Arnoldo Cuellar

Estampas electorales: 3.- PRI, muertos vivientes

In Botepronto, Zona Franca on julio 6, 2018 at 3:41 am

El PRI de Guanajuato carecía de alma hace mucho y solo era un recipiente circunstancial para ambiciones personales. Hoy, hundido por sus propias causas, a su vez agravadas por una debacle nacional cuya magnitud nunca imaginaron, parece que su hora ha llegado, aunque no quieran darse cuenta los priistas.

Lo más terrorífico en la imagen de ese mito medieval que el cine y la televisión han llevado al paroxismo, los zombis, es la forma en que se mueven con determinación hacia ninguna parte, sin pensar, sin sentir, incluso cayéndose a pedazos. Solo se detienen cuando son literalmente desintegrados.

Esa desintegración pudo haber ocurrido este domingo para el PRI, hace mucho carente de un aliento vital y de autodeterminación.

Acabado el gobierno priista en el estado, en 1991, el PRI sobrevivió con vida artificial insuflada desde sus oficinas centrales en la ciudad de México y desde el gobierno federal.

Eso logró que la vida interna del priismo se empobreciera aún más. Solo políticos influyentes en las altas esferas nacionales, los Chaurand, Arroyo, Torres Landa, y a últimas fechas, Sánchez, tuvieron posibilidad de influir en las decisiones tanto de corte electoral como en las líneas partidistas.

Con un pie en la política local, siempre superficial, siempre negociando con el gobierno panista, y otro colocado en la intriga de pasillo en las secretarías de estado y en las cámaras federales, estos políticos administraron la derrota, se beneficiaron de ella y usaron a los militantes aún existentes, aun fieles, como peones en un tablero cada vez más deteriorado.

El último beneficiario de ese juego perverso que se limitaba a los objetivos de corto plazo y la rendición de beneficios particulares, fue Gerardo Sánchez, quien sustituyó a Francisco Arroyo Vieyra como factótum mediante una alianza con Bárbara Botello y Miguel Ángel Chico, que duró menos que un suspiro.

Construyendo una candidatura a gobernador que no tenía mayores contenidos que la ambición, Gerardo Sánchez destruyó sus alianzas políticas originales y se refugió en una especie de Bronx priista coordinado por un cuarto de estrategia avejentado y chato que no logró producir ni siquiera un eslogan decente de campaña.

La frase más conocida de la campaña, cortesía del publicista Carlos Alazraky, fue la de los “pantalones bien puestos” para combatir la inseguridad, que solo tuvo el efecto de caracterizar al candidato como un machista ignorante de la perspectiva de género.

Ese PRI, junto con el de Meade, se hundió como peso muerto hasta ocupar el tercer lugar de las encuestas y una votación estatal que ni siquiera iguala a la del PAN solo en León.

Hoy, los priistas de Guanajuato, casi todos derrotados, se mueven como zombis para tratar de arañar unos despojos que ya no tienen el menor atractivo. Independientemente de lo que pase con el comité estatal designado por Gerardo Sánchez, cuya presidenta será diputada local plurinominal en una bancada que no pasará de tres personas, lo más factible es que ningún priista la tome en serio y que su suerte dependa de lo que ocurra a nivel nacional.

Este PRI ya ni siquiera resulta atractivo para que el PAN lo incluya en las negociaciones para facilitar los acuerdos en el Congreso. Y si lo hace, su desprestigio aumentará aún más, casi hasta convertirse en un partido satélite, como ya lo son PRD y MC. Eso dejaría el campo abierto a Morena para seguir desangrando a esa chiquillada partidista.

Lo peor de todo es que ninguno de los priistas que se han estado moviendo después de la elección, muestran una sola idea para hacer frente a lo que se viene. Hay quien habla de “cerrar filas”, sin percatarse de que ya no hay filas; hay quien habla de “reconstruir”, sin ninguna noción de lo que eso pueda significar. Las responsabilidades no se han admitido, la palabra autocrítica es inexistente en el vocabulario de estos muertos vivientes.

El PRI nacional y el de Guanajuato desde hace mucho, permanecieron detenidos frente al cambio que ocurría en la sociedad. Hoy que ese movimiento les ha pasado por encima, insisten en recurrir a fórmulas vacías que ya no significaban nada hace 20 años.

¿Tienen remedio? Creo que hace tiempo que no, simplemente les ha llegado el golpe letal que en poco tiempo detendrá su caminar errabundo, renqueante, y carente de sentido. Quienes allí puedan generar algún tipo de idea alternativa quizá deban hacerlo en espacios nuevos o recurrir a los partidos por hoy sobrevivientes. A los que solo están dando vueltas como pollos descabezados, lo mejor es desearles que descansen en paz.

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