “la Universidad de Guanajuato es un espacio hostil para las mujeres”.

Antes habían argumentado:

A lo largo de la semana, hemos estado pendientes de las declaraciones de las autoridades de la Universidad de Guanajuato y no hemos visto apoyo de su parte hasta el momento. Han manifestado su completo desconocimiento sobre temas de género y que no están capacitados para brindar acompañamiento. Han minimizando como arbitrarios los casos de acoso declarando que sólo es una “cuestión de perspectiva”, han defendiendo la “presunción de inocencia” de los profesores señalados sin primero hacer la correspondiente investigación y revisión de sus antecedentes, y aún más lamentable, siguen sin caer en cuenta que, si lo que falta son denuncias, los culpables son ellos por infundir desconfianza, temor y falta de empatía con las necesidades del alumnado. Debe quedar claro que tanto a nivel División como en el Campus ya se tenía conocimiento del acoso de profesores a alumnas, por lo que no hay excusa ante su inacción.

Quizás es aún peor.

El viernes por la noche se conoció la realización de una reunión entre los cinco maestros que han sido acusados de perpetrar acoso y el abogado general de la Universidad, Mauricio Alejandro Murillo de la Rosa. Los maestros no se han presentado a clases desde la mitad de la semana, al parecer bajo autorización de la dirección de su división.

Se antoja una estrategia protectora más que una investigación. En la Universidad los mensajes, como dicen las alumnas, son de “presunción de inocencia”, cuando ni siquiera hay un proceso abierto; y se ha subrayado la ausencia de “denuncias formales”, no obstante que los responsables de la División y del Campus habían sido informados de lo que estaba pasando.

La situación es pasmosa por la falta de compromiso de los funcionarios públicos que dirigen los espacios universitarios con el alumnado puesto bajo su resguardo.

Sin embargo, no faltan los detalles de humor negro: la primera denuncia verbal que conoció el director de la división, el doctor Alex Caldera, ocurrió en los primeros días de marzo. En esa ocasión las propias estudiantes se comunicaron a la oficina de UGénero y pidieron su presencia en el campus, solo para recibir como respuesta que no podían asistir porque “estaban en los preparativos del Día Internacional de la Mujer”. Sería un buen chiste, si no fuera trágico.

En cambio, la presencia del abogado general ya no es chistosa. Por lo menos dos altos funcionarios universitarios, el secretario general Héctor Efraín Rodríguez de la Rosa; y el propio Caldera han hablado de la posibilidad de que los maestros “emprendan acciones legales”, dejando abierta una amenaza contra las alumnas y la ONG que las acompañó en el proceso, Centro las Libres.

¿A eso se reunió Murillo de la Rosa con los profesores, a asesorar una posible demanda con respaldo pleno de la Universidad?

Sería una torpeza monumental y se ratificaría todo lo que hasta ahora se ha sugerido: que el acoso no se erradica por que está protegido desde los más altos niveles, lo que podría derivar en un enorme desprestigio para una Universidad que no despega, que está lejos de los índices de excelencia y que cada día es más costosa por su ineficiencia, pese a los discursos grandilocuentes que repiten sus funcionarios y que solo ellos se creen.

Aunque viniendo del abogado Murillo de la Rosa no se extrañaría. Hace poco más de seis años, el hoy abogado universitario debió salir por la puerta de atrás del Instituto Estatal de Ciencias Penales de Guanajuato, dependiente de la Secretaría de Seguridad, en medio de un caso como el que hoy cimbra a la Universidad.

Una empleada del Inecipe se quejó de acoso en varias instancias y no fue escuchada hasta que llegó a la oficina del entonces gobernador interino, Héctor López Santillana, quien decidió pedirle la renuncia. El caso nunca se documentó según refieren testigos de la época, pues prevalecía la costumbre de lavar la ropa sucia en casa. Sin embargo, permanecen vigentes en la actividad pública muchos de los que estuvieron cerca del caso, algunos incluso defendiendo al presunto acosador.

Así que con asesores como Julio César Kala, Mauricio Alejandro Murillo de la Rosa y María Dolores Gallegos que fue capaz de revictimizar a su propia sobrina, es más que entendible porque el rector general ha sido incapaz de pronunciar una condena tajante en contra del acoso sexual en la institución que encabeza.

 

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  1. En alguna época de mi vida me tocó trabajar con Murillo de la Rosa cuando era funcionario de gobierno. Aparte de huevón, de no cumplir jamás lo horarios de oficina, siempre llegar tarde; tenía, recuerdo, un vicio de conquistar alumnas de la UG, chatear todo el día con ellas en lugar de trabajar, en horarios de trabajo llegaban las alumnas a encerrarse en su oficina con actitudes de hacerle la barba para que las pasará en los examenes. Por desgracia en la UG hay muchos maestros que se sienten protegidos e inmunes ante el acoso, gente que por portar una maestria, postgrado o diplomado en el extranjero se crean fama para irse a la cama con cuánta jovencita ingenua se topen al frente. Mi experiencia con Murillo fue desagradable pues en una ocasión que critique su mal desempeño de inmediato fui retirado de mi cargo. En fin, no me extraña ver este señalamiento a tan enorme fichita con cara de no matar una mosca.

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