Arnoldo Cuellar

Estampas electorales: 2.- Diego, la hora de la verdad

In Botepronto, Zona Franca on julio 4, 2018 at 3:21 am

Reinventar al panismo desde Guanajuato solo podría hacerse si el nuevo mandatario logra innovar una forma de gobernar que, tras el anquilosamiento de esa fuerza política, conserva el estado ya no como bastión, sino solo como reducto.

Probablemente Diego Sinhue Rodríguez Vallejo nunca esperó verse así: gobernador electo de Guanajuato antes de cumplir los 38 años de edad, después de una carrera verdaderamente meteórica que apenas alcanza 11 años de cargos mayoritariamente legislativos y solo dos de ellos en una responsabilidad de tipo ejecutivo como secretario de desarrollo social del estado.

El haber sido aupado a la candidatura a gobernador desde su llegada a la dependencia estatal por el mandatario saliente Miguel Márquez Márquez, es quizá la explicación más clara para la fervorosa gratitud que el ganador de las elecciones le sigue mostrando a su patrocinador político, incluso ahora que está a punto de convertirse en gobernador electo.

Ese quizá sea uno de los rasgos que más preocupan del joven político al que le corresponderá completar la tercera década de hegemonía panista en la entidad: ¿qué tanto le deberá a Márquez? ¿Cuánto del marquismo sobrevivirá en su administración? Y, lo más relevante, ¿qué posibilidades habrá de que Rodríguez Vallejo se distancie de algunas de las prácticas de su antecesor y principal patrocinador?

Los resultados de la jornada electoral de este domingo primero de julio no son precisamente gratificantes para la maquinaria panista. Un abstencionismo de 10 puntos por encima de la media nacional y el crecimiento de una fuerza política de izquierda casi de la nada hasta ocupar un 25 por ciento del espectro político local, no son datos para echar las campanas a vuelo.

Para su fortuna, el embate del lopezobradorismo no derrumbó estructuras políticas como la mayoría en el Congreso o el gobierno de los municipios del corredor industrial; sin embargo, las pocas posiciones que el PRI pudo recuperar se dieron en castigo a malas administraciones del PAN en municipios nada desdeñables, como San Francisco del Rincón, San Luis de la Paz y Dolores Hidalgo.

En el único municipio ganado por Morena en el corredor central, Salamanca, una ex panista que fue marginada y reprimida políticamente, derrotó a un grupo de poder local que tenía un sexenio enquistado en el ayuntamiento con serios señalamientos de corrupción.

Esos síntomas deberían ser suficientes para convencer a Diego Sinhue Rodríguez Vallejo que no puede seguir gobernando como sus mentores , Juan Manuel Oliva y Miguel Márquez. A su alcance  está imaginar una nueva forma de ejercer el poder desde la ideología de su partido, una filosofía humanista hace tiempo abandonada a costa del pragmatismo, el patrimonialismo y los negocios desde el poder.

Hoy hay quienes sueñan con que desde Guanajuato se de el resurgimiento del PAN. Sin embargo son juicios que no parten de un conocimiento de todos los matices de la nueva realidad, sino de una aplicación mecánica de criterios políticos que pudieron haber tenido vigencia en otros momentos, no en medio de la actual crisis.

Diego Sinhue tendrá que buscar un camino distinto, uno que lo lleve a concentrarse en los pendientes profundos de Guanajuato, como la desigualdad y las varias velocidades a las que se mueven sus regiones, en muchas de cuyas consecuencias se encuentran las causas de la inseguridad que ha estallado los últimos años.

Tiene encima también una inminente catástrofe ambiental donde se mezclan la crisis de recursos hídricos producto de la contaminación de la poca agua que hay y la inexistencia de reservas; la contaminación del aire producida por el crecimiento de la industria y el parque vehicular, sumados a viejos pendientes como los hornos ladrilleros; y los pasivos ambientales que significan los restos de la vieja industria petroquímica de Salamanca, la curtiduría en León y sus proveedores, principalmente los fabricantes de cromo de décadas pasadas.

La inestabilidad de los acuerdos internacionales y la presencia de guerras comerciales no vistas en décadas, convierten la apuesta por la atracción de manufacturas en un riesgo más que en una fortaleza.

La producción agrícola se ha convertido en una poderosa industria exportadora, pero en el camino ha abatido mantos freáticos y afectado el consumo de agua para las ciudades y comunidades rurales encareciendo hasta límites insospechados lo que no es ya solo un servicio, sino un derecho humano.

La cultura ha dejado de ser una de nuestras principales riquezas para convertirse en simple añadido a la promoción turística fin semanera.

Por otra parte, para enfrentar esos y muchos otros retos, como el educativo, hoy Diego Sinhue Rodríguez solo cuenta con reservas de funcionarios y cuadros públicos panistas que han envejecido, se han vuelto acomodaticios y caído en los vicios de la burocracia y la munificencia de los sueldos gubernamentales.

Resulta altamente contrastante que mientras los políticos se adornan con discursos obre las bondades de la innovación, donde menos se innove sea en la propia práctica del servicio público.

Ese es el panorama al que con todo realismo deberá enfrentarse el próximo gobierno de Guanajuato en cuanto se despeje el humo de los fuegos artificiales de estos días por el regocijo por haberse librado de la barredora que cruzo el país entre costas y fronteras.

Hoy se dice con singular alegría que Guanajuato es “el bastión del panismo en México”. Con un poco más de objetividad y visto que el panismo casi desaparece en el resto de la república, habría que precisar que nuestro estado es el “último reducto” de esa fuerza política, lo que no es, de ninguna manera, lo mismo y tampoco algo demasiado alentador.

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